JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domingo
8 de febrero de
1987
1. El tema del próximo Sínodo de los
Obispos sobre la "Vocación y misión de los laicos en la Iglesia y en el mundo"
tiene raíces profundas en el Concilio Vaticano II que ha presentado a los fieles
laicos como miembros activos y responsables de la Iglesia, investidos de
su misión de salvación. Lo ha hecho tanto a nivel doctrinal como pastoral, en el
contexto de la "eclesiología de comunión" que impregna todos sus textos, de modo
que en cada uno de ellos está presente el papel del laicado.
De esta forma ha dado un planteamiento
nuevo, eminentemente positivo, a la función de los laicos en el tejido del
"Pueblo de Dios" y del "Cuerpo místico de Cristo"; ha abierto amplias
perspectivas a sus peculiares carismas y a su creatividad.
2. Del denso patrimonio conciliar ha
surgido un florecimiento de notable riqueza y eficacia.
La participación de los seglares en la
vitalidad eclesial se ha ampliado e intensificado sensiblemente. Resulta
evidente en las celebraciones litúrgicas, y se extiende a otros sectores, como
la catequesis y las distintas formas de apostolado, y más específicamente al
ministerio de salvación integral que la Iglesia ofrece con espíritu solidario al
hombre de nuestro tiempo.
Uno de los fenómenos positivos que se
advierte más comúnmente es el desarrollo del asociacionismo, tanto en el mundo
de los adultos como entre la juventud. Han nacido nuevos movimientos, se han
fundado espontáneamente comunidades cristianas con el afán de un enriquecimiento
espiritual de sus miembros y de un impulso misionero más generoso. Hombres y
mujeres de todas las edades han tomado este empeño. En muchos ambientes la
contribución de la mujer, y especialmente de la madre, es decisiva.
3. Por los signos externos ―he
recordado sólo algunos― se puede deducir, como fruto del acontecimiento
conciliar, una maduración de la "conciencia de Iglesia" en el laicado católico.
Pero el darse cuenta de que también los
fieles laicos son constitucionalmente Iglesia, es algo que se ha enraizado más
profundamente y más ampliamente también en los demás sectores del "Pueblo de
Dios", sobre todo en la jerarquía, a la que el Concilio le ha asignado la
obligación apremiante de promover sinceramente el reconocimiento concreto de la
dignidad de los laicos.
4. En esta perspectiva se puede
calcular la importancia de la próxima Asamblea sinodal.
A más de veinte años después del
Concilio hay que preguntarse sobre los frutos que se han derivado de él en el
campo de la participación laical en la misión de la Iglesia. "Esto llevará a
empeñarse con más eficacia en conseguir que tales frutos sean propios no sólo de
una élite, sino también y capilarmente del conjunto de los laicos mismos" (n. 4:
L'Osservatore Romano, Edición en Lengua Española, 27 de mayo de 1984.
pág. 12).
Recemos a la Virgen, Esposa mística del
Espíritu Santo, para que ilumine, en la preparación de su gran tarea, a los que
van a participar del próximo Sínodo.
Después del Ángelus
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española, de modo particular al
grupo de “quinceañeras”, alumnas de los Colegios católicos de Panamá, presentes
ahora en la Plaza de San Pedro.
Os deseo, queridas jóvenes, que esta celebración tan sentida, el paso a la
juventud, signifique una nueva etapa de responsabilidad en la vida, para que,
mediante el seguimento fiel de Cristo, sepáis ser en vuestra sociedad artífices
de convivencia fraterna. Llevad también el saludo del Papa a vuestras familias,
compañeras de estudios y a la amada Nación panameña.
© Copyright 1987 - Libreria Editrice Vaticana
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