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JUAN PABLO II

REGINA CAELI

Lunes 1 de abril de 1991

Hoy es el segundo día de la octava de Pascua. Ayer fue la solemnidad de Pascua, y hoy es lunes de Pascua. En Italia existe la hermosa tradición de llamar a este día "Pasquetta", pero yo no quiero hablar de la "Pasquetta".

Hoy también otro nombre para indicar este día: el día o la fiesta del «Ángel». Es ésta una tradición muy bella, que corresponde profundamente a las fuentes bíblicas de la resurrección. Recordemos la narración de los evangelios sinópticos, cuando las mujeres van al sepulcro y lo encuentran abierto. Temían no poder entrar, pues el sepulcro había sido cerrado con una piedra muy grande. Por el contrario, estaba abierto. Desde dentro, oyeron las palabras "Jesús de Nazaret no está aquí".

Por primera vez se pronuncian las palabras «ha resucitado». Los evangelistas nos dicen que estas palabras fueron pronunciadas por ángeles. Hay un significado profundo en esta presencia y proclamación angélicas. Del mismo modo que un ángel, Gabriel, tenía que anunciar la encarnación del Verbo, del Hijo de Dios, así también para expresar por primera vez las palabras «ha resucitado», la resurrección, no era suficiente un sujeto humano, no bastaban las palabras humanas. Era necesaria la presencia de un ser superior, porque para el ser humano esta verdad «ha resucitado», y las palabras que la comunican es tan desconcertante e increíble, que quizá ningún hombre se habría atrevido a anunciarla.

Después de este primer anuncio, se empieza a repetir: «El Señor ha resucitado y se ha aparecido a Pedro a Simón» pero el primer anuncio exigía una inteligencia superior a la humana. Así, pues, esta fiesta del Ángel —por lo menos como la entiendo yo— completa la octava de Pascua. En las lecturas bíblicas y en los pasajes evangélicos se lee siempre acerca de estos ángeles, pero la fiesta italiana destaca el momento de esta presencia angélica; no sólo la destaca, sino que además explica el porqué de este momento de la resurrección. Más allá de la comprobación humana de que el sepulcro estaba vacío, era necesaria otra, pero sobrenatural: «Ha resucitado».

 

© Copyright 1991 - Libreria Editrice Vaticana

 

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