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CONSISTORIO ORDINARIO PÚBLICO
PARA LA CREACIÓN DE NUEVOS CARDENALES

AUDIENCIA DEL SANTO PADRE BENEDICTO XVI
A LOS NUEVOS CARDENALES ACOMPAÑADOS
DE SUS FAMILIARES Y FIELES

 
Sala Pablo VI
Lunes 20 de febrero de 2012

[Vídeo]

 

Señores cardenales,
queridos hermanos en el episcopado y en el presbiterado,
queridos hermanos y hermanas:

Con gran alegría tengo hoy este encuentro con vosotros, familiares y amigos de los neo-cardenales, al día siguiente de las solemnes celebraciones del consistorio, en el que vuestros amados pastores han sido llamados a formar parte del Colegio cardenalicio. Se me brinda así la posibilidad de expresar de modo más directo e íntimo mi cordial saludo a todos y en particular mi felicitación y mis mejores deseos a los nuevos purpurados. Que el acontecimiento tan importante y sugestivo del consistorio sea, para los aquí presentes y para cuantos están unidos en diversas condiciones a los nuevos cardenales, motivo y estímulo para estrecharos con afecto a su alrededor: sentíos aún más cerca de su corazón y de su celo apostólico; escuchad con viva esperanza sus palabras de padres y maestros. Permaneced unidos a ellos y entre vosotros en la fe y en la caridad para ser cada vez más fervientes y valientes testigos de Cristo.

Os saludo en primer lugar a vosotros, queridos purpurados de la Iglesia que está en Italia. Al cardenal Fernando Filoni, prefecto de la Congregación para la evangelización de los pueblos; al cardenal Antonio Maria Vegliò, presidente del Consejo pontificio para la pastoral de los emigrantes e itinerantes; al cardenal Giuseppe Bertello, presidente de la Comisión pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano y presidente de la Gobernación de dicho Estado; al cardenal Francesco Coccopalmerio, presidente del Consejo pontificio para los textos legislativos; al cardenal Domenico Calcagno, presidente de la Administración del patrimonio de la Sede apostólica; al cardenal Giuseppe Versaldi, presidente de la Prefectura para los asuntos económicos de la Santa Sede; y, por último, al cardenal Giuseppe Betori, arzobispo de Florencia. Venerados hermanos, que el afecto y la oración de tantas personas queridas os sostengan en vuestro servicio a la Iglesia a fin de que cada uno de vosotros dé generoso testimonio del Evangelio de la verdad y de la caridad.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua francesa, y en particular a los belgas que acompañan al señor cardenal Julien Ries. Que nuestra fidelidad a Cristo sea firme y decidida para hacer creíble nuestro testimonio. Nuestra sociedad, que pasa por momentos de incertidumbres y dudas, necesita la luz de Cristo. Que cada cristiano la testimonie con fe y valentía, y que el tiempo de Cuaresma ya próximo permita volver hacia Dios. ¡Feliz peregrinación a todos!

Me complace saludar afectuosamente a los prelados de lengua inglesa a quienes he tenido la alegría de elevar a la dignidad cardenalicia en el consistorio del sábado: al cardenal Edwin Frederick O’Brien, gran maestre de la Orden ecuestre del Santo Sepulcro de Jerusalén; al cardenal George Alencherry, arzobispo mayor de Ernakulam-Angamaly de los siro-malabares (India); al cardenal Thomas Christopher Collins, arzobispo de Toronto (Canadá); al cardenal Timothy Michael Dolan, arzobispo de Nueva York (Estados Unidos); al cardenal John Tong Hon, obispo de Hong Kong (República popular de China); al cardenal Prosper Grech, O.S.A., profesor emérito de varias universidades romanas y consultor de la Congregación para la doctrina de la fe. Extiendo igualmente mi cordial saludo a los familiares y amigos que se unen hoy a ellos. Os invito a que sigáis apoyando a los nuevos cardenales con vuestra oración mientras asumen sus importantes responsabilidades al servicio de la Sede apostólica.

