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ALOCUCIÓN DEL PAPA BENEDICTO XVI
A LOS OBREROS QUE REESTRUCTURARON
EL APARTAMENTO PONTIFICIO


Viernes 23 de diciembre de 2005

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Queridos colaboradores y colaboradoras: 

Lamentablemente, los numerosos compromisos de estos días no me han permitido preparar un discurso digno del trabajo que habéis realizado. Os pido disculpas. Voy a hablar improvisando, pero las palabras brotan realmente del corazón.

No tengo mucho que decir. Sólo una palabra. Pero esta palabra, que os digo con toda mi convicción, es un "¡Gracias!", que brota de lo más hondo de mi corazón. En menos de tres meses habéis llevado a cabo un trabajo inmenso, reestructurando mi apartamento. Estoy convencido —porque en Alemania hice construir una casita para mí— de que en otras partes estos trabajos habrían durado al menos un año o probablemente más.

He visto cómo y con qué empeño habéis trabajado, con qué competencia, y con un tipo de colaboración entre los diversos  servicios técnicos involucrados en esa obra, que no puedo menos de admirar y que, para mí, es testimonio de un deseo interior de trabajar bien y de servir a la Santa Sede y al Sucesor de Pedro.

Habéis dado realmente ejemplo de un trabajo responsable. No puedo menos de admirar las cosas que habéis hecho, como estos hermosos pavimentos. Me agrada, en particular, mi nueva biblioteca, con el techo antiguo. Ahora que han llegado las estanterías con mis libros, para mí es como si estuviera rodeado de amigos. Y luego el despacho médico, y todas las demás cosas que ahora no puedo enumerar. Pero, aunque tengo poca competencia en esta materia, he visto que en estos tres meses habéis trabajado, casi de día y de noche, con un empeño increíble. Os aseguro mi profunda gratitud y mi oración.

Me ha venido a la mente que en el Nuevo Testamento para indicar la profesión de nuestro Señor Jesús antes de su misión pública se usa la palabra "tecton", que de ordinario se traduce por "carpintero", porque las casas de entonces eran casi todas de madera. Pero, más que "carpintero" es un "artesano", que debe saber hacer todo lo que resulta necesario para la construcción de una casa. Así, en este sentido, sois "compañeros" de nuestro Señor; habéis realizado lo que él hizo voluntariamente, según su opción, antes de anunciar al mundo su gran misión.

El Señor quiso mostrar así la nobleza de este trabajo. En el mundo griego sólo el trabajo intelectual se consideraba digno de un hombre libre. El trabajo manual se reservaba a los esclavos. Es totalmente diversa la religión bíblica. Aquí, el Creador —que según una hermosa imagen hizo al hombre con sus manos— se presenta precisamente como ejemplo del hombre que trabaja con sus manos y, al obrar así, trabaja con el cerebro y con el corazón. El hombre imita al Creador para que este mundo, que él nos dio, sea habitable. Esto nos lo manifiesta la narración bíblica ya desde el inicio. Pero, la nobleza y la grandeza de este trabajo se manifiesta de un modo fuerte por el hecho de que Jesús era "tecton", "artesano", "trabajador".

Ahora, al acercarse la fiesta de la Navidad,  es  el momento de decir "gracias" por todo esto, por vuestro trabajo, que me  estimula —como vosotros habéis dado todo— a dar yo también, en esta hora tardía de mi vida, todo lo que puedo dar.
Saludos a vuestros seres queridos. A todos os imparto de corazón mi bendición apostólica.

 

© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana

 

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