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CARTA DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI
AL PRESIDENTE DE LA REPÚBLICA DE COREA,
ROH MOO-HYUN*
A su excelencia
Señor Roh Moo-hyun
Presidente de la República de Corea
Me complace dar la bienvenida al Vaticano a su excelencia y le agradezco su
visita, que sirve para fortalecer las buenas relaciones que existen entre su
país y la Santa Sede. Su presencia aquí es también un claro signo de su estima
por la Iglesia católica. Le ruego que transmita mi saludo afectuoso al pueblo de
Corea, y le asegure mis oraciones por la paz y la estabilidad en la península
coreana y en toda la región.
Durante más de cincuenta años el pueblo coreano ha sufrido las consecuencias de
la división. Muchas familias han estado divididas, los parientes cercanos han
estado separados unos de otros. Comuníqueles, por favor, que estoy
espiritualmente cerca de ellos en sus sufrimientos. Por razones de compasión,
ruego a Dios por una rápida solución del problema que impide a tantos
comunicarse unos con otros.
Lamentablemente, el mundo moderno está marcado por un creciente número de
amenazas contra la dignidad de la vida humana. Por eso, deseo elogiar a todos
los que trabajan en su país para sostener y defender la santidad de la vida, el
matrimonio y la familia, ámbitos en los que, como usted sabe, la Iglesia
católica en Corea es particularmente activa. El riesgo de una carrera de
armamentos nucleares en la región es también una fuente de preocupación,
compartida plenamente por la Santa Sede. Exhorto a todas las partes implicadas a
hacer todo lo posible para resolver las tensiones actuales con medios pacíficos
y a abstenerse de cualquier gesto o iniciativa que pueda poner en peligro las
negociaciones, garantizando que la parte más vulnerable de la población de Corea
del Norte tenga acceso a la ayuda humanitaria.
Señor presidente, su país ha experimentado un notable crecimiento económico en
los últimos tiempos, por lo cual doy gracias a Dios. Al mismo tiempo, soy
consciente de que en la actualidad no todos los ciudadanos pueden beneficiarse
plenamente de esta mayor prosperidad. Por eso, exhorto a su Gobierno a trabajar
en armonía con todos los que procuran promover el bien común y la justicia
social.
Mientras tanto, pido a san Andrés Kim Taegon y a los mártires coreanos que
protejan a los ciudadanos de su amada nación, y le aseguro mis oraciones y mis
mejores deseos para todo el pueblo de Corea.
Vaticano, 15 de febrero de 2007
*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.8 p.6.
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
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