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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 17 de marzo de 1991

 

1. Leyendo la encíclica Rerum novarum, se puede apreciar que todo el razonamiento de León XIII sobre la cuestión obrera y su solución justa discurre en el ámbito del orden moral y, más precisamente, en el de la ley divina, expresada sintéticamente en el Decálogo; en el de las leyes humanas, promulgadas de modo justo; en el de las virtudes personales y sociales, que hay que poner en práctica; en el de los deberes de caridad y justicia, que incumben tanto al empresario como al trabajador; en el del amor a los pobres, y en el de la fraternidad cristiana.

Como es sabido, algunos han tachado el texto pontificio de "moralizador" y abstracto, es decir, extraño a la "historicidad" de las cuestiones y las controversias de la sociedad de fines del siglo XIX. Pero tal vez hoy, más que ayer, somos capaces de ver cuán importante y oportuno fue el llamamiento del Papa León a los principios morales. Ya se han experimentado las consecuencias nefastas que derivan de una concepción autónoma y amoral de la economía y la política, y hoy se advierte nuevamente la exigencia de que la ética regule las relaciones sociales.

2. El sentido de la encíclica del Papa León XIII era el de indicar, tanto a las partes implicadas en el conflicto social de entonces —obreros y empresarios— como al Estado en su calidad de garante del bien común la vía justa para construir una sociedad a medida del hombre; una sociedad en la que la clase trabajadora no estuviera "oprimida por pesos injustos o envilecida por pactos contrarios a la personalidad y la dignidad humana"; una sociedad en la que el Estado tuviera la misión de "proteger los derechos" de todas las personas, "asegurar a cada uno lo suyo" "velar de manera especial por las necesidades de los más débiles y pobres", ayudar a los trabajadores a que "mejoren su propia condición honestamente" y protegerlos frente a los condicionamientos de la demagogia y las tentaciones de la violencia.

Así se explica la referencia del Papa a los bienes del alma y, de manera especial al fundamento de todo derecho que es la imagen divina en el espíritu humano; por ella, "todos los hombres son iguales y no existen diferencias entre ricos y pobres, amos y siervos, monarcas y súbditos, pues todos son dignos de respeto, amor y protección.

Hoy nos preguntamos si el "retorno" a la ética, tan invocado en la actualidad, es posible sin una referencia concreta al hecho religioso tal como se presenta, por lo menos implícitamente, en el reconocimiento de los valores absolutos que constituyen el patrimonio de las grandes civilizaciones surgidas del monoteísmo. Aquí se hace indispensable afirmar, junto con León XIII, que de hecho ha sido el Evangelio de Cristo el que "ha transformado profundamente la sociedad" y que, "si los males del mundo tienen remedio, éste no puede consistir sino en el retorno a la vida y a las costumbres cristianas".

3. No podemos olvidar que Cristo es el Verbo eterno de Dios que asumió la naturaleza humana, no sólo para dar cumplimiento al orden universal, sino también para llevar a cabo su redención. La Encarnación es el acontecimiento decisivo de la historia, de Él depende la salvación tanto del individuo como de la sociedad en todas sus manifestaciones. Si falta Cristo, al hombre le falta el camino para alcanzar la plenitud de su elevación y de su realización en todas sus dimensiones, sin excluir la esfera social y política.

Pidamos a la Santísima Virgen que obtenga para todos los hombres y todos los pueblos la gracia de Cristo que —por caminos visibles e invisibles— lleva hacia el bien verdadero del hombre, incluso en su dimensión social.

* * *

Llamamiento del Papa en favor de una niña de Huelva

En Huelva, España, una familia vive un gran drama por la desaparición de una niña de nueve años, Ana María Jerez, que desde el 19 de febrero pasado falta de su casa. Al dirigir mi llamado a las personas responsables para que devuelvan al seno de su hogar a la pequeña Ana María, deseo asegurar mi solidaridad y cercanía a sus padres, tan probados en esta hora de dolor, junto con mi recuerdo en la oración.

 

© Copyright 1991 - Libreria Editrice Vaticana

 

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