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DISCURSO DEL SANTO PADRE PABLO VI
A
UN GRUPO DE PEREGRINOS DE NIGERIA

Vienes 28 de junio de 1963

 

Nos es particularmente grato recibir a nuestro venerable hermano Godfrey Okoye, obispo de Port Harcourt, juntamente con este gran grupo de peregrinos de Nigeria.

Nos parece como si nos encontráramos otra vez con viejos amigos, pues recordaréis la visita que tuvimos el placer de haceros durante el verano del año pasado, a vuestro grande y atractivo país, por invitación de nuestro venerable hermano Sergio Pignedoli, nuestro delegado apostólico en el África Occidental y Central. Todavía conservamos en nuestra memoria y en nuestro corazón los lugares que entonces visitamos y las personas que conocimos. Evocamos aún la cortesía con que fuimos recibidos por las autoridades civiles y la amistad que nos fue ofrecida por el obispo y los misioneros de aquella tierra.

Tenemos siempre ante nuestra mente la visión de vuestras iglesias, vuestros hospitales y vuestras escuelas; pero, ante todo, en nuestro recuerdo permanece la bondad, la piedad, la afabilidad de nuestros queridos católicos de Nigeria. Nunca podremos olvidar, por ejemplo, la buena acogida que nos dio nuestro venerable hermano Heerey, arzobispo de Onitsha, y todo su excelente pueblo, que nos recibió en Enugus; y también la de otras diversas ciudades de Nigeria.

Por ello somos felices de ver hoy aquí un importante grupo de representantes del pueblo de Nigeria, y de poder ofreceros, y por medio de vosotros a todos los católicos de vuestra nación, nuestros afectuosos saludos.

Aprovechamos esta feliz ocasión para enviar la expresión de nuestros más sinceros buenos deseos para las Misiones católicas de Nigeria; y también para todas las de África. Con admiración y placer vemos el despertar de África a la madurez política y, consecuentemente, a la independencia y al progreso; y al paso que reconocemos el mérito de los que han ayudado a los pueblos africanos a emprender el camino de la civilización, alentamos la esperanza de que estos pueblos puedan, todos, ser capaces de gozar los derechos propios de las sociedades modernas civiles, y así paternalmente ayudados por aquellos países económica y culturalmente más desarrollados, puedan todos lograr la libertad y el orden público que corresponde a la dignidad humana.

Y estamos seguros que nuestros católicos en África demuestran ser el más leal, el más industrioso y el más virtuoso grupo de las respectivas comunidades.

Llevad nuestros buenos deseos a nuestros hermanos africanos y decidles que la Iglesia católica está orgullosa y feliz de nombrarles entre sus hijos; decidles que el Papa les estima y les ama; decidles que tenemos una gran esperanza por el futuro de los cristianos de África, y llevad a todos los católicos de Nigeria, a los obispos, a los sacerdotes, a los misioneros y a los seminaristas; a los hermanos, a los jóvenes, a los niños y a nuestro querido y venerado hermano el delegado apostólico nuestra paternal bendición apostólica.

 



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