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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
AL SEÑOR ANTONIO GANADO
EMBAJADOR DE MALTA ANTE LA SANTA SEDE*


Jueves 16 de junio de 2005

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Señor embajador: 

Me alegra acogerlo en esta etapa de inicio de mi servicio a la Iglesia en la cátedra de Pedro:  ¡sea bienvenido! Usted me presenta hoy las cartas con las que el presidente de la República de Malta lo acredita como embajador extraordinario y plenipotenciario ante la Santa Sede.

Al acogerlo, expreso mi saludo lleno de gratitud al señor presidente de la República por las amables palabras que, a través de usted, me ha dirigido y que testimonian cuán sólido es el vínculo que, desde los tiempos de san Pablo apóstol, une a la comunidad de Malta con la Iglesia de Roma. Señor embajador, le ruego que transmita al señor presidente y a su familia la expresión de mis sentimientos de amistad y de cercanía espiritual, juntamente con mis mejores deseos para toda la nación.

Me siento cercano al pueblo maltés, que a lo largo de los siglos ha manifestado siempre una singular y sincera adhesión al Sucesor de Pedro, Obispo de Roma y Pastor de la Iglesia universal. Conozco bien la fidelidad al Evangelio y a la Iglesia que distingue, señor embajador, a los cristianos del país que usted representa aquí. Coherentes con sus raíces cristianas, perciben la importancia de su misión también en esta delicada fase de la historia europea y mundial. El pueblo maltés sabe que es parte integrante del gran espacio llamado Europa y, manteniéndose en sintonía con las nobles tradiciones espirituales y culturales que lo han caracterizado siempre a lo largo de los siglos, quiere trabajar para que la comunidad europea del tercer milenio no pierda el patrimonio de valores culturales y religiosos de su pasado. En efecto, sólo con estas condiciones se podrá construir con sólida esperanza un futuro de solidaridad y paz.

Dar vida a una Europa unida y solidaria es compromiso de todos los pueblos que la componen. En efecto, Europa debe saber conjugar los intereses legítimos de cada nación con las exigencias del bien común de todo el continente. Le agradezco, señor embajador, por expresar la renovada voluntad de su país de ser protagonista en esta nueva fase histórica del continente, contribuyendo a consolidar su capacidad de diálogo, de defensa y de promoción de la familia fundada en el matrimonio, las tradiciones cristianas, la apertura y el encuentro con culturas y religiones diversas.

Señor embajador, estas son algunas de las reflexiones que surgen espontáneamente en mi espíritu durante este primer encuentro nuestro. Le aseguro la plena y sincera disponibilidad de parte de mis colaboradores a mantener con usted un diálogo constructivo con vistas al mejor cumplimiento de la alta misión que se le ha confiado.

Por último, permítame renovar la expresión de mi alta estima hacia los ciudadanos de Malta, un país amado por mis venerados predecesores al igual que por mí. Le expreso de corazón mis mejores deseos de bienestar para toda la población, que acompaño con una especial bendición apostólica, avalada por la oración por usted, por las autoridades, por sus seres queridos y por todos los ciudadanos de su ilustre nación.


*L'Osservatore Romano. Edición semanal en lengua española n.26 p. 11.

 

© Copyright 2005 - Libreria Editrice Vaticana

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