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PRIMERA PARTE LA PROFESIÓN DE LA FE
SEGUNDA SECCIÓN: LA
PROFESIÓN DE LA FE CRISTIANA
CAPÍTULO SEGUNDO CREO
EN JESUCRISTO, HIJO ÚNICO DE DIOS
ARTÍCULO 4 “JESUCRISTO PADECIÓ BAJO EL PODER DE PONCIO
PILATO, FUE CRUCIFICADO, MUERTO Y SEPULTADO”
Párrafo 3 JESUCRISTO FUE SEPULTADO
624 "Por la gracia de Dios, gustó la muerte para bien de todos" (Hb
2, 9). En su designio de salvación, Dios dispuso que su Hijo no solamente
"muriese por nuestros pecados" (1 Co 15, 3) sino también que "gustase la
muerte", es decir, que conociera el estado de muerte, el estado de separación
entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que
Él expiró en la Cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto
es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del
Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba (cf. Jn 19, 42)
manifiesta el gran reposo sabático de Dios (cf. Hb 4, 4-9) después de
realizar (cf. Jn 19, 30) la salvación de los hombres, que establece en la
paz el universo entero (cf. Col 1, 18-20).
El cuerpo de Cristo en el sepulcro
625 La permanencia de Cristo en el sepulcro constituye el vínculo real
entre el estado pasible de Cristo antes de Pascua y su actual estado glorioso de
resucitado. Es la misma persona de "El que vive" que puede decir: "estuve
muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos" (Ap 1, 18):
«Y este es el misterio del plan providente de Dios sobre la Muerte y la
Resurrección de Hijos de entre los muerte: que
Dios no impidió a la muerte separar el alma del cuerpo, según el orden
necesario de la naturaleza, pero los reunió de nuevo, una con otro, por medio de
la Resurrección, a fin de ser Él mismo en persona el punto de encuentro de
la muerte y de la vida deteniendo en Él la descomposición de la naturaleza
que produce la muerte y resultando Él mismo el principio de reunión de las
partes separadas» (San Gregorio Niceno, Oratio catechetica, 16, 9: PG 45,
52).
626 Ya que el "Príncipe de la vida que fue llevado a la muerte" (Hch
3,15) es al mismo tiempo "el Viviente que ha resucitado" (Lc 24, 5-6),
era necesario que la persona divina del Hijo de Dios haya continuado asumiendo
su alma y su cuerpo separados entre sí por la muerte:
«Aunque Cristo en cuanto hombre se sometió a la muerte, y su alma santa fue
separada de su cuerpo inmaculado, sin embargo su divinidad no fue separada ni de
una ni de otro, esto es, ni del alma ni del cuerpo: y, por tanto, la persona única no se encontró dividida en dos personas.
Porque el
cuerpo y el alma de Cristo existieron por la misma razón desde el principio en
la persona del Verbo; y en la muerte, aunque separados el uno de la otra,
permanecieron cada cual con la misma y única persona del Verbo» (San Juan
Damasceno, De fide orthodoxa, 3, 27: PG 94, 1098A).
"No dejarás que tu santo vea la corrupción"
627 La muerte de Cristo fue una verdadera muerte en cuanto que puso fin a
su existencia humana terrena. Pero a causa de la unión que la persona del Hijo
conservó con su cuerpo, éste no fue un despojo mortal como los demás porque "no
era posible que la muerte lo dominase" (Hch 2, 24) y por eso "la virtud
divina preservó de la corrupción al cuerpo de Cristo" (Santo Tomás de Aquino,
S.th., 3, 51, 3, ad 2). De Cristo se puede decir a la vez: "Fue arrancado de la
tierra de los vivos" (Is 53, 8); y: "mi carne reposará en la esperanza de
que no abandonarás mi alma en la mansión de los muertos ni permitirás que tu santo experimente
la corrupción" (Hch 2,26-27; cf. Sal 16, 9-10). La Resurrección de
Jesús "al tercer día" (1Co 15, 4; Lc 24, 46; cf. Mt 12, 40;
Jon 2, 1; Os 6, 2) era el signo de ello, también porque se suponía
que la corrupción se manifestaba a partir del cuarto día (cf. Jn 11, 39).
"Sepultados con Cristo ... "
628 El Bautismo, cuyo signo original y pleno es la inmersión, significa
eficazmente la bajada del cristiano al sepulcro muriendo al pecado con Cristo
para una nueva vida: "Fuimos, pues, con él sepultados por el bautismo en la
muerte, a fin de que, al igual que Cristo fue resucitado de entre los muertos
por medio de la gloria del Padre, así también nosotros vivamos una vida nueva" (Rm
6,4; cf Col 2, 12; Ef 5, 26).
Resumen
629 Jesús gustó la muerte para bien de todos (cf. Hb 2, 9). Es
verdaderamente el Hijo de Dios hecho hombre que murió y fue sepultado.
630 Durante el tiempo que Cristo permaneció en el sepulcro su Persona
divina continuó asumiendo tanto su alma como su cuerpo, separados sin embargo
entre sí por causa de la muerte. Por eso el cuerpo muerto de Cristo "no conoció
la corrupción" (Hch 13,37).
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