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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Sábado 8 de diciembre de 1984 Solemnidad
de la Inmaculada Concepción de María
1. "Cantad al Señor un cántico nuevo" (Sal
97/98, 1).
Estas exultantes palabras de la
liturgia invitan hoy a toda la Iglesia.
"El Cántico nuevo" es
la Inmaculada Concepción de Aquella que fue predestinada a ser la Madre del
Hijo de Dios en el misterio de la Encarnación.
La Iglesia eleva este cántico hoy,
en este período de Adviento, que anuncia el cumplimiento de tal misterio.
2. "Cantad al Señor un cántico nuevo, /
porque ha hecho maravillas. / Su diestra le ha dado la victoria, / su santo
brazo".
En otro tiempo las palabras de este
cántico testimoniaron la salida de la esclavitud de Egipto.
Hoy proclaman la preservación de la
esclavitud del pecado. Refieren el milagro de la gracia de Dios. Este
milagro es una victoria aún más grande que la que el Dios de Israel consiguió
sobre los opresores de su Pueblo.
El milagro de la Inmaculada Concepción
es la victoria de Cristo-Redentor. El pecado, como herencia de
Adán ―el pecado original― fue vencido en el primer instante de la concepción de
Aquella que fue elegida para ser la Madre del Redentor.
Este milagro de la gracia fue realizado
por la "diestra" y el "santo brazo" de Aquel que fue clavado en la cruz
por la redención de los pecados de toda la humanidad.
¡La que fue elegida eternamente para
ser su Madre, fue redimida de modo privilegiado!
3. He aquí el signo del "nuevo
comienzo", la revelación de la "nueva vida" en las profundidades más íntimas del
ser humano.
He aquí el testimonio innegable
de la salvación: ¡Dios es Salvador!
"Los confines de la tierra han contemplado / la victoria de
nuestro Dios" (Sal 97/98, 3).
La Iglesia en Roma ―y en todos los
confines de la tierra― entona el cántico de la Inmaculada Concepción. Con este
cántico proclama la obra de la salvación, que se realiza por voluntad de Dios en
la historia del hombre sobre toda la tierra.
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1984 - Libreria
Editrice Vaticana
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