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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Domegge Domingo 30 de agosto de 1992
1. «En aquellos días... María se fue con prontitud a la
región montañosa» (Lc 1, 39).
Es una peregrinación de fe y de servicio la que nos describe el
evangelista Lucas en el relato que acabamos de proclamar. La realiza María
visitando a su anciana prima Isabel, impulsada por el celo de la caridad.
Queridos hermanos y hermanas dejemos que la palabra de Dios nos guíe
también a nosotros en la peregrinación diaria del compromiso cristiano.
El evangelio nos invita hoy a caminar junto con la Madre de Dios
«hacia la montaña», mientras nuestra mirada se extiende hacia los montes de este
valle fondo encantador de nuestro encuentro.
Vuestros montes nos hacen experimentar la fatiga de la subida,
forjan el carácter con escaladas valientes y dan serenidad al espíritu en
contacto con la naturaleza.
En estos días de convalecencia y descanso he caminado por los
bosques de vuestras montañas, apreciando las bellezas naturales y admirando los
paisajes majestuosos del Cadore. Y sobre todo he podido rezar por la Iglesia y
el mundo.
2. He rezado también por vosotros queridos habitantes de
Domegge. Vengo hoy para realizar la visita que había sido programada para el 19
de julio pasado; me alegra poder encontrarme con vosotros. Os saludo a todos
cordialmente.
Saludo con estima y afecto al pastor de la diócesis el querido mons.
Maffeo Ducoli. Saludó con deferencia a las autoridades regionales y provinciales
aquí presentes; al alcalde de Domegge y a las autoridades civiles y militares
que han intervenido en nuestro encuentro.
Me dirijo con atención especial a los representantes de la
Asociación nacional de fábricas de artículos ópticos y a los de la Asociación
provincial de Belluno. La producción de instrumentos ópticos ha hecho conocer en
todo el mundo, en particular, el Cadore, el valle Agordina y toda la provincia de
Belluno. Se trata de una industria y de un artesanado surgidos en esta zona en
la segunda mitad del siglo pasado y que aquí se ha desarrollado hasta llegar a
constituir un motivo de orgullo y una fuente importante de trabajo y de rédito
para vuestra tierra. Invoco la bