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MENSAJE DEL SANTO PADRE
BENEDICTO XVI CON MOTIVO DE LAS CELEBRACIONES DEL IV CENTENARIO DE LA
MUERTE DE SANTO TORIBIO DE MOGROVEJO
Amados hermanos en el Episcopado:
Con motivo de las celebraciones del IV centenario de la muerte de santo Toribio
de Mogrovejo, segundo Arzobispo de Lima, deseo hacer llegar un saludo muy
cordial al Señor Cardenal Juan Luis Cipriani Thorne, así como a los numerosos
Arzobispos y Obispos que se han congregado para dar gracias a Dios por esta
figura sobresaliente de Pastor. Saludo también con afecto a los sacerdotes,
personas consagradas y demás pueblo fiel, que se unen al gozo de la Iglesia por
el don que Dios le ha hecho con un Santo tan admirable, al que pueden invocar
como intercesor y en el que tienen un modelo de vida también para nuestros días.
Deseo igualmente exhortar a todos a considerar esta efeméride como una ocasión
providencial para reavivar el camino de la Iglesia en las diversas diócesis,
inspirándose en la vida y obra de santo Toribio. Él, en efecto, se distinguió
por su abnegada entrega a la edificación y consolidación de las comunidades
eclesiales de su época. Lo hizo con gran espíritu de comunión y colaboración,
buscando siempre la unidad, como demostró al convocar el III Concilio
provincial de Lima (1582-1583), que dejó un precioso acervo de doctrina y de
normas pastorales. Uno de sus frutos más preciados fue el llamado Catecismo
de Santo Toribio, que se demostró un instrumento extraordinariamente eficaz
para instruir en la fe a millones de personas durante siglos, y hacerlo de
manera sólida y acorde con la doctrina auténtica de la Iglesia, uniendo así
desde lo más hondo, por encima de cualquier diferencia, a cuantos se identifican
por tener "un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo" (Ef 4, 5).
Consciente de que la vitalidad de la Iglesia depende en gran parte del
ministerio de los sacerdotes, el santo Arzobispo fundó el Seminario conciliar
de Lima, que funciona hasta el día de hoy. Es de esperar que siga dando
abundantes frutos, precisamente en unos momentos en que urge promover las
vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, para abordar la ingente tarea
de construir comunidades cristianas que se reúnan con gozo en la celebración
dominical, frecuenten los sacramentos, fomenten la vida espiritual, transmitan y
cultiven con premura la fe, den testimonio de firme esperanza y practiquen
siempre la caridad.
El profundo espíritu misionero de santo Toribio se pone de manifiesto en algunos
detalles significativos, como su esfuerzo por aprender diversas lenguas, con el
fin de predicar personalmente a todos los que estaban encomendados a sus
cuidados pastorales. Pero era también una muestra del respeto por la dignidad de
toda persona humana, cualquiera que fuere su condición, en la que trataba de
suscitar siempre la dicha de sentirse verdadero hijo de Dios.
En esta circunstancia, invoco la intercesión maternal de la Santísima Virgen
María, para que proteja al Pueblo de Dios que camina por tierras
Latinoamericanas y lo guíe hacia la alegría de vivir plena y coherentemente la
fe en Cristo. Con estos sentimientos, les imparto complacido la Bendición
Apostólica, con una atención especial por la Iglesia en el Perú y, en
particular, por la Arquidiócesis de Lima.
Vaticano, 23 de marzo, fiesta de Santo Toribio de Mogrovejo, año del Señor 2006.
BENEDICTUS PP. XVI
© Copyright 2006 - Libreria
Editrice Vaticana
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