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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Castelgandolfo
Miércoles 9 de septiembre de 1981

 

Quiero saludar a mis hermanos en el Episcopado presentes en esta audiencia, y en primer lugar al Patriarca Maronita del Líbano. Esta presencia me ofrece la ocasión para expresar nuestro amor hacia su patria, el Líbano, que tanto sufre, y para asegurar nuestra continua plegaria por sus vicisitudes.

Queridísimos hermanos y hermanas:

Deseo dirigir un saludo cordial y afectuoso a cuantos estáis hoy aquí para rezar conmigo la oración mariana del "Ángelus". Pero quiero manifestaros también mi sincero agradecimiento por vuestra presencia. Este saludo y este sentimiento de gratitud los quiero extender a todos los que están escuchando mi palabra en este momento a través de los medios de comunicación social.

Y al disponernos a elevar nuestra plegaria a la Inmaculada Madre de Dios, no podemos dejar de recordar que ayer, 8 de septiembre, la Iglesia celebró en la liturgia la festividad de la "Natividad de la Beata Virgen María", "esperanza y aurora de salvación para el mundo entero" (Misal Romano, 8 de septiembre, Oración después de la comunión).

Es ésta una fiesta mariana profundamente arraigada en la devoción y el corazón de los fieles, que miran a María Santísima con confianza ardiente y conmovida esperanza, conscientes de que en el proyecto de Dios este nacimiento daba comienzo a los eventos salvíficos en los que María iba a estar estrechamente vinculada al Hijo.

Por consiguiente, debemos rebosar de alegría al recordar a la Madre de nuestro Redentor; porque —afirma San Pedro Damián— "si Salomón celebró solemnemente con todo el pueblo de Israel un sacrificio tan espléndido y munífico en la dedicación de un templo material, ¿qué gozo y cuánto regocijo no traerá al pueblo cristiano la Natividad de la Virgen María, a cuyo seno, como a templo santísimo, bajó Dios en persona para recibir de Ella la naturaleza humana, y se dignó habitar visiblemente en medio de los hombres? (Sermón 45: PL 144, 740 y s.).

A María "Niña" confiamos hoy nuestra humilde oración por el mundo y por la Iglesia.


Saludos

A los peregrinos y turistas de lengua francesa que han venido a rezar a la Virgen María con el Papa, me complazco en testimoniarles mi afecto, en particular a los queridos padres monfortianos reunidos en Roma en capítulo general. Su fundador, Luis María Griñón de Monfort, puede enseñarnos todavía hoy que la verdadera devoción a María debe llevarnos totalmente a Cristo, Sabiduría de Dios. A todos vosotros, a vuestros enfermos y a los niños, imparto con gozo mi bendición apostólica.

Presento también mi bienvenida cordial a los visitantes y peregrinos de lengua inglesa. Entre los grupos presentes está la peregrinación nacional de la Liga de Mujeres Católicas de Inglaterra, en el setenta y cinco aniversario de fundación; el coro del "Trinity College" de la universidad de Cambridge; y los cantores "Madrigal" de Filipinas. Que vuestra visita a Roma os proporcione gozo y nuevo vigor en la vida cristiana de cada día. Que Nuestro Señor os aumente la fe y os mantenga en su amor. A lodos, mi bendición apostólica.

Con gran alegría saludo a los visitantes y peregrinos de lengua alemana. Hoy están anunciados los grupos siguientes: Franciscanas de Reute (diócesis de Rotemburgo-Stutgart); peregrinación de coros de la archidiócesis de Bamberg; y peregrinos del periódico "Bayerischen Sonntagsblattes", en el centenario de la fundación. Os invitamos cordialmente a participar en nuestra oración universal. La oración nos une a Dios y entre nosotros. Sed cada vez más, hombres de oración. Practicad la oración en casa con vuestras familias y comunidades. Con esta intención os doy mi bendición apostólica.

