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MENSAJE DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
AL CARDENAL JEAN-PIERRE RICARD,
ARZOBISPO DE BURDEOS
Al señor cardenal
JEAN-PIERRE RICARD
Arzobispo de Burdeos
Presidente de la Conferencia episcopal de Francia
El 1 de agosto de 2007 se celebrará el centésimo aniversario de la inauguración,
en la isla de Brownsea (Inglaterra), del primer campo scout organizado por lord
Baden-Powel. En esa ocasión, todas las personas, jóvenes y adultos que, en el
mundo, pronunciaron un día la promesa scout, estarán invitadas, individualmente
o en grupo, a renovarla y a realizar un gesto en favor de la paz, poniendo así
de relieve que la vocación de "constructores de paz" está unida al ideal scout.
Desde hace un siglo, mediante el juego, la acción, la aventura,
el contacto con la naturaleza, la vida de equipo y el servicio a los demás, se
ofrece una formación integral de la persona humana a todos los que se incorporan
al escultismo. Fecundado por el Evangelio, el escultismo no sólo es un lugar de
crecimiento humano verdadero, sino también el lugar de una fuerte propuesta
cristiana y de una verdadera maduración espiritual y moral, así como de un
auténtico camino de santidad. Como subrayaba el padre Jacques Sevin, s.j.,
fundador del escultismo católico, será oportuno recordar que "la santidad no
pertenece a ninguna época ni a ningún uniforme particular".
El sentido de responsabilidad que despierta la pedagogía scout conduce a una
vida en la caridad y al deseo de ponerse al servicio del prójimo, a imagen de
Cristo servidor, apoyándose en la gracia que Cristo da, especialmente a través
de los sacramentos de la Eucaristía y del Perdón.
Con todas las personas que, en su país, se han beneficiado de una estructura
scout, en los Scouts y los Guías de Francia, en los Scouts y Guías de Europa, o
incluso en los Scouts y los Guías unitarios de Francia, me alegra que, desde el
llamamiento hecho en 1997 por mi predecesor a una mayor unidad en el escultismo
católico, puedan realizarse colaboraciones, respetando las sensibilidades de
cada movimiento, con vistas a una mayor unidad en el seno de la Iglesia. En
efecto, los cuadros del escultismo deben recordar que, ante todo, tienen que
despertar y formar la personalidad de los jóvenes que las familias les
encomiendan, educándolos en el encuentro con Cristo y en la vida en la Iglesia.
También es importante que se manifieste y desarrolle, entre los scouts y entre
los diferentes movimientos, la "fraternidad scout", que forma parte de su ideal
inicial y constituye, sobre todo para las generaciones jóvenes, un testimonio de
lo que es el Cuerpo de Cristo, en el que, según la imagen de san Pablo,
todos están llamados a cumplir una misión, en el lugar que les corresponde, a
alegrarse de los progresos de los demás y a sostener a sus hermanos en la prueba
(cf. 1 Co 12, 12-26).
Doy gracias al Señor por todos los frutos que ha dado el escultismo a lo largo
de este siglo. Con toda la Iglesia, confío en los diferentes movimientos, Scouts
de Francia, Scouts y Guías de Europa, Scouts y Guías unitarios de Francia, para
proseguir el camino, con un apoyo cada vez más fuerte entre los movimientos, y
para proponer a los muchachos y a las muchachas de hoy una pedagogía que forme
en ellos una personalidad fuerte, fundada en Cristo y deseosa de vivir ideales
elevados de fe y de solidaridad humana.
Desde este punto de vista, la promesa y la oración scout constituyen una base y
un ideal por desarrollar durante toda la existencia. Es lo que recordaba ya lord
Baden-Powel: "Sed siempre fieles a vuestra promesa scout, incluso cuando hayáis
dejado de ser niños. ¡Que Dios os ayude a conseguirlo!". Cuando el hombre se
esfuerza por ser fiel a sus promesas, el Señor mismo sostiene sus pasos.
A los scouts y guías que componen los tres movimientos, a los jóvenes, a los
adultos y a los capellanes que los acompañan, a las familias, a los antiguos
scouts y guías, así como a usted y a todos los pastores de la Iglesia en
Francia, les imparto de todo corazón la bendición apostólica.
Vaticano, 22 de junio de 2007
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