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ALOCUCIÓN DE SU SANTIDAD
BENEDICTO XVI A LA COMUNIDAD DEL COLEGIO "SANTA MARÍA DEL ÁNIMA"
Viernes 12 de mayo de 2006
Queridos hermanos en el sacerdocio; estimados alumnos del Ánima; queridos
hermanos y hermanas:
La conmemoración de la erección canónica de Santa María del Ánima,
acontecida hace 600 años, os trae hoy a la casa del Papa. Os doy una cordial
bienvenida a todos aquí, en el Vaticano, y saludo en particular al rector y a
los demás responsables de este Instituto pontificio. Lo que comenzó en 1406 con
la bula Piae postulatio de mi predecesor Inocencio VII, ha producido
abundantes frutos a lo largo de los siglos: el instituto Santa María del
Ánima era y es un hogar para los católicos de lengua alemana en Roma, para
quienes visitan la ciudad eterna y, sobre todo, para un gran número de fieles
cristianos de lengua alemana que viven y trabajan aquí.
También se llama Ánima el colegio para sacerdotes, cuyos huéspedes
completan sus estudios en alguna de las universidades pontificias de la Urbe o
están al servicio de la Iglesia universal en la Curia romana. Os saludo
cordialmente a todos y os doy las gracias por vuestra fidelidad al Sucesor de
Pedro, que queréis confirmar con este encuentro.
Desde el comienzo, el Instituto del Ánima se ha distinguido por dos
características: la veneración a María, Madre de Dios, y la particular adhesión
a la Santa Sede, de la que depende. El hecho de que vuestro instituto y vuestra
comunidad veneren a la santísima Virgen con el singular título de Santa María
del Ánima, Madre del Alma, tiene un doble significado: María mantiene su
mano protectora sobre las almas de los numerosos peregrinos que recorren el
camino de la vida, y ha llegado a ser para Roma una importante estación, en
muchos casos decisiva.
Al mismo tiempo, este título de María nos recuerda a los difuntos, a quienes en
nuestra lengua llamamos "pobres almas" y cuya memoria nos hace tomar conciencia
de que todos vamos a morir y de que tenemos una vocación eterna a una vida en la
infinidad de la luz y del amor de Dios. Que María, nuestra Madre celestial,
mantenga su mano protectora sobre la vida parroquial de la comunidad y del
Instituto del Ánima.
Desde que, en el año 1859, mi predecesor el beato Papa Pío IX encomendó a la
fundación del Ánima la dirección de un colegio para sacerdotes, este
Instituto desempeña una peculiar función eclesiástica de conexión. Los
sacerdotes y también los seminaristas que viven en el Ánima pueden
percibir la grandeza y la belleza de la Iglesia universal, su catolicidad, y
gustar la romanitas Ecclesiae. Confío en que la dirección de esta
institución alemana y a la vez romana transmita a los alumnos y a los huéspedes
un amor particular por el Sucesor del apóstol san Pedro y por la Santa Sede.
La comunidad de lengua alemana de Roma tiene su hogar en la iglesia de Santa
María del Ánima, que da a los católicos de los países de lengua alemana la
posibilidad de orar y cantar en su propia lengua, y de recibir los sacramentos.
Invito a los sacerdotes y a todos los responsables a que en la comunidad del
Ánima se dé siempre prioridad a la vida sacramental sobre todas las demás
actividades. Aquí, donde los católicos de lengua alemana de Roma buscan y
encuentran su hogar espiritual, Jesucristo, el Señor de la Iglesia, quiere
habitar en su corazón. Si el Señor ocupa el centro de vuestra vida parroquial,
llegaréis a ser cada vez más una comunidad apostólica y misionera, que se
irradiará a su alrededor y, sobre todo, a los numerosos visitantes de esta
iglesia.
Queridos amigos, que la celebración del 600° aniversario de la erección canónica
de Santa María del Ánima sea para todos vosotros un fecundo jubileo
espiritual. A la vez que os agradezco vuestro afecto, os imparto de corazón a
todos, por intercesión de la santísima Virgen y Madre de Dios, María, mi
bendición apostólica.
© Copyright 2006 - Libreria Editrice Vaticana
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