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VISITA PASTORAL A SAVONA Y GÉNOVA

DISCURSO DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
A LOS NIÑOS ENFERMOS
DEL HOSPITAL "GIANNINA GASLINI" DE GÉNOVA


Domingo 18 de mayo de 2008

Señora alcaldesa;
señor comisario extraordinario;
queridos niños;
queridos hermanos y hermanas:

Después de orar ante la Virgen de la Guardia, en el hermoso santuario que desde lo alto domina la ciudad, mi primer encuentro es con vosotros, en este lugar de sufrimiento y de esperanza, que fue inaugurado el 15 de mayo de 1938, hace exactamente setenta años.

Os abrazo a vosotros, amadísimos niños, que sois acogidos y asistidos con solicitud y amor en este hospital, "punto de excelencia" de la pediatría al servicio de Génova, de Italia y de toda el área mediterránea. Vuestro portavoz me ha manifestado vuestros sentimientos de afecto, a los que correspondo de corazón y acompaño con un recuerdo especial también para vuestros padres. Un saludo cordial a la señora Marta Vincenzi, alcaldesa de Génova, que se ha hecho intérprete de la acogida de la ciudad. Saludo al profesor Vincenzo Lorenzelli, comisario extraordinario del instituto "Giannina Gaslini", que ha recordado la finalidad de este hospital y su desarrollo futuro tal como se ha programado.

El hospital "Gaslini" nació del corazón de un bienhechor generoso, el industrial y senador Gerolamo Gaslini, que dedicó esta obra a su hija fallecida a los 12 años, y forma parte de la historia de caridad que hace de Génova una "ciudad de la caridad cristiana". También hoy la fe sugiere a numerosas personas de buena voluntad gestos de amor y de apoyo concreto a esta institución, que con sano orgullo los genoveses consideran un patrimonio valioso. A todos doy las gracias y los animo a proseguir.

En particular, me alegro por el nuevo complejo, cuya primera piedra se colocó recientemente y ha encontrado un bienhechor munífico. También la atención efectiva y cordial de las administraciones públicas es signo de reconocimiento del valor social que el hospital "Gaslini" representa para los niños de la ciudad y de otros lugares. En efecto, cuando un bien es para todos, merece el apoyo de todos, respetando en su justa medida las funciones y las competencias.

Me dirijo ahora a vosotros, queridos médicos, investigadores, personal paramédico y administrativo; a vosotros, queridos capellanes, voluntarios, y los que os encargáis de la asistencia espiritual de los pequeños huéspedes y de sus familiares. Sé que vuestro compromiso común es lograr que el hospital "Gaslini" sea un auténtico "santuario de la vida" y un "santuario de la familia", donde, además de la profesionalidad, los agentes de todos los sectores muestren ternura y atención a la persona. La decisión del fundador, según la cual el presidente de la Fundación debe ser el arzobispo pro tempore de Génova, manifiesta la voluntad de que nunca se pierda la inspiración cristiana de la institución y de que todos se apoyen siempre en los valores evangélicos.

En 1931, al poner las bases de la construcción, el senador Gerolamo Gaslini auguraba "una obra perenne de bien que deberá irradiarse de la institución misma". Así pues, irradiar el bien a través de la asistencia amorosa a los pequeños enfermos es el objetivo de vuestro hospital. Por eso, a la vez que agradezco a todo el personal —directivo, administrativo y sanitario— la profesionalidad y la dedicación de su servicio, deseo que este excelente hospital pediátrico siga desarrollándose en las tecnologías, los tratamientos y los servicios; pero que también siga ensanchando cada vez más los horizontes desde la óptica de una globalización positiva, gracias a la cual se reconocen los recursos, los servicios y las necesidades, creando y reforzando una red de solidaridad, hoy muy urgente y necesaria. Todo esto sin descuidar jamás el suplemento de afecto que los niños hospitalizados perciben como la terapia primera e indispensable. Así, el hospital será cada vez más un lugar de esperanza.

La esperanza aquí, en el hospital "Gaslini", tiene el rostro del cuidado de pacientes en edad pediátrica, a los que se trata de proveer mediante la formación permanente de los agentes sanitarios. De hecho, vuestro hospital, como estimada institución de investigación y asistencia de carácter científico, se distingue por ser monotemática y polifuncional, cubriendo casi todas las especialidades en el campo pediátrico. Por tanto, la esperanza que se alimenta aquí tiene buenos fundamentos. Sin embargo, para afrontar eficazmente el futuro, es indispensable que esta esperanza se apoye en una visión más elevada de la vida, que permita al científico, al médico, al profesional, al asistente y a los padres mismos aplicar todas sus capacidades, sin escatimar esfuerzos, para obtener los mejores resultados que la ciencia y la técnica pueden ofrecer hoy en el ámbito de la prevención y la curación.

Así aflora el pensamiento de la presencia silenciosa de Dios, que acompaña casi imperceptiblemente al hombre en su largo camino en la historia. La única verdadera esperanza "fiable" es Dios, que en Jesucristo y en su Evangelio ha abierto de par en par sobre el futuro la puerta oscura del tiempo. "He resucitado y ahora estoy siempre contigo —nos repite Jesús, especialmente en los momentos más difíciles—; mi mano te sostiene. Dondequiera que caigas, caerás entre mis brazos. Estoy presente también a la puerta de la muerte".

Aquí, en el hospital "Gaslini", se atiende a niños. ¿Cómo no pensar en la predilección que Jesús tuvo por los niños? Quiso que estuvieran a su lado, los señaló a los Apóstoles como modelos que hay que seguir por su fe espontánea y generosa, por su inocencia. Con palabras duras, puso en guardia contra quienes los desprecian y escandalizan. Se conmovió ante la viuda de Naím, una madre que había perdido a su hijo, a su hijo único. El evangelista san Lucas refiere que el Señor la tranquilizó y le dijo: "No llores" (Lc 7, 13). Jesús sigue repitiendo a quien sufre estas palabras consoladoras: "No llores". Es solidario con cada uno de nosotros y, si queremos ser sus discípulos, nos pide que testimoniemos su amor a todo el que se encuentre en dificultades.

Por último, me dirijo a vosotros, amadísimos niños, para repetiros que el Papa os quiere mucho. Veo que junto a vosotros están vuestros familiares, que comparten con vosotros momentos de preocupación y esperanza. Tened todos la certeza de que Dios no nos abandona jamás. Permaneced unidos a él y no perderéis jamás la serenidad, ni siquiera en los momentos más oscuros y complejos. Os aseguro mi recuerdo en la oración y os encomiendo a María santísima, que como madre sufrió por los dolores de su Hijo divino, pero ahora vive con él en la gloria. Os agradezco una vez más a cada uno este encuentro, que permanecerá grabado en mi corazón. Con afecto os bendigo a todos.

© Copyright 2008 - Libreria Editrice Vaticana

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