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PAPA FRANCISCO

MISAS MATUTINAS EN LA CAPILLA
DE LA DOMUS SANCTAE MARTHAE

Como las galletas de la abuela

Viernes 14 de octubre de 2016

 

Fuente: L’Osservatore Romano, ed. sem. en lengua española, n. 42, viernes 21 de octubre de 2016

 

El cristiano no debe ser como las galletas de la abuela, popularmente llamadas «mentiras» precisamente porque son bonitas y grandes por fuera pero huecas y sin sustancia por dentro. Así, acerca de la hipocresía, con sus peores declinaciones, el Papa Francisco puso en guardia durante la misa celebrada el viernes 14 de octubre, por la mañana, en la capilla de la Casa Santa Marta. Y el Pontífice sugirió también las líneas para un examen de conciencia precisamente sobre el nivel de hipocresía de cada creyente.

Partiendo del pasaje evangélico de Lucas (12, 1-7) proclamado durante la liturgia, Francisco indicó inmediatamente «una palabra que el Señor dice a los discípulos: “levadura”». Escribe Lucas, remitiéndose a la enseñanza de Jesús: «Guardaos de la levadura de los fariseos». El Señor, afirmó el Papa, «habla de la levadura también en otras ocasiones, al explicar, por ejemplo, que el reino de los cielos es como la levadura que la mujer mezcla con la harina, forma la masa y fermenta: así es el reino de los cielos». Además, «el apóstol Pablo dice a los Corintios: “Purificaos de la levadura vieja, para ser masa nueva”».

En el pasaje propuesto por la liturgia «Jesús habla de una levadura que no construye el reino de los cielos, de una levadura que no es buena». Por lo tanto, hay dos tipos de levadura, una buena y la otra mala: «la levadura que hace crecer el reino de Dios y la levadura que sólo es apariencia en el reino de Dios». Por lo demás, «la levadura hace crecer, siempre; y hace crecer, cuando es buena, de modo consistente, sustancioso y llega a ser un buen pan, una buena masa: fermenta bien. Pero la levadura mala no hace fermentar bien».

Para explicar más eficazmente esta imagen, Francisco quiso compartir una confesión personal: «Recuerdo que para carnaval, cuando éramos niños, la abuela nos hacía galletas, y era una masa muy liviana, liviana, era liviana esa masa que hacía. Luego la ponía en el aceite y la masa se inflaba, se inflaba, y cuando la comíamos estaba hueca». Esas galletas en el dialecto se llamaban «mentiras». Y era precisamente la abuela quien nos explicaba la razón de ello: estas galletas «son como las mentiras: parecen grandes, pero no tienen nada dentro, no hay nada verdadero allí; no hay nada de sustancia».

Y Jesús nos alerta: «Guardaos de la levadura de los fariseos, que es la hipocresía». Por ello la invitación del Señor es tener mucho cuidado «con la levadura de los fariseos, que es la hipocresía».

Por lo demás, destacó Francisco, «muchas veces Jesús dice “hipócritas, hipócritas” a los fariseos, a los doctores de la ley». Por ejemplo, «basta leer el capítulo 23 de Mateo: una tras otra». Pero, en realidad, «¿qué es esta levadura mala, esta hipocresía?». Para responder el Papa tomó «algunos pasajes de la Biblia». Y es así que «el Señor se lamenta con el profeta: “Este pueblo me invoca con sus labios pero su corazón está lejos de mí”». Porque, explicó el Pontífice, «la hipocresía es una división interna, se dice una cosa y se hace otra: es una especie de esquizofrenia espiritual». Aún más, «el hipócrita es un simulador: parece bueno, cortés, pero detrás de sí tiene el puñal». Precisamente como Herodes, recordó Francisco, que, con miedo por dentro, «había recibido a los magos» con «amabilidad» y «luego, en el momento de la despedida, dice: “Id e indagad... y cuando lo encontréis comunicádmelo, para ir también yo a adorarle”». En cambio quería «matarlo».

«El hipócrita que tiene doble cara —insistió el Papa— es un simulador». Jesús mismo, «hablando de estos doctores de la ley», afirma que ellos «dicen y no hacen». Y esta «es otra forma de hipocresía, es un nominalismo existencial: los que creen que, diciendo las cosas, lo arreglan todo. No, las cosas hay que hacerlas, no sólo decirlas». En cambio «el hipócrita es un nominalista, cree que con decir las cosas ya se hace todo». Además «el hipócrita es incapaz de acusarse a sí mismo: jamás encuentra una mancha en sí mismo; acusa a los demás». Pensemos, sugirió Francisco, «en la paja y en la viga»: precisamente «así podemos describir esta levadura que es la hipocresía».

En esta perspectiva, «para comprender qué quiere decirnos Jesús» el Pontífice propuso los rasgos de un auténtico «examen de conciencia sobre nuestro modo de obrar en la vida, sobre nuestra levadura», de modo que «podamos ser más libres para seguir al Señor y decirnos siempre la verdad». Por ello es importante preguntarse: «¿Cómo crezco yo? ¿Crezco con la levadura vieja que no sirve para nada? ¿Crezco como los «crêpes» de mi abuela, vacío, sin sustancia, o crezco con la levadura nueva, la que construye el reino de los cielos, que hace crecer el reino de los cielos? ¿Cómo es mi levadura?». Es decir: «¿Con qué espíritu hago las cosas? ¿Con qué espíritu rezo? ¿Con qué espíritu me dirijo a los demás? ¿Con el espíritu que construye o con el espíritu que se convierte en aire?».

Francisco aconsejó también que nunca nos engañemos a nosotros mismos cuando digamos: «He hecho esto, he hecho aquello». E indicó más bien el ejemplo de los más pequeños: «¡Con cuánta verdad se confiesan los niños! Los niños jamás, jamás, jamás dicen una mentira, en la confesión, jamás dicen cosas abstractas: “He hecho esto, he hecho aquello”». Así, pues, explicó el Papa, los niños son «concretos, cuando están ante Dios y ante los demás dicen cosas concretas, porque tienen la levadura buena, la levadura que los hace crecer como crece el reino de los cielos». Así, el Pontífice concluyó su meditación pidiendo al Señor que «nos dé, a todos nosotros, el Espíritu Santo y la gracia de la lucidez para identificar cuál es la levadura con la cual yo crezco, cuál es la levadura con la cual yo obro», para estar siempre dispuestos a responder sinceramente a esta pregunta: «¿Soy una persona leal y transparente o soy un hipócrita?».

 



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