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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS
PARTICIPANTES EN LA IV JORNADA EUROPEA DE LOS UNIVERSITARIOS DURANTE UNA
VIGILIA MARIANA
Sábado 11 de marzo de 2006
Queridos jóvenes universitarios:
Al final del rezo del santo rosario, con gran alegría os dirijo mi cordial
saludo a todos vosotros, reunidos aquí, en el Vaticano, y simultáneamente en
Madrid, Nairobi, Owerri, Abiyán, Dublín, Salamanca, Munich, Friburgo, San
Petersburgo y Sofía, así como en Antananarivo y Bonn. Saludo y doy las gracias,
además, a los venerados pastores que están con vosotros y guían vuestra oración
en conexión con nosotros. Este es un hermoso signo de comunión de la Iglesia
católica. También doy las gracias al coro y a la orquesta, así como a los varios
organismos que han colaborado en este acontecimiento: el Centro televisivo
vaticano, Radio Vaticano, Telespacio, los Ministerios de Asuntos exteriores y de
la Universidad, la provincia y el ayuntamiento de Roma.
Esta vigilia mariana, tan apreciada por el Papa Juan Pablo II, construye puentes
de fraternidad entre los jóvenes universitarios de Europa, y esta tarde los
prolonga hacia el gran continente africano, para que crezca la comunión entre
las nuevas generaciones y se difunda la civilización del amor. Por eso, a los
amigos que están en conexión con nosotros desde África deseo enviarles un abrazo
particularmente afectuoso, que quisiera extender a todas las queridas
poblaciones africanas.
¡Queridos jóvenes universitarios reunidos en Madrid y Salamanca! Que la Virgen
María os ayude a dar testimonio del amor de Dios entre vuestros amigos y
compañeros.
Queridos amigos reunidos en Nairobi, Owerri y Dublín, que María, Sede de la
Sabiduría, os enseñe a integrar siempre verdad y amor en vuestros estudios y en
vuestra vida.
Queridos jóvenes en Munich y Bonn, recibid siempre el amor divino del Corazón de
Cristo y manifestadlo con obras concretas de servicio a vuestros hermanos y
hermanas. Para ello os acompañe y ayude la Virgen María.
Queridos estudiantes de Friburgo y Abiyán, bajo la guía materna de María seguid
siempre a Jesús por el camino del amor, haciendo de vuestra vida un don
generoso.
Queridos amigos de San Petersburgo, que la santa Madre de Dios acompañe vuestro
itinerario de formación, para que podáis emprender la actividad profesional
animados por el amor cristiano.
Queridos jóvenes de Sofía, Dios es amor: que esta verdad fundamental de la fe
cristiana ilumine siempre vuestro estudio y toda vuestra vida.
Queridos amigos, a continuación entregaré mi encíclica
Deus caritas est a
algunos de vuestros representantes. De este modo pretendo entregarla
simbólicamente a todos los universitarios de Europa y África, con el deseo de
que la verdad fundamental de la fe cristiana —Dios es amor— ilumine el camino de
cada uno de vosotros y se irradie a través de vuestro testimonio a vuestros
compañeros de estudio. Esta verdad sobre el amor de Dios, origen, sentido y fin
del universo y de la historia, fue revelada por Jesucristo con sus palabras y su
vida, especialmente en su Pascua de muerte y resurrección. Ella es el fundamento
de la sabiduría cristiana que, como levadura, es capaz de hacer fermentar toda
cultura humana, para que manifieste lo mejor de sí y coopere en el crecimiento
de un mundo más justo y pacífico.
Queridos universitarios, al entregaros la encíclica, os propongo también mi
Mensaje para la XXI Jornada mundial de la juventud, que celebraremos el próximo
domingo de Ramos. Dediqué este Mensaje a la importancia de la palabra de Dios, y
por eso tomé su título del versículo del salmo 118, que dice: "Lámpara es tu
palabra para mis pasos, luz en mi sendero". Como preparación para la jornada de
Ramos, os invito a la tradicional cita con todos los jóvenes, que tendrá lugar
la tarde del jueves 6 de abril, en la plaza de San Pedro. Acogeremos la cruz
peregrina proveniente de Colonia y recordaremos con corazón agradecido, un año
después de su muerte, a mi gran predecesor Juan Pablo II.
María, Sede de la Sabiduría, os obtenga en esta Cuaresma una profunda renovación
espiritual, para que podáis vivir y ofrecer siempre vuestro estudio para gloria
de Dios. Con este fin, os aseguro que seguiré recordándoos en mis oraciones, a
la vez que os bendigo de corazón a vosotros y a vuestros familiares.
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana
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