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VIAJE APOSTÓLICO A ESTADOS UNIDOS Y CANADÁ

JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 13 de septiembre de 1987

 

1. Al final de esta celebración eucarística, os invito a uniros conmigo en la oración del Ángelus.

Siempre que nos dirigimos a María, la Madre de Dios, en la oración, recordamos que Ella es "llena de gracia". Así la saludó el Arcángel Gabriel en el momento de la Anunciación: "Salve, llena de gracia, el Señor es contigo" (Lc 1, 28). Y, en efecto, estas palabras del Ángel son verdaderas. De todas las personas que Dios ha creado, sólo Ella estuvo siempre sin pecado. Desde el primer momento de su vida Ella estuvo en comunión con el Padre, con el Hijo y con el Espíritu Santo. María respondió a este gran don de Dios con disponibilidad y generosidad: "Hágase en mí -dijo- según tu palabra" (Lc 1, 38).

2. Como María, también a nosotros se nos ha concedido el don de la gracia de Dios, aunque no hayamos recibido su plenitud. Como María, estamos llamados a responder, a estar abiertos a la Palabra de Dios, a ser generosos en el decir sí a Dios. Para nosotros eso significa hacer la voluntad de Dios, viviendo de acuerdo con sus mandamientos, sirviendo a nuestro prójimo, rechazando el pecado. En otras palabras, con María debemos responder con amor al amor de Dios.

Dirijámonos, pues, a María, a quien honramos con diversos títulos, pero que hoy en San Antonio veneramos con el título especial de Nuestra Señora de Guadalupe.

 

© Copyright 1987 - Libreria Editrice Vaticana

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