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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 6 de junio de 1982
Solemnidad de la Santísima Trinidad


1. Por medio de nuestra oración común del Ángelus deseo adorar hoy, de modo especial, a la Santísima Trinidad: al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo.

Recordamos el nombre de la Santísima Trinidad, esto es, de la realidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, en el misterio de la Encarnación, o sea, de la Anunciación.

Recordamos esta realidad inefable, la realidad del Dios viviente, en su acercamiento máximo al hombre: a este ser humano único, cuyo nombre es María de Nazaret y, a la vez, a todos los hombres: ¡a cada uno!

Creo en un solo Dios, Padre todopoderoso, creador del cielo y de la tierra, de todo lo visible y lo invisible, y en Jesucristo, su único hijo, nuestro Señor: que fue concebido por el Espíritu Santo, y nació de María Virgen.

Creo en el Espíritu Santo, Señor y dador de vida..., que con el Padre y el Hijo recibe una misma adoración y gloria, y que habló por los Profetas.

Que nuestra oración del Ángelus se haga hoy una particular profesión de fe en el Padre, en el Hijo y en el Espíritu Santo: en el Dios Trino y Uno, que se ha acercado cada vez más al hombre en el misterio de la Encarnación.

2. En el nombre de la Santísima Trinidad he celebrado los misterios de la fe y he administrado los sacramentos, durante la visita apostólica a Inglaterra, Escocia y Gales, en el tiempo de Pentecostés. De este modo he podido servir al Pueblo de Dios en Gran Bretaña y unirme con los obispos y sacerdotes de ese país, los cuales realizan constantemente este santo servicio.

Hoy quiero dar una vez más testimonio de esta unidad que se ha manifestado en la extraordinaria preparación espiritual de toda la Iglesia en Gran Bretaña. Por haber hecho posible esta preparación, incluso en el ámbito de los medios temporales, doy las gracias a todos aquellos a quienes es debida esta gratitud, y lo hago desde lo profundo del corazón.

A través del prisma de preparación espiritual de la visita del Papa a Gran Bretaña, adquiere una justa elocuencia también el diálogo ecuménico con la Comunión anglicana (Church of England) y, al mismo tiempo, con las otras comunidades de los cristianos.

De todo esto trataré más ampliamente el próximo miércoles durante la audiencia general.

3. En la tarde tendré la satisfacción de conferir, en el nombre de la Santísima Trinidad, la ordenación sacerdotal a numerosos candidatos provenientes de varias partes del mundo.

Que esto se convierta en una preparación especial a la solemnidad, ya cercana, del Santísimo Cuerpo y Sangre de Cristo, que celebramos, en la dimensión eclesiástica, el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad y, por lo tanto, este año, el día 10 de junio.

A la procesión eucarística, que es una manifestación particular del culto público al Cuerpo de Cristo, invito al clero y a los fieles de Roma, ese día, a las 18 horas, en la plaza de San Juan de Letrán, donde celebraré la Santa Misa, al término de la cual presidiré la procesión hasta la basílica de Santa María la Mayor.

El mismo día, al anochecer, iré a Argentina, de acuerdo con el anuncio hecho en la carta dirigida a aquella nación, el 25 del pasado mes de mayo.

Encomiendo a la oración de todos estas iniciativas importantes de mi ministerio.

© Copyright 1982 - Libreria Editrice Vaticana

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