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PALABRAS DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
TRAS RECIBIR LA CIUDADANÍA HONORARIA DE BRESSANONE


Sábado 9 de agosto de 2008

 

Excelencia;
señor presidente de la Región;
señor alcalde;
señores consejeros del Ayuntamiento;
señoras y señores; queridos amigos:

Es para mí motivo de gran alegría el reconocimiento que me ha concedido el Ayuntamiento de Bressanone al conferirme la ciudadanía honoraria, que acojo con profunda gratitud y desde ahora me acompañará en las futuras etapas de mi vida. Gracias a este acto, ahora soy de casa en Bressanone, pero no sólo —por decirlo así— con el corazón, sino de algún modo también legalmente: formo parte de sus ciudadanos; incluso cuando no pueda venir, estaré de algún modo legalmente presente. No creo que sea necesario deciros que con frecuencia estoy aquí con el corazón. Os doy cordialmente las gracias. Y doy las gracias de corazón también al coro, que ha confirmado y transformado en realidad sus hermosas palabras sobre Bressanone y sobre la música.

Cuando en el pasado venía desde el norte a Bressanone, por el camino de Brénner, recuerdo que para mí era un momento emocionante cuando el valle se abría y ante de mis ojos aparecían las torres de Bressanone, ciudad tan rica en historia y belleza, rodeada de viñedos y plantaciones, ubicada entre las montañas. Entonces lo sabía: aquí se está bien. Era consciente de que había escogido el rincón adecuado y que podría regresar con nuevas fuerzas a mis tareas.

Como ya sabéis, en Bressanone he escrito gran parte de mis libros, he descansado, he encontrado amistades; sobre todo en Bressanone he recibido recuerdos que llevaré conmigo. Este es el aspecto hermoso: que puedo ir de paseo en el paisaje de los recuerdos, y, cuando regrese a Roma, mis paseos en el paisaje de los recuerdos transcurrirán repetidamente por Bressanone, y estaré nuevamente aquí, donde podré descansar y tomar nuevas fuerzas.

Bressanone ha adquirido para mí una importancia particular, porque —como ha expresado usted, señor alcalde, con palabras tan bellas y profundas— es un lugar de encuentro, de encuentro entre las culturas: en efecto, en las tres lenguas —italiano, alemán y ladino— se encuentran las culturas; y el encuentro entre las culturas, hoy tan necesario, tiene una historia propia en Bressanone. Sabemos que no siempre es fácil, pero siempre es fructífero y rico en dones, ayuda a todos, nos enriquece y nos hace más abiertos y más humanos.

Bressanone es para mí un lugar de encuentros: encuentro de las culturas; encuentro también entre una sana laicidad y una gozosa fe católica; encuentro entre una gran historia y el presente y el futuro. Vemos que esta historia, aquí realmente presente y tangible, no impide la formación, el dinamismo, la vitalidad del presente y del futuro, sino que, al contrario, inspira y dinamiza. Además, es un encuentro entre las raíces cristianas y el espíritu de la modernidad, que sólo juntamente pueden construir una sociedad realmente digna de este nombre, una sociedad realmente humana.

Para mí, en este sentido, Bressanone es también un modelo europeo, una verdadera ciudad europea donde están presentes las raíces cristianas, la identidad, la identidad cristiana de nuestra cultura. Esta identidad cristiana no nos encierra en nosotros mismos, al contrario, nos abre a los demás, nos dona la comunión del encuentro, y nos da también los criterios y los valores según los cuales debemos vivir.

Os doy cordialmente las gracias a todos e invoco la bendición de Dios sobre cada uno de vosotros. Que el Señor siga protegiendo esta hermosa ciudad y le ayude a construir un futuro grande, hermoso y humano. De nuevo, gracias.

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

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