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 DISCURSO DEL PAPA BENEDICTO XVI
A LOS OBISPOS GRECO-CATÓLICOS UCRANIOS
EN VISITA "AD LIMINA"


Viernes 1 de febrero de 2008

 

Beatitud;
venerados hermanos en el episcopado: 

Me alegra verdaderamente acogeros hoy, al final de vuestra visita ad limina Apostolorum. Graves y objetivas razones os han impedido realizar juntos esta peregrinación a la Sede de Pedro. La última visita "ad limina" de los obispos greco-católicos se remonta al año 1937. Ahora, después de que vuestras respectivas Iglesias han recobrado la plena libertad, estáis aquí para representar a comunidades renacidas y fervientes en la fe, que jamás han dejado de sentirse en plena comunión con el Sucesor de Pedro.

Sed bienvenidos, amadísimos hermanos, a esta casa, en la que siempre se ha elevado una intensa e incesante oración por la amada Iglesia greco-católica en Ucrania. En el venerado cardenal Lubomyr Husar, arzobispo mayor de Kiev-Halyè, al que agradezco las conmovedoras y afectuosas palabras que me ha dirigido en vuestro nombre; en el administrador apostólico de la eparquía de Mukacevo de rito bizantino; y en todos vosotros, me complace saludar a vuestras respectivas comunidades, a los incansables sacerdotes, a los consagrados, a las consagradas y a cuantos con entrega desempeñan el ministerio pastoral al servicio del pueblo de Dios.

Por vuestras relaciones sobre la situación de vuestras eparquías y exarcados he podido constatar cuán grande es vuestro esfuerzo por promover, consolidar y verificar constantemente la unidad y la colaboración en el seno de vuestras comunidades, para poder afrontar unidos los desafíos que se os plantean como pastores y que están en el centro de vuestras preocupaciones y de vuestros programas pastorales.

Por tanto, admiro la obra generosa y el infatigable testimonio que dais a vuestro pueblo y a la Iglesia. En este compromiso pastoral y misionero necesitáis la ayuda de los sacerdotes, que el buen Pastor ha puesto como colaboradores a vuestro lado. Aprovecho de buen grado esta ocasión para manifestar mi sincero aprecio por su actividad apostólica de cada día. Venerados hermanos, en las diversas iniciativas de actualización, exhortadlos a no seguir las novedades del mundo, sino a ofrecer a la sociedad las respuestas que sólo Cristo puede dar a las expectativas de justicia y de paz del corazón humano. Para ello es necesaria una adecuada preparación intelectual y espiritual, que supone un itinerario formativo permanente, iniciado en los seminarios, donde la disciplina y la vida espiritual siempre deben cuidarse bien, y proseguido después durante los años de ministerio.

En los viveros de vocaciones —eso es lo que son precisamente los seminarios—, hacen falta educadores y formadores cualificados y competentes en el ámbito humano, científico, doctrinal, ascético y pastoral, para ayudar a los futuros presbíteros a crecer en su relación personal con Cristo, gracias a una progresiva identificación con él. Sólo así podrán asumir con espíritu de auténtico servicio eclesial las responsabilidades pastorales que el obispo les asigne.

En esta perspectiva, os exhorto a intensificar los cursos de ejercicios espirituales, de formación y de actualización teológica y pastoral para vuestros sacerdotes, si fuera posible también en colaboración con el Episcopado latino, respetando cada uno sus propias tradiciones. Es innegable que dicha colaboración entre los dos ritos favorecería el crecimiento de una mayor sintonía de los corazones entre todos los que sirven a la única Iglesia. Y estoy seguro de que, con esa disposición interior, se podrán superar más fácilmente eventuales malentendidos, conscientes de que ambos ritos pertenecen a la única comunidad católica, y ambos tienen plena e igual ciudadanía en el único pueblo ucranio. Venerados hermanos, a esta luz, convendría que os reunierais regularmente, por ejemplo una vez al año, con los obispos latinos.

Gran importancia reviste la vida consagrada en las eparquías y en los exarcados encomendados a vosotros, y por ello precisamente, juntamente con vosotros, doy gracias a Dios. Sin embargo, me habéis informado de que a este respecto existen algunas dificultades, especialmente en el ámbito de la formación, por lo que concierne a la obediencia responsable de los religiosos y las religiosas y a su cooperación a las necesidades de la Iglesia. Con magnanimidad de pastores y paciencia de padres, exhortad a esos hermanos y hermanas a defender incansablemente la índole "no-secular" de su peculiar vocación. Ayudadles a cultivar el espíritu de las bienaventuranzas y a observar esmeradamente los votos de pobreza, castidad y obediencia con fidelidad evangélica, para que puedan dar en la Iglesia el testimonio típico que se les pide.

Otra de vuestras preocupaciones es el compromiso ecuménico. Es necesario reconocer humildemente que en este campo siguen existiendo obstáculos concretos y objetivos. Sin embargo, no hay que desanimarse ante las dificultades; al contrario, es preciso proseguir con la oración y con caridad paciente el camino emprendido. Por otra parte, en Ucrania, desde hace siglos, los ortodoxos y los católicos tratan de entablar un diálogo diario, humilde y sereno, que abarca numerosos aspectos de la vida. Los fracasos, que hay que tener siempre en cuenta, no deben frenar el entusiasmo por perseguir el objetivo querido por el Señor:  "Que todos sean uno" (Jn 17, 21).

Hace algún tiempo, al encontrarme con los padres de la plenaria del dicasterio para la promoción de la unidad de los cristianos, expliqué que "lo que siempre hay que promover ante todo es el ecumenismo del amor, que deriva directamente del mandamiento nuevo que dejó Jesús a sus discípulos. El amor, acompañado de gestos coherentes, crea confianza, hace que se abran los corazones y los ojos. El diálogo de la caridad, por su naturaleza, promueve e ilumina el diálogo de la verdad, pues es en la verdad plena donde se realizará el encuentro definitivo al que conduce el Espíritu de Cristo" (Discurso, 17 de noviembre de 2006:  L'Osservatore Romano, edición en lengua española, 24 de noviembre de 2006, p. 5). Sin duda alguna, la Universidad católica ucraniana puede prestar un valioso apoyo a la acción ecuménica.

Además, es importante implicar cada vez más a los fieles laicos en la vida de la Iglesia, para que den su aportación específica al bien común de la sociedad ucraniana. Esto exige, por vuestra parte, un cuidado constante de su formación mediante iniciativas adecuadas a su vocación laical:  así podrán contribuir activamente a la misión de la Iglesia y ser "fermento" vivo del Evangelio en los diversos ambientes de la sociedad.

Venerados hermanos, este encuentro, que se celebra nuevamente después de más de setenta años, nos permite elevar juntos a Dios una profunda acción de gracias por el renacimiento de vuestra Iglesia, tras el dramático período de la persecución. En esta ocasión deseo aseguraros que el Papa os lleva a todos en el corazón, os acompaña con afecto y os sostiene en vuestra difícil misión.

Os pido que transmitáis mi saludo cordial a los sacerdotes, vuestros primeros colaboradores, a los religiosos y a las religiosas, así como a todo el pueblo cristiano, particularmente a los niños, a los jóvenes, a las familias, a los enfermos y a cuantos se encuentran en dificultades. Aseguro a cada uno un recuerdo en la oración, invocando sobre todos la protección constante de la celestial Madre de Dios y de vuestros santos patronos. Por último, os imparto con afecto una especial bendición apostólica a vosotros, a vuestras comunidades y a la querida población de Ucrania.

 

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

 

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