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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 22 de enero de 1984



1. En el tiempo de Adviento y en las festividades navideñas hemos contemplado largamente a la Virgen María junto a Cristo. Nos hemos acercado al misterio de Navidad y hemos encontrado al Niño con María, "al Niño y a su Madre" (Mt 2, 11. 13).

Al adorar al Hijo hemos encontrado a la Madre y la hemos proclamado bienaventurada, ante todo y sobre todo por su fe (cf. Lc 1, 45; 11, 28).

2. La fe jamás es fácil, y ciertamente no lo fue para María. Lo destacan los repetidos elogios que la celebran por su fe: iluminan el valor, calidad y, claro está, las dificultades de su creer. Por otra parte, lo subrayan explícitamente estas palabras del Evangelista: "Ellos no entendieron'' (Lc 2, 50). Lucas no tiene miedo de hacer notar la dificultad y hasta el no comprender María y José las palabras y el misterio del Hijo.

El "no comprender" María, José y en general los discípulos, es bien distinto evidentemente de la incredulidad de cuantos no tienen fe en Jesús. Se trata de la dificultad de penetrar a fondo y enseguida en la profundidad insondable de la persona y misterio de Cristo. Pero es un "no comprender" momentáneo que lleva a la reflexión, meditación y actitud sapiencial tan característica de la Madre de Jesús, que custodiaba y meditaba palabras y acontecimientos en su corazón (cf. Lc 2, 19. 51).

3. La fe es una luz, sí, pero no es comprensión exhaustiva del misterio. Por el contrario, es fiarse de Dios y de su palabra que trasciende los límites de la razón humana. Es apoyarse en Él buscando y encontrando en esta actitud la propia firmeza y confianza. Es ésta la disposición interior de María expresada una vez por todas en la Anunciación: "He aquí a la sierva del Señor; hágase en mi según tu palabra" Gran fe la de María, fe sufrida y feliz; es la fe de quienes no habiendo visto han creído (cf. Jn 20, 29).

La existencia de la Virgen, como la nuestra, avanza día tras día en la fe y la no visión. "Así avanzó la Virgen María ―dice el Concilio― en la peregrinación de la fe y mantuvo fielmente su unión con el Hijo hasta la cruz" (Lumen gentium, 58).

Nos acompañe Ella, la creyente, por los misteriosos senderos de Dios.

 

© Copyright 1984 - Libreria Editrice Vaticana

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