Dirijo un cordial saludo a los nuevos cardenales de lengua alemana: al arzobispo de Berlín, cardenal Rainer Maria Woelki, y al cardenal Karl Josef Becker, de la Compañía de Jesús. Les aseguro mi afecto y mi oración por el particular servicio que se les confía en la Iglesia universal y les encomiendo a la protección de María, Madre de la Iglesia. Con alegría saludo también a sus familiares y amigos, a los peregrinos de sus diócesis de Berlín y Colonia, a los colaboradores en las diversas instituciones eclesiales, a los representantes de la política y de la vida pública, así como a todos los connacionales que han venido a Roma para este consistorio. Deseo confiar también a vuestra oración a los nuevos cardenales para que, conforme al símbolo de la púrpura que ahora visten, actúen como testigos de la verdad, dispuestos al sacrificio, y como fieles colaboradores del Sucesor de Pedro.

Saludo con afecto al cardenal Santos Abril y Castelló, arcipreste de la basílica Santa María la Mayor, así como a sus familiares, a los obispos, sacerdotes, religiosos y laicos venidos especialmente de España para esta ocasión. Les invito a todos a acompañar con sus plegarias y cercanía espiritual a los nuevos miembros del Colegio de cardenales para que, llenos de amor a Dios y estrechamente unidos al Sucesor de Pedro, continúen la misión espiritual y apostólica con plena fidelidad al Evangelio.

Saludo a los nuevos cardenales de lengua portuguesa, con sus familiares, amigos y colaboradores, y también a los diversos representantes de la comunidad eclesial y civil, honrados igualmente por la dignidad que se ha conferido al cardenal João Braz de Aviz, que está al frente de la Congregación para los institutos de vida consagrada y las sociedades de vida apostólica, y al cardenal Manuel Monteiro de Castro, quien preside la Penitenciaría apostólica. A la Virgen Madre encomiendo vuestra vida consagrada al servicio de la unidad y de la santidad del pueblo de Dios.

Dirijo un afectuoso saludo al neo-cardenal Dominik Duka y a todos vosotros, fieles llegados de la República Checa para compartir su alegría. Que estos días de fiesta y de oración susciten en vosotros un renovado amor a Cristo y a su Iglesia. A todos mi bendición. ¡Alabados sean Jesús y María!

Saludo al cardenal Willem Jacobus Eijk, arzobispo de Utrecht, y a los fieles que lo acompañan. Confío en que estas jornadas de ferviente espiritualidad susciten en cada uno un renovado amor a Cristo y a la Iglesia. Continuad sosteniendo a vuestro arzobispo con la oración para que siga guiando con celo pastoral al pueblo a él encomendado.

Saludo con alegría a Su Beatitud Lucian Mureşan y a todos vosotros, fieles de Rumanía, que habéis querido estrecharos en torno a vuestro amado pastor, a quien he creado cardenal. Junto con vosotros saludo a todo el pueblo rumano y a vuestra patria, ahora más unida todavía a la sede de San Pedro. Que mi bendición os sostenga siempre.

Queridos amigos, gracias de nuevo por vuestra significativa presencia. La creación de los nuevos cardenales es ocasión para reflexionar sobre la misión universal de la Iglesia en la historia de los hombres: en los acontecimientos humanos, frecuentemente tan convulsos y chocantes, la Iglesia está siempre presente, llevando a Cristo, luz y esperanza para toda la humanidad. Permanecer unidos a la Iglesia y al mensaje de salvación que ella difunde significa anclarse en la Verdad, reforzar el sentido de los verdaderos valores y estar serenos frente a cualquier suceso. Os exhorto, por lo tanto, a permanecer siempre unidos a vuestros pastores, así como a los nuevos cardenales, para estar en comunión con la Iglesia. La unidad en la Iglesia es un don divino que hay que defender y hacer crecer. A la protección de la Madre de Dios y de los apóstoles san Pedro y san Pablo os encomiendo, venerados hermanos cardenales, y a los fieles que os acompañan. Con estos sentimientos os imparto de corazón mi bendición apostólica.

 

© Copyright 2012 - Libreria Editrice Vaticana

  

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