Quiero saludar a mis
hermanos en el Episcopado presentes en esta audiencia, y en primer lugar al
Patriarca Maronita del Líbano. Esta presencia me ofrece la ocasión para expresar nuestro amor hacia su patria, el Líbano,
que tanto sufre, y para asegurar nuestra continua plegaria por sus vicisitudes.
Queridísimos hermanos y hermanas:
Deseo dirigir un saludo cordial y afectuoso a cuantos estáis hoy aquí para rezar
conmigo la oración mariana del "Ángelus". Pero quiero manifestaros también mi
sincero agradecimiento por vuestra presencia. Este saludo y este sentimiento de
gratitud los quiero extender a todos los que están escuchando mi palabra en este
momento a través de los medios de comunicación social.
Y al disponernos a elevar nuestra plegaria a la Inmaculada Madre de Dios, no
podemos dejar de recordar que ayer, 8 de septiembre, la Iglesia celebró en la
liturgia la festividad de la "Natividad de la Beata Virgen María", "esperanza y
aurora de salvación para el mundo entero" (Misal Romano, 8 de septiembre,
Oración después de la comunión).
Es ésta una fiesta mariana profundamente arraigada en la devoción y el corazón
de los fieles, que miran a María Santísima con confianza ardiente y conmovida
esperanza, conscientes de que en el proyecto de Dios este nacimiento daba
comienzo a los eventos salvíficos en los que María iba a estar estrechamente
vinculada al Hijo.
Por consiguiente, debemos rebosar de alegría al recordar a la Madre de nuestro
Redentor; porque —afirma San Pedro Damián— "si Salomón celebró solemnemente con
todo el pueblo de Israel un sacrificio tan espléndido y munífico en la
dedicación de un templo material, ¿qué gozo y cuánto regocijo no traerá al
pueblo cristiano la Natividad de la Virgen María, a cuyo seno, como a templo santísimo, bajó Dios en persona para recibir de Ella la
naturaleza humana, y se dignó habitar visiblemente en medio de los hombres? (Sermón
45: PL 144, 740 y s.).
A María "Niña" confiamos hoy nuestra humilde oración por el mundo y por la
Iglesia.
Saludos
A los peregrinos y turistas de lengua francesa que han venido a rezar a la
Virgen María con el Papa, me complazco en testimoniarles mi afecto, en
particular a los queridos padres monfortianos reunidos en Roma en capítulo
general. Su fundador, Luis María Griñón de Monfort, puede enseñarnos todavía hoy
que la verdadera devoción a María debe llevarnos totalmente a Cristo, Sabiduría de
Dios. A todos vosotros, a vuestros enfermos y a los niños, imparto con gozo mi
bendición apostólica.
Presento también mi bienvenida cordial a los visitantes y peregrinos de lengua
inglesa. Entre los grupos presentes está la peregrinación nacional de la Liga de
Mujeres Católicas de Inglaterra, en el setenta y cinco aniversario de fundación;
el coro del "Trinity College" de la universidad de Cambridge; y los
cantores "Madrigal" de Filipinas. Que vuestra visita a Roma os proporcione
gozo y nuevo vigor en la vida cristiana de cada día. Que Nuestro Señor os aumente la
fe y os mantenga en su amor. A lodos, mi bendición apostólica.
Con gran alegría saludo a los visitantes y peregrinos de lengua alemana. Hoy
están anunciados los grupos siguientes: Franciscanas de Reute (diócesis de Rotemburgo-Stutgart); peregrinación de coros de la archidiócesis de Bamberg; y
peregrinos del periódico "Bayerischen Sonntagsblattes", en el centenario
de la fundación. Os invitamos cordialmente a participar en nuestra oración
universal. La oración nos une a Dios y entre nosotros. Sed cada vez más,
hombres de oración. Practicad la oración en casa con vuestras familias y
comunidades. Con esta intención os doy mi bendición apostólica.
