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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo 26 de octubre de 1980
1. Hoy en este encuentro nuestro del "Ángelus"
deseo con vosotros, queridos romanos y queridos peregrinos, expresar ante todo
la gratitud al Espíritu Santo, que Cristo dio a los Apóstoles y a la
Iglesia para realizar en ella la obra de unidad y de santidad.
Obra de esta unidad ha sido el
Sínodo de los Obispos, que ha terminado ayer sus reflexiones, dedicadas a la
misión de la familia cristiana. Los obispos que han tomado parte en el Sínodo,
viniendo de todos los continentes y de sus varios países, han afrontado con gran
sentido de realismo la situación de la familia en el mundo contemporáneo,
situación diferente y, a veces no fácil. Se han fijado, con la debida atención y
con sentido de responsabilidad pastoral, sobre aquellos puntos de la enseñanza
de la Iglesia, que parecen suscitar las mayores dificultades. Meditando sobre
problemas tan importantes hablando con la libertad debida a su ministerio y
escuchando también gustosamente a voz de los miembros laicos que han participado
en el Sínodo en calidad de auditores, han elaborado una serie de proposiciones
finales, en las que no se puede menos de percibir ese "don de unidad en el
Espíritu Santo", por el que no cesa de orar la Iglesia.
Hoy, finalizados los trabajos del
Sínodo, deseo ante vosotros, y juntamente con vosotros reunidos aquí, manifestar
la gratitud al Espíritu Santo, por esta obra de unidad que Él ha realizado ante
nuestros ojos.
2. También deseo expresar el
agradecimiento por la obra de santidad, de la que hemos sido hechos
partícipes hoy, último domingo de octubre, mediante la beatificación de Don Luis
Orione, de Sor María Ana Sala y de Bartolo Longo: el primero, fundador de los
Hijos de la Pequeña Obra de a Divina Providencia y de las Pequeñas Hermanas
Misioneras de la Caridad, la segunda perteneciente a las Religiosas Marcelinas
de Milán; el tercero, que ideó el famoso santuario de Pompeya, dedicado a la
Virgen del Rosario. Un sacerdote, una religiosa y un laico. Toda la Iglesia
exulta hoy de alegría y de gratitud al Altísimo y a los tres nuevos Beatos, a
quienes invoca con oración filial. ¿Qué han realizado de heroico durante su
vida? ¡Han amado! ¡Siempre, con valentía, con constancia! Han amado a Dios como
a Padre, con fervor ardiente y con total confianza; han amado a la Iglesia con
humildad y obediencia, tratando de perfeccionarla con la propia santificación,
han amado a Italia, su querida patria con activo y continuo compromiso, ayudando
a los pobres, consolando a los afligidos, acogiendo a los abandonados, educando
a los niños y a los jóvenes responsabilizando a todos con su testimonio.
¡Invoquemos con afecto a los nuevos
Beatos! ¡Escuchémosles! ¡Imitémosles! Ellos continúan amándonos y ayudándonos
desde el cielo.
3. Finalmente, como siempre, también
hoy nuestra oración del "Ángelus" nos recuerda a respuesta que el ángel Gabriel
dio a la Virgen de Nazaret: "El Espíritu Santo vendrá sobre ti... El Hijo
engendrado será santo será llamado Hijo de Dios" (Lc 1, 35).
Al agradecer la obra de unidad y de santidad de las que
participa la Iglesia de nuestro tiempo, mediante el Espíritu Santo, no cesamos
de dar gracias por esta obra suprema y fundamental de la que se derivan
todas las obras, como de una fuente inagotable.
Damos gracias por el Verbo que,
por obra del Espíritu Santo, se hizo carne en el seno de María, habitó entre
nosotros y continúa habitando, al mismo tiempo que guía a la Iglesia en la
verdad y en el amor hacia el cumplimiento definitivo del misterio de la Comunión
de los Santos.
© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana
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