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DISCURSO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A LA COMUNIDAD DEL ALMO COLEGIO CAPRÁNICA


Viernes 20 de enero de 2006

 

Señor cardenal;
venerados hermanos en el episcopado y en el presbiterado;
queridos alumnos del Almo Colegio Capránica:

Me alegra acogeros en esta audiencia especial, en la víspera de la memoria litúrgica de santa Inés, vuestra patrona celestial. Me encuentro con vosotros por primera vez después de mi elección a la cátedra del apóstol san Pedro, y de buen grado aprovecho la ocasión para dirigiros a todos un cordial saludo. Deseo saludar en primer lugar al cardenal Camillo Ruini y a los demás prelados, que componen la comisión episcopal encargada de vuestro colegio; saludo al rector, monseñor Ermenegildo Manicardi, y a los demás formadores; os saludo a vosotros, queridos jóvenes, que os preparáis para desempeñar el ministerio sacerdotal. Os encontráis en un período muy importante de la vida, el de vuestra formación, un tiempo propicio para crecer humana, cultural y espiritualmente.

Queridos jóvenes, en la organización del Colegio todo os ayuda a prepararos bien para vuestra futura misión pastoral: la oración, el recogimiento, el estudio, la vida comunitaria y el apoyo de los formadores. Podéis beneficiaros del hecho de que vuestro seminario, rico en historia, está insertado en la vida de la diócesis de Roma, y la comunidad del Capránica ha tenido siempre el compromiso y se ha sentido orgullosa de cultivar un fuerte vínculo de fidelidad al Obispo de Roma.

La posibilidad de cursar los estudios teológicos en la ciudad de Roma os brinda también una singular oportunidad de crecimiento y de apertura a las exigencias de la Iglesia universal. Durante estos años, debéis esforzaros por aprovechar todas las ocasiones para testimoniar eficazmente el Evangelio en medio de los hombres de nuestro tiempo.

Para responder a las expectativas de la sociedad moderna y para cooperar en la vasta acción evangelizadora que implica a todos los cristianos, hacen falta sacerdotes preparados y valientes que, sin ambiciones ni temores, sino convencidos de la verdad evangélica, se preocupen ante todo de anunciar a Cristo y, en su nombre, estén dispuestos a ayudar a las personas que sufren, haciendo experimentar el consuelo del amor de Dios y la cercanía de la familia eclesial a todos, especialmente a los pobres y a cuantos se encuentran en dificultades.

Como sabéis bien, esto exige no sólo una maduración humana y una adhesión diligente a la verdad revelada, que el magisterio de la Iglesia propone fielmente, sino también un serio compromiso de santificación personal y de ejercicio de las virtudes, especialmente de la humildad y la caridad; también es necesario alimentar la comunión con los diversos miembros del pueblo de Dios, para que crezca en cada uno la conciencia de que forma parte del único Cuerpo de Cristo, en el que unos somos miembros de los otros (cf. Rm 12, 4-6).

Para que todo esto pueda realizarse, os invito, queridos amigos, a mantener la mirada fija en Cristo, autor y perfeccionador de la fe (cf. Hb 12, 2). En efecto, cuanto más permanezcáis en comunión con él, tanto más podréis seguir fielmente sus pasos, de modo que, "revestidos del amor, que es el vínculo de la perfección" (Col 3, 14), madure vuestro amor al Señor, bajo la guía del Espíritu Santo. Tenéis ante vuestros ojos el testimonio de sacerdotes celosos, que a lo largo de los años vuestro "Almo" Colegio ha contado entre sus alumnos, sacerdotes que han difundido tesoros de ciencia y de bondad en la viña del Señor. Seguid su ejemplo.

Queridos amigos, el Papa os acompaña con la oración, pidiendo al Señor que os fortalezca y os colme de abundantes dones. Que interceda por vosotros santa Inés, la cual, muy joven, resistiendo a lisonjas y amenazas, eligió como su tesoro la "perla" preciosa del Reino y amó a Cristo hasta el martirio. La Virgen María os conceda que deis abundantes frutos de obras buenas, para alabanza del Señor y bien de la santa Iglesia. En prenda de estos deseos, os imparto con afecto a vosotros y a toda la comunidad del Capránica la bendición apostólica, que de buen grado extiendo a vuestros seres queridos.

© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana

 

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