Con verdadero placer saludo ahora a todos los peregrinos y grupos aquí presentes
de lengua española, en especial a los grupos españoles de las parroquias de
Santa Gema de Madrid, de Gualta (Gerona), de San Pablo de Vigo y a la
peregrinación procedente de Monachil (Granada). Os aliento, queridos hermanos y
hermanas, a ser fieles a vuestra vocación cristiana y a prestar la colaboración
que os sea posible, según vuestra condición, a vuestros sacerdotes y parroquias.
A todos os doy con afecto mi cordial bendición.
Muy agradecido también por la presencia en Roma de peregrinos y visitantes de
lengua portuguesa; a todos quiero saludar y bendecir cordialmente; y en
vosotros, a vuestros seres queridos. Saludo en particular al grupo de la
parroquia de Santo Domingo de Benfica de Lisboa (Portugal). Os deseo como fruto
de este encuentro, una conciencia renovada de vuestra vocación humana y
cristiana, conciencia de amor y bien para todos a la luz de Cristo, por un mundo
donde cada hombre sea más persona para gloria de Dios. Con la bendición
apostólica.
Deseo saludar a todos los grupos. A la peregrinación de la parroquia de San
Casimiro de Nowy Sacz; a la coral del politécnico de Wroclaw —como se ve y se
oye...—; a la peregrinación de la parroquia de San losé de Estetin; a los
peregrinos de Bolgoraj, Dydgoszcz y Resovia, y de Zambrow, Sypniew y Szamotuly;
también a la Dirección regional de los Ferrocarriles del Estado —ndt PKP— de
Tarnowskie Gory; a las delegaciones de Cracovia y Katowice de la Sociedad polaca
astronáutica; a los ferroviarios de Danzig; a la juventud académica de Danzig,
Varsovia y Lublín; a grupos de turistas de Varsovia y de otras ciudades de
Polonia, y a peregrinos procedentes de todo el país y del extranjero.
Queridísimos: Hoy deseo dirigirme a los jóvenes; no a los estudiantes
universitarios, puesto que la juventud académica está todavía de vacaciones,
sino a los muchachos de las escuelas de primero y segundo grado, elementales y
medias, superior e inferior, que han iniciado ya el año escolar. Por tanto y en
primer lugar deseo dar las gracias a estos jóvenes compatriotas míos por haberse
acordado de mí en las vacaciones, sobre todo durante mi permanencia en el
Policlínico Gemelli, por su recuerdo en la oración y sus abundantes cartas.
Deseo dar las gracias en particular a los jóvenes del Movimiento "OASIS" que me
han escrito muchas veces desde sus "oasis". A toda esta juventud que comienza el
año escolar, como ya he dicho, quiero augurarles que este año sea fructífero en
la edificación de su propia sabiduría y madurez, y provechoso también en la
construcción del bien común de toda nuestra patria. Estos augurios dirijo a toda
la juventud estudiantil e igualmente a sus educadores. Os bendiga Dios en este
nuevo año.
Vaya ahora un saludo cordial a los numerosos peregrinos italianos presentes en
la audiencia. Entre ellos deseo recordar ante todo a los participantes en el
congreso nacional UCEI de misioneros de emigrantes y delegados diocesanos de
este sector. La labor pastoral que desarrolláis, queridos hijos, ha cobrado
importancia creciente estos años. A la vez que os exhorto a perseverar en la
obra emprendida, sin desanimaros ante las dificultades que habéis de afrontar a
diario, os aseguro mi aprecio y mi recuerdo constante en la oración. Una palabra
ahora para la peregrinación siciliana que vuelve de Lourdes, presidida por mons.
Vittorio Mondello, obispo auxiliar de Mesina; para los peregrinos de la
parroquia de la catedral de Vittorio Véneto; para los feligreses de la parroquia
de San Pío X de la ciudad y diócesis de Iglesias; para el grupo de ancianas
sordomudas de las instituciones italianas "Filippo Smaldone"; y, en fin, para un
grupo de novicios de la Obra de Don Orione. A todos saludo y bendigo con afecto.
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