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DISCURSO DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI A LOS NUEVOS
CARDENALES, ACOMPAÑADOS DE SUS FAMILIARES Y AMIGOS
Lunes 27 de marzo
de 2006
Señores cardenales; queridos hermanos en el episcopado y en el presbiterado;
queridos amigos:
Después de la solemne celebración del consistorio, que nos ofreció la
posibilidad de vivir momentos de oración y de intensa fraternidad, me alegra
reunirme con vosotros también hoy. Con corazón agradecido al Señor por este
feliz acontecimiento, le pedimos que sostenga a los nuevos cardenales y los
proteja en la realización de los diversos ministerios que desempeñan en la
Iglesia. A Jesús, buen Pastor, en particular, le pedimos que siga acompañándolos
con su gracia. A todos vosotros aquí presentes, familiares y fieles que habéis
venido para compartir con los nuevos cardenales estos días de fiesta, os dirijo
mi más cordial saludo.
Os saludo ante todo a vosotros, venerados cardenales italianos. Lo saludo a
usted, señor cardenal Agostino Vallini, prefecto del Tribunal supremo de la
Signatura apostólica; lo saludo a usted, señor cardenal Carlo Caffarra,
arzobispo de Bolonia; lo saludo a usted, señor cardenal Andrea Cordero Lanza di
Montezemolo, arcipreste de la basílica de San Pablo extramuros. Venerados
hermanos, os encontráis hoy rodeados por numerosas personas queridas, cuya
presencia, además de ser signo de amistad y afecto, es también una manifestación
visible de la fecunda comunión de bien que anima a la Iglesia. Que el Señor haga
de cada uno de vosotros un testigo cada vez más generoso de su amor.
Saludo cordialmente al nuevo cardenal Albert Vanhoye, así como a sus hermanos
jesuitas, a sus familiares y a todos los peregrinos de lengua francesa que han
venido con ocasión del consistorio, en el que también he creado cardenal a
monseñor Jean-Pierre Ricard, arzobispo de Burdeos y apreciado presidente de la
Conferencia episcopal de Francia. Doy gracias por el fecundo trabajo exegético
del cardenal Vanhoye, que se ha dedicado a estudiar la palabra de Dios y a
transmitir con paciencia su saber a numerosas generaciones de jóvenes, dándoles
así los medios para vivir del Evangelio y ser sus testigos. Ojalá que todos
dediquéis regularmente tiempo a alimentaros de la Escritura.
Dirijo un cordial saludo a los nuevos cardenales de lengua inglesa recién
creados: al cardenal William Levada, prefecto de la Congregación para la
doctrina de la fe; al cardenal Gaudencio Rosales, arzobispo de Manila,
Filipinas; al cardenal Nicholas Cheong Jinsuk, arzobispo de Seúl, Corea; al
cardenal Sean O'Malley, o.f.m. cap., arzobispo de Boston, Estados Unidos; al
cardenal Joseph Zen Ze-kiun, s.d.b., obispo de Hong Kong, China; y al cardenal
Peter Dery, arzobispo emérito de Tamale, Ghana. Venerables y queridos hermanos,
a la vez que os renuevo mi saludo fraterno y os ofrezco mis fervientes oraciones
por la misión que se os ha confiado al servicio de la Iglesia universal, os
encomiendo una vez más a la protección de María, Madre de la Iglesia.
También deseo saludar a los familiares y amigos de los cardenales recién
creados, así como a los fieles laicos que los han acompañado a Roma para las
solemnes celebraciones del viernes y el sábado pasados. Espero que durante
vuestra estancia aquí, en la ciudad eterna, profundicéis vuestro amor a la
Iglesia y fortalezcáis vuestra fe en Jesucristo, nuestro Salvador y Señor. Os
animo a seguir orando por nuestros cardenales y a sostenerlos con amor y afecto.
Dios os bendiga a todos.
Saludo a los nuevos cardenales de lengua española y a todos los fieles de
Latinoamérica y de España que les acompañan. Saludo en particular a sus
familiares, hermanos obispos, sacerdotes, religiosos y seminaristas,
especialmente a los del seminario de Toledo.
Venezuela exulta por su cardenal Jorge Liberato Urosa Savino, arzobispo de
Caracas, acompañado también por su anciana madre. Tanto en Valencia como ahora
en la capital, él ha llevado a cabo muchas iniciativas pastorales para bien de
su querida nación.
España se honra con el cardenal Antonio Cañizares Llovera, arzobispo de Toledo,
que anteriormente ha desarrollado un fructuoso ministerio en Ávila y Granada,
dando pruebas de su constante entrega a las respectivas comunidades eclesiales.
Vuestros pueblos se distinguen por la fidelidad al Sucesor de Pedro y por la
devoción a la Virgen María. Que ella sea siempre la Estrella que guíe a vuestras
Iglesias particulares en la tarea evangelizadora.
Saludo al querido cardenal Stanislaw Dziwisz, a su familia, amigos y huéspedes.
Juntamente con vosotros expreso al nuevo cardenal mi gratitud por todos los años
que pasó junto a Juan Pablo II y por todo el bien que ese servicio ha reportado
a la Iglesia universal. Ruego para que su futuro ministerio sea igualmente
fructuoso. Os bendigo de corazón a todos los presentes.
Doy una cordial bienvenida al cardenal Franc Rodé, a sus compatriotas y amigos,
especialmente a los fieles de la archidiócesis de Liubliana, de la que, hasta
hace poco tiempo, era pastor. Me complace constatar que también la Iglesia en
Eslovenia da su contribución a la misión de la Sede apostólica en la persona del
nuevo cardenal. Su cargo de prefecto de la Congregación para los institutos de
vida consagrada y las sociedades de vida apostólica es de gran importancia.
Seguid acompañándolo en su servicio con la oración, para que la Iglesia avance
cada vez más por el camino de la santidad.
Queridos hermanos, gracias una vez más por vuestra visita. A la vez que os
renuevo a vosotros, señores cardenales, mi saludo fraterno, deseo aseguraros que
seguiré acompañándoos con la oración. Por mi parte, sé que puedo contar siempre
con vuestra colaboración, que siento que necesito. Los encuentros de todo el
Colegio cardenalicio con el Sucesor de Pedro, como sucedió también el jueves
pasado, seguirán siendo ocasiones privilegiadas para esforzarnos juntos por
servir mejor a la Iglesia, que Cristo ha encomendado a nuestra solicitud.
Que la Virgen María, Madre de la Iglesia, y san Pedro y san Pablo velen sobre
cada uno de vosotros y sobre vuestro trabajo diario. Con estos sentimientos, os
imparto de corazón la bendición apostólica, que de buen grado extiendo a todos
los que os rodean con tanta alegría y afecto.
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana
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