JUAN PABLO II
REGINA CAELI
Domingo 20 de mayo de 1990
Ha llegado ahora el momento del rezo
del Regina coeli al concluir esta solemne celebración eucarística, durante la
cual hemos tenido el gozo de elevar a Pier Giorgio Frassati al honor de los
altares.
Dirijo un saludo especial y un
respetuoso agradecimiento al Señor Presidente de la República Italiana y a toda
la Delegación que lo acompaña, por haber honrado con su presencia esta solemne
beatificación de un hijo de la nación italiana.
Quisiera también saludar con particular
afecto a todos los miembros de la familia Frassati presentes aquí.
Saludo una vez más a los jóvenes aquí
presentes, tan numerosos, y en particular a los de la Acción Católica, a la que
perteneció el nuevo beato; así como a los jóvenes universitarios, y a los
miembros de las asociaciones juveniles y de las escuelas católicas.
Si estos saludos se refieren a todos
los jóvenes italianos, y a todos los italianos, se refieren de modo especial a
los jóvenes de la diócesis de Turín y de todo el Piamonte.
Queridos jóvenes, os invito a imitar el
ejemplo del nuevo beato. Recogeos también vosotros a menudo en la oración y en
la meditación junto a la Madre del Redentor, para fortalecer vuestra fe y para
inspirar vuestro servicio a Cristo y a la Iglesia en el modelo de vida de María
Santísima. De esta forma os empeñaréis con entusiasmo y alegría en la nueva
evangelización, para hallar las soluciones que correspondan a las exigencias de
la vida espiritual y civil de nuestro tiempo.
A la Reina del cielo, espléndida
testigo de la alegría de la Resurrección, pedimos que las generaciones juveniles
de hoy sepan buscar y descubrir la verdadera alegría y el sentido de la
existencia en la luz de Cristo resucitado y en el compromiso de una vida siempre
recta, generosa y pura.
Hoy recordamos también el cuarto
centenario de la terminación de la cúpula de la basílica de san Pedro, que tuvo
lugar el 21 de mayo de 1590, bajo el pontificado de Sixto V.
Esta inmensa construcción, que corona
el templo vaticano e indica a Roma y al mundo entero el lugar del martirio y del
sepulcro del Pescador de Galilea, llamado por Cristo a ser pastor de toda su
grey, fue erigida para la gloria de san Pedro. Esta obra maravillosa, que hace
tan magnífica la imagen de Roma, recuerda que aquí está la sede en la que el
Sucesor de Pedro continúa proclamando al mundo: "Tú eres el Cristo, el Hijo de
Dios vivo" (Mt 16, 16).
A todos renuevo mi bendición.
© Copyright 1990 - Libreria Editrice Vaticana
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