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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 19 de noviembre de 1989

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

Desde hace varios días el mundo entero sigue con profunda inquietud los trágicos sucesos que están trastornando el país centroamericano de El Salvador, con centenares de muertos y millares de heridos, muchos de los cuales son mujeres y niños inocentes. También seis padres de la Compañía de Jesús fueron bárbaramente asesinados en su residencia universitaria en el lugar mismo donde llevaban a cabo su actividad.

Las noticias que siguen llegando desde allá confirman que la lucha fratricida prosigue con despiadada violencia y que el número de víctimas crece cada día más. No es posible permanecer insensibles ante tan injustificado derramamiento de sangre, ante el sacrificio de tantas personas, ante el dolor de sus familias, y ante el sufrimiento de todo un pueblo extenuado e indefenso.

Con un mensaje personal enviado el jueves pasado al arzobispo de San Salvador hice un llamamiento al sentido de responsabilidad de todos para que se ponga fin a los sangrientos combates y se vuelva a tomar el camino del diálogo a fin de lograr una plena reconciliación nacional. Hoy renuevo esta angustiosa invitación a todas las partes interesadas para que se restablezca un clima de concordia en aquel amado país y se abran nuevas posibilidades de desarrollo no sólo para El Salvador sino también para toda la región centroamericana.

La Iglesia en Italia celebra hoy la Jornada Nacional de los Emigrantes.

Esta es una cita de oración y de reflexión para todos cuantos viven aún la experiencia fatigosa de la emigración por motivos de trabajo.

Es preciso mirar a los emigrantes con ánimo abierto y tomar cada vez más conciencia de los deberes de hospitalidad, de solidaridad y de colaboración.

Los emigrantes son portadores de procesos sociales y culturales destinados a influir en el futuro: por eso merecen ser considerados con atento discernimiento y con la fraternal caridad que sugiere el Evangelio.

Pasado mañana, fiesta de la Presentación de María Santísima en el Templo, se celebrará la Jornada en favor de las religiosas de clausura. Os invito desde ahora a uniros a la oración que todos los cristianos elevarán por nuestras hermanas que viven en clausura. No debemos perder de vista la importancia de la vida contemplativa para el bien espiritual de toda la Iglesia y de toda la humanidad. Sostengamos con empeño fraterno y solidario a estas almas consagradas a la continua alabanza de Dios y a la intercesión por todos los hombres.

Por todas estas intenciones dirijámonos ahora a María, Madre de la Iglesia rezando el "Angelus Domini".


Después del Ángelus

Saludo con afecto a las Comunidades Neocatecumenales de las Parroquias de San Isidoro Obispo y de San Antonio Abad, de Valencia (España), y les aliento a perseverar con renovado dinamismo apostólico en el camino de seguir a Cristo.  

 

© Copyright 1989 - Libreria Editrice Vaticana

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