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PALABRAS DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II
AL FINAL DEL CONCIERTO OFRECIDO POR LA REPÚBLICA CHECA EN LA SALA PABLO VI

Domingo 22 de octubre de 2000

 

Ilustres señores; gentiles señoras:

Deseo expresaros mi cordial gratitud por este espléndido concierto, que me ha ofrecido la República Checa en el marco del gran jubileo. Nos ha permitido contemplar, con la ayuda del arte, el misterio de Cristo, fundamento de nuestra esperanza.

Saludo cordialmente ante todo al señor primer ministro y a las demás autoridades checas que, con su participación, confirman de manera significativa su voluntad de instaurar un clima de colaboración efectiva entre el Estado y la Iglesia en su país.

En esta ocasión deseo enviar un saludo deferente al presidente de la República Checa, Václav Havel.

Saludo asimismo a los señores cardenales y a los hermanos en el episcopado, que han querido intervenir en este espectáculo artístico y cultural, aumentando con su presencia la solemnidad del mismo. Por último, saludo a todos los que han intervenido, compartiendo la alegría de esta estupenda ejecución. En nombre de todos expreso gratitud y aprecio al maestro Aldo Ceccato, quien, con intenso y profundo sentimiento, ha interpretado y propuesto la grandiosa partitura del oratorio Cristo, de Franz Liszt.

Saludo a los solistas, a los profesores de la orquesta filarmónica de Brno y a los miembros del coro filarmónico checo de Brno. También deseo dar las gracias a los organizadores, que con su generoso esfuerzo han hecho posible esta manifestación.

La singular experiencia espiritual que hemos vivido esta tarde me induce a expresar el deseo de que la dignidad del arte y el patrimonio que nos han transmitido las generaciones pasadas introduzcan al hombre del nuevo milenio en la renovada contemplación de la verdad evangélica, única garantía para la construcción de una nueva civilización, fundada plenamente en el respeto de toda persona y de toda cultura.

A Cristo Jesús y a la Virgen María, Madre suya y Madre nuestra, les encomiendo estos deseos, invocando sobre todos vosotros la bendición celestial.

 



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