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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo
6 de enero de 1985
Fiesta de la Epifanía del Señor
1. Queridos hermanos y hermanas:
En la hora dedicada a la oración del "Ángelus" repetimos: "Y el
Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros" (Jn 1, 14), expresando así el
contenido más profundo del misterio de Navidad. Repetimos estas palabras del
Evangelio de San Juan uniéndonos a la Virgen Madre de Dios, en quien se cumplió
el misterio de la Encarnación, en la que y por la que "el Verbo se hizo carne".
Al mismo tiempo contemplamos este misterio con los ojos de los
tres Magos de Oriente. Contemplamos con los ojos de la Epifanía.
Los tres Magos llegaron a Belén. Siguieron la luz de la estrella
y "vieron al Niño con María, su Madre, y cayendo de rodillas lo adoraron... y le
ofrecieron regalos: oro incienso y mirra" (Mt 2, 11). Los ojos de la fe les
consintieron ver al Verbo hecho carne. Al Verbo que estaba junto a Dios, que era
Dios (según las palabras del Evangelio de Juan 1, 1), y se hizo carne.
2. Hoy la Iglesia penetra hasta lo hondo del hombre. Llega a su
intimidad, intimidad en la que se juega el drama divino-humano de la Epifanía a
través de la fe.
Y la Iglesia repite las palabras del Profeta Isaías:
"Mira: las tinieblas cubren la tierra, / la oscuridad los
pueblos, / pero sobre ti amanecerá el Señor" (60, 2).
La Iglesia ora por cada hombre, para que sus ojos interiores
traspasen las tinieblas y experimenten el gozo de la Epifanía, el gozo del
conocimiento de Dios, el gozo de la fe, el gozo que sintieron los tres Reyes de
Oriente.
3. A través del misterio de este día solemne, pensamos hoy en
cada uno y, por tanto, en todos. Pensamos en especial en los misioneros y
misioneras; mas también pensamos juntos en cuantos son de algún modo mensajeros
de la Buena Noticia en cualquier lugar, servidores de la fe. Toda la Iglesia es
por naturaleza misionera, y este servicio, el servicio de la fe, es misión de
cada uno y de todos.
Con este espíritu oremos por todos.
© Copyright 1985 - Libreria Editrice
Vaticana
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