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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 4 de diciembre de 1988

 

Queridísimos hermanos y hermanas:

1. La reciente fiesta del gran Apóstol Andrés hacia el que los cristianos de Oriente tienen una devoción especial, nos lleva a dirigir hoy nuestro pensamiento a los lugares marianos queridos por nuestros hermanos de rito ortodoxo. Entre los numerosos santuarios en que se venera a la Virgen y que son meta de las peregrinaciones de los fieles, escogemos hoy para nuestro habitual momento de oración, el monasterio de Studenica situado en una encantadora zona de Serbia.

Este monasterio debe sus orígenes al Príncipe Esteban Nemanja, fundador del Estado serbio. Hacia el final de su vida el Príncipe Esteban se retiró allí y abrazó el hábito monástico con el nombre de Simeón. Enseguida, en compañía del más joven de sus hijos, Sava, se retiró al Monte Athos donde fundó el monasterio de Chilandar, en el que después murió. Desde aquí su hijo Sava trasladó sus reliquias a Studenica.

2. En el centro del monasterio se yergue la magnifica iglesia de la "Virgen Inmaculada, Nuestra Señora" dedicada a la Asunción de la Virgen.

La arquitectura de esta iglesia reúne, en una síntesis feliz, el estilo románico y el bizantino. Su ciclo de frescos constituye el ejemplo más bello de la pintura bizantina de la Escuela serbia. La imagen de la Virgen de Studenica, las escenas de la Anunciación, de la Presentación en el templo, de la Crucifixión y de la Dormición ayudan a los fieles que se acercan en peregrinación a este lugar, a incluir a la Virgen en la devoción que tienen hacia Cristo.

3. Que la Virgen de Studenica ayude a todos sus hijos de Serbia para que sean indefectiblemente fieles a ese rico patrimonio religioso que han vivificado tantos santos. Que María, a quien nos disponemos a venerar en su Inmaculada Concepción, interceda ante su Hijo Jesús para que llegue pronto el día en que católicos y ortodoxos, plenamente reconciliados entre sí, puedan celebrar juntos la Eucaristía y dar gracias a su Madre común por la unidad reencontrada, con un solo corazón y una sola voz.


Después del Ángelus

Dirijo ahora mi más cordial y afectuoso saludo a la numerosa peregrinación de Pastores y fieles, venidos de Cataluña, España, que han querido conmemorar también en Roma el Milenario de Cataluña.

Com un pare que estima els seus fills, us saludo avui, estimats catalans, que amb esperit comunitari i de festa ompliu de alegria la plaça de Sant Pere amb la sardana i les torres humanes. Que aquesta presència a Roma sigui una nova expressió de la tradició cristiana, tan unida a la vostra història.

De tot cor us encomano a la “Moreneta”, Nostra Senyora de Montserrat. Fins demà, si Déu vol.

 

© Copyright 1988 - Libreria Editrice Vaticana

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