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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
AL CARDENAL LUBOMYR HUSAR,
ARZOBISPO MAYOR DE KIEV-HALYC

 

Al señor cardenal
Lubomyr HUSAR
Arzobispo mayor de Kiev-Halyc


"Si alguno tiene sed, venga a mí, y beba el que crea en mí. Como dice la Escritura:  De su seno manarán ríos de agua viva" (Jn 7, 37-38). Estas palabras del Señor resuenan en mi corazón mientras pienso en la Iglesia greco-católica ucraniana, que se dispone a conmemorar los tristes acontecimientos que tuvieron lugar, al inicio de marzo de hace sesenta años, en la catedral de San Jorge en Lvov.

A pesar de que fueron perseguidos, oprimidos y privados de sus pastores por un aparato estatal ideológico e inhumano, los creyentes en Cristo de Ucrania permanecieron fieles a la herencia espiritual de Olga y Vladimiro, cuando el bautismo que habían recibido se manifestó, según las palabras del amado Juan Pablo II en la carta apostólica Euntes in mundum, como "elemento decisivo para aquel progreso civil y humano que tanta importancia reviste para la existencia y el desarrollo de cada nación y de cada Estado" (n. 5). Por desgracia, en aquellos tristes días de marzo de 1946 un grupo de eclesiásticos, reunidos en un seudosínodo que se arrogó el derecho de representar a la Iglesia, atentó gravemente contra la unidad eclesial. Después, se intensificó la violencia contra los que habían permanecido fieles a la unión con el Obispo de Roma, provocando ulteriores sufrimientos y obligando a la Iglesia a bajar de nuevo a las catacumbas. Pero, aun en medio de indecibles pruebas y padecimientos, la divina Providencia no permitió la desaparición de una comunidad que, a lo largo de los siglos, había sido considerada parte legítima y viva de la identidad del pueblo ucraniano. Así, la Iglesia greco-católica siguió dando su testimonio de la unidad, la santidad, la catolicidad y la apostolicidad de la Iglesia de Cristo.

El recuerdo de todo lo que sucedió hace sesenta años debe convertirse para la comunidad encomendada a la solicitud pastoral de la reorganizada jerarquía greco-católica en Ucrania en un estímulo a profundizar su íntimo y convencido vínculo con el Sucesor de Pedro. De aquella Iglesia, purificada por las persecuciones, han brotado ríos de agua viva no sólo para los católicos ucranianos, sino también para toda la Iglesia católica esparcida por el mundo.

En el paciente camino de la fe vivida día a día, en comunión con los sucesores de los Apóstoles, cuya unidad visible está garantizada por el Sucesor de Pedro, la comunidad católica ucraniana ha logrado conservar viva la sagrada tradición en su integridad. Para que este valioso patrimonio de la Paradosis mantenga toda su riqueza, es importante garantizar la presencia de los dos grandes filones de la única Tradición —el filón latino y el oriental—, ambos con la multiplicidad de manifestaciones históricas que Ucrania ha sabido expresar. La misión confiada a la Iglesia greco-católica en plena comunión con Pedro es doble:  su tarea consiste, por una parte, en mantener visible en la Iglesia católica la tradición oriental; por otra, en favorecer el encuentro de las tradiciones, testimoniando no sólo su compatibilidad, sino también su profunda unidad en la diversidad.

Venerado hermano, pido a Dios que este aniversario llegue a ser —como escribió el venerado Juan Pablo II en la carta apostólica con ocasión del cuarto centenario de la Unión de Brest— "súplica al Espíritu Paráclito, para que haga crecer todo lo que favorece la unidad y dé valentía y fortaleza a cuantos trabajan, de acuerdo con las orientaciones del decreto conciliar Unitatis redintegratio, en esta obra bendecida por Dios. Es súplica para obtener el amor fraterno, el perdón de las ofensas y de las injusticias padecidas en la historia" (n. 11).

Me uno espiritualmente a la acción de gracias que se celebra con la certeza compartida de la misión común de obedecer al mandato de Cristo:  Ut unum sint. Invoco a María, la Theotokos, y a los numerosos mártires que adornan el rostro de vuestras comunidades, y de corazón le imparto a usted, a los obispos, a los sacerdotes, a los consagrados y a los fieles de la Iglesia greco-católica ucraniana, como signo de mi constante afecto y recuerdo, una especial bendición apostólica.

Vaticano, 22 de febrero de 2006, fiesta de la Cátedra de San Pedro Apóstol.

 

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

 

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