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DISCURSO DEL SANTO
PADRE BENEDICTO XVI AL XI CONSEJO ORDINARIO DE LA SECRETARÍA GENERAL DEL
SÍNODO DE LOS OBISPOS
Sala de los Papas
Jueves 25 de enero de 2007
Queridos y venerados hermanos:
Gracias por vuestra visita. Os saludo a todos con afecto, comenzando por el
secretario general del Sínodo de los obispos, a quien agradezco las palabras que
me ha dirigido en nombre de todos vosotros. Bajo su dirección os habéis reunido
por quinta vez con el fin de proveer al cumplimiento de las indicaciones
emanadas por la XI Asamblea general ordinaria e iniciar la preparación de la
próxima Asamblea.
Os acojo con el saludo del Apóstol de los gentiles, cuya extraordinaria
conversión conmemoramos hoy: "Gracia a vosotros y paz de parte de Dios, Padre
nuestro, y del Señor Jesucristo" (1 Co 1, 3). Jesús es el Pastor supremo
de la Iglesia; en su nombre y por mandato suyo nosotros cuidamos de su grey con
plena disponibilidad, hasta la entrega total de nuestra vida.
La futura Asamblea general ordinaria del Sínodo de los obispos, la XII, tendrá
por tema: "La Palabra de Dios en la vida y en la misión de la Iglesia". A nadie
escapa la importancia de este tema, que, por lo demás, fue el más solicitado en
la consulta realizada entre los pastores de las Iglesias particulares. Ya desde
hacía mucho tiempo era un tema deseado. Y esto se entiende fácilmente, puesto
que la acción espiritual que expresa y alimenta la vida y la misión de la
Iglesia se funda necesariamente en la palabra de Dios.
Además, la palabra de Dios, al estar destinada a todos los discípulos del Señor,
como nos lo ha recordado la Semana de oración por la unidad de los cristianos,
exige especial veneración y obediencia, para que sea acogida también como
llamada urgente a la comunión plena entre los creyentes en Cristo.
Sobre el tema antes mencionado habéis trabajado con empeño y ya habéis llegado a
la fase final de la redacción de los Lineamenta, un documento que quiere
responder a la exigencia, tan sentida por los pastores, de fomentar cada vez más
el contacto con la palabra de Dios en la meditación y en la oración. Os
agradezco el apreciado trabajo que estáis llevando a cabo, juntamente con la
Secretaría general del Sínodo de los obispos y un valioso grupo de expertos.
Me ha parecido muy interesante la breve exposición que me ha hecho usted,
gracias a la cual he podido deducir cuánto habéis trabajado. Estoy seguro de que
los Lineamenta, una vez publicados, servirán como valioso instrumento
para que toda la Iglesia pueda profundizar en el tema de la próxima Asamblea
sinodal. Deseo de corazón que eso ayude a redescubrir la importancia de la
palabra de Dios en la vida de todo cristiano, de toda comunidad eclesial e
incluso civil; a redescubrir también el dinamismo misionero ínsito en la palabra
de Dios.
Como nos dice la carta a los Hebreos, la palabra de Dios es viva y eficaz (cf.
Hb 4, 12), e ilumina nuestro camino a lo largo de la peregrinación terrena
hacia la plena realización del reino de Dios.
Gracias, una vez más, queridos hermanos, por esta visita. Os aseguro un recuerdo
especial en mi oración por vuestras intenciones, invocando sobre vosotros la
maternal protección de la santísima Virgen María, que dio al mundo a Jesucristo,
la Palabra viva hecha carne.
Como signo de gratitud y como prenda de la asistencia del Espíritu Santo en la
futura consulta de la Iglesia universal, os imparto la bendición apostólica a
todos vosotros, y la extiendo de buen grado a todos los que han sido
encomendados a vuestra solicitud pastoral.
© Copyright 2007 - Libreria Editrice Vaticana
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