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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 1 de octubre de 1989

 

Antes de concluir con la plegaria del Ángelus esta liturgia, deseo recordar que dentro de algunos días tendrá inicio el 44° Congreso Eucarístico Internacional en Seúl, Corea, a donde acudiré también yo el día 6 de este mes. El tema de esta solemne asamblea mundial es "Christus, pax nostra", "Cristo, nuestra paz".

Os invito a todos a uniros espiritualmente a este importante acontecimiento eclesial y a pedir a Jesús en la Eucaristía el don de la paz, que sólo Él, y no el mundo, puede dar. Ante todo, la paz con Dios Padre, con quien Jesús nos ha reconciliado mediante su sangre; luego, la paz con los hombres, puesto que Cristo, nuestra paz, ha derribado todo muro de separación, que divide y contrapone a las naciones (cf. Ef 2, 14).

En la perspectiva del gran bien de la paz, presidiré el miércoles por la mañana en esta plaza una "liturgia de la Palabra" para elevar a Dios una angustiosa oración en favor del Líbano, al que tantos años de guerra han llevado al borde de la destrucción total. Confío en que muchos vengan a participar en este encuentro, al que seguirán, como espero, iniciativas semejantes en las diversas Iglesias locales.

Supliquemos el don de la paz en el Líbano y en el mundo entero por la intercesión de los nuevos Beatos, que en la fe y en la participación en la mesa eucarística encontraron la fuerza necesaria para dar testimonio del amor hacia todos incluso en medio de las persecuciones. convirtiéndose así en verdaderos constructores de paz.

Encomendemos nuestra oración a la Virgen Santísima, "Reina de la paz". El mes de octubre, que hoy da comienzo, está dedicado a Ella. No dejemos de invocarla cada día con la hermosa oración del rosario. Su celeste ayuda reforzará el compromiso de cada uno al servicio de la paz.

Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, presentes aquí para la beatificación de los 26 mártires pasionistas de Daimiel y de la religiosa Francisca-Ana Cirer de Mallorca.

Que su ejemplo de vida y su respuesta total a la vocación, incluso con el martirio, ayude a todos a una entrega más profunda a los demás, para ser así auténticos testigos de Cristo ante el mundo.

Dirijo un cordial saludo también a todos los peregrinos de lengua italiana reunidos para la beatificación del Padre Lorenzo Maria Salvi, pasionista, y de la Madre Gertrudis Comensoli, fundadora de las Religiosas Sacramentinas de Bérgamo. Saludo en particular a todas las religiosas de ese instituto y a los fieles de Bérgamo.

 

© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana

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