Con verdadero placer saludo ahora a todos los peregrinos y grupos aquí presentes de lengua española, en especial a los grupos españoles de las parroquias de Santa Gema de Madrid, de Gualta (Gerona), de San Pablo de Vigo y a la peregrinación procedente de Monachil (Granada). Os aliento, queridos hermanos y hermanas, a ser fieles a vuestra vocación cristiana y a prestar la colaboración que os sea posible, según vuestra condición, a vuestros sacerdotes y parroquias. A todos os doy con afecto mi cordial bendición.

Muy agradecido también por la presencia en Roma de peregrinos y visitantes de lengua portuguesa; a todos quiero saludar y bendecir cordialmente; y en vosotros, a vuestros seres queridos. Saludo en particular al grupo de la parroquia de Santo Domingo de Benfica de Lisboa (Portugal). Os deseo como fruto de este encuentro, una conciencia renovada de vuestra vocación humana y cristiana, conciencia de amor y bien para todos a la luz de Cristo, por un mundo donde cada hombre sea más persona para gloria de Dios. Con la bendición apostólica.

Deseo saludar a todos los grupos. A la peregrinación de la parroquia de San Casimiro de Nowy Sacz; a la coral del politécnico de Wroclaw —como se ve y se oye...—; a la peregrinación de la parroquia de San losé de Estetin; a los peregrinos de Bolgoraj, Dydgoszcz y Resovia, y de Zambrow, Sypniew y Szamotuly; también a la Dirección regional de los Ferrocarriles del Estado —ndt PKP— de Tarnowskie Gory; a las delegaciones de Cracovia y Katowice de la Sociedad polaca astronáutica; a los ferroviarios de Danzig; a la juventud académica de Danzig, Varsovia y Lublín; a grupos de turistas de Varsovia y de otras ciudades de Polonia, y a peregrinos procedentes de todo el país y del extranjero. Queridísimos: Hoy deseo dirigirme a los jóvenes; no a los estudiantes universitarios, puesto que la juventud académica está todavía de vacaciones, sino a los muchachos de las escuelas de primero y segundo grado, elementales y medias, superior e inferior, que han iniciado ya el año escolar. Por tanto y en primer lugar deseo dar las gracias a estos jóvenes compatriotas míos por haberse acordado de mí en las vacaciones, sobre todo durante mi permanencia en el Policlínico Gemelli, por su recuerdo en la oración y sus abundantes cartas. Deseo dar las gracias en particular a los jóvenes del Movimiento "OASIS" que me han escrito muchas veces desde sus "oasis". A toda esta juventud que comienza el año escolar, como ya he dicho, quiero augurarles que este año sea fructífero en la edificación de su propia sabiduría y madurez, y provechoso también en la construcción del bien común de toda nuestra patria. Estos augurios dirijo a toda la juventud estudiantil e igualmente a sus educadores. Os bendiga Dios en este nuevo año.

Vaya ahora un saludo cordial a los numerosos peregrinos italianos presentes en la audiencia. Entre ellos deseo recordar ante todo a los participantes en el congreso nacional UCEI de misioneros de emigrantes y delegados diocesanos de este sector. La labor pastoral que desarrolláis, queridos hijos, ha cobrado importancia creciente estos años. A la vez que os exhorto a perseverar en la obra emprendida, sin desanimaros ante las dificultades que habéis de afrontar a diario, os aseguro mi aprecio y mi recuerdo constante en la oración. Una palabra ahora para la peregrinación siciliana que vuelve de Lourdes, presidida por mons. Vittorio Mondello, obispo auxiliar de Mesina; para los peregrinos de la parroquia de la catedral de Vittorio Véneto; para los feligreses de la parroquia de San Pío X de la ciudad y diócesis de Iglesias; para el grupo de ancianas sordomudas de las instituciones italianas "Filippo Smaldone"; y, en fin, para un grupo de novicios de la Obra de Don Orione. A todos saludo y bendigo con afecto.

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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