 |
CARTA
DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI AL CARDENAL FIORENZO ANGELINI
CON OCASIÓN DEL 50 ANIVERSARIO DE SU ORDENACIÓN EPISCOPAL
Al venerado hermano
Señor cardenal
FIORENZO ANGELINI
El 29 del corriente mes de julio usted, señor cardenal, celebrará el 50°
aniversario de su ordenación episcopal, acaecida en la iglesia de San Ignacio en
Roma, ciudad en la que nació el 1 de agosto de 1916. Esto significa que, tres
días después, usted festejará también su 90° cumpleaños. En esta feliz
circunstancia me alegra enviarle mi más cordial felicitación y expresarle mis
mejores deseos, asegurándole un recuerdo especial en la oración y uniéndome a su
acción de gracias al Señor por los numerosos dones con que ha querido enriquecer
su vida y su ministerio, para la edificación de la Iglesia en Roma, en Italia y
en el mundo. En este contexto de alabanza agradecida me complace recordar,
aunque sea brevemente, cuanto la divina Providencia le ha concedido realizar
durante estos cincuenta años.
Cuando el Santo Padre Pío XII, de venerada memoria, lo eligió obispo titular de
Messene, usted desempeñaba, desde hacía diez años, el cargo de consiliario
central de la Unión de hombres de la Acción católica y, solamente desde hacía
algunos meses, el de delegado para los hospitales y los centros de asistencia de
la diócesis de Roma. La dignidad episcopal añadió ulterior vigor al celo por el
que usted ya se había distinguido y cuyo testimonio es, particularmente, la
realización de la iglesia de San León Magno en el barrio Prenestino y el Centro
Pío XII para un mundo mejor en la via dei Laghi. Desde la ordenación episcopal,
usted se dedicó plenamente a la pastoral sanitaria, haciendo posible su
organización a nivel diocesano, con resultados positivos en Italia y también en
el extranjero.
El beato Juan XXIII lo nombró consiliario nacional de los médicos católicos
italianos, asociación que usted mismo había animado y que llegó a ser muy
floreciente, hasta el punto de promover la Federación internacional de
asociaciones de médicos católicos. A esa acción formativa en el sector de los
médicos se sumó la de apoyo a la pastoral de los capellanes de hospitales y
luego el compromiso de impulsar la investigación científica en el campo médico,
teniendo siempre como objetivo central la promoción y la tutela de la persona
humana.
También con el amado Papa Juan Pablo II usted se encontró en perfecta sintonía
de propósitos, comprometiéndose en una colaboración que desembocó en la
institución del Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios,
cuya presidencia le encomendó el Pontífice. Bajo su guía ese dicasterio fomentó
en las Iglesias particulares esparcidas por el mundo la atención privilegiada a
los enfermos que, a la luz de las enseñanzas evangélicas, el cristiano no puede
por menos de compartir. En este contexto también organizó en el Vaticano una
serie de conferencias internacionales anuales sobre temas de gran relevancia en
el campo sanitario; de igual modo se encargó de la publicación del primer censo
de las instituciones sanitarias católicas del mundo, así como de la elaboración
y publicación de la primera "Carta de los agentes sanitarios". Además, durante
su presidencia se instituyó la Jornada mundial del enfermo y se proyectó la
Academia pontificia para la vida.
Su firme convicción de que la defensa de la vida y la atención pastoral al
sufrimiento humano superan las barreras ideológicas le sugirió también, venerado
hermano, realizar visitas y participar en congresos en varias naciones, en
situaciones políticas diversas y difíciles, para llevar por doquier el anuncio
de los valores humanos y cristianos fundamentales e invitar a todos a aunar
esfuerzos al servicio de las personas que sufren. Reconociendo un compromiso tan
generoso en un sector de fundamental importancia, el Papa Juan Pablo II lo creó
cardenal en el Consistorio del 28 de junio de 1991.
Confortado por este nuevo signo de la benevolencia pontificia, durante los años
más recientes, en continuidad ideal con una vida gastada al servicio del hombre,
especialmente de los que sufren, usted fundó el Instituto internacional de
investigación sobre el Rostro de Cristo, en colaboración con la Congregación
benedictina de las Hermanas Reparadoras de la Santa Faz de nuestro Señor
Jesucristo, promoviendo la celebración anual de congresos internacionales, que
este año han celebrado la décima edición. Gracias a esa congregación religiosa,
según el deseo formalmente expresado por su fundador, el siervo de Dios abad
Ildebrando Gregori, usted manifiesta aún hoy su solicitud pastoral mediante
nuevas iniciativas, premiadas con valiosas vocaciones a la vida consagrada, y
mediante obras de asistencia sociosanitaria y escolar en Polonia, Rumanía, India
y República democrática del Congo.
Narrar las obras de Dios significa alabarlo. Por eso, señor cardenal, he querido
recordar el intenso trabajo que usted ha realizado y sigue realizando en la viña
del Señor, para darle gracias a él y, al mismo tiempo, reconocer el mérito de
quien ha sabido ser instrumento dócil, sabio y celoso de su divina iniciativa.
Sé que interpreto fielmente las intenciones de su corazón, venerado hermano,
dirigiendo toda expresión de gratitud a la Virgen santísima, a quien usted ha
reconocido siempre como inspiración y apoyo de su ministerio desde los años del
seminario romano, donde aprendió a dirigirse a ella con la hermosa invocación:
"Mater mea, fiducia mea". Que la intercesión de la Virgen siga
obteniéndole abundantes dones celestes, en prenda de los cuales le imparto con
afecto una especial bendición apostólica, que extiendo de buen grado a las
Hermanas Reparadoras de la Santa Faz de nuestro Señor Jesucristo y a todos sus
seres queridos.
Vaticano, 6 de julio de 2006
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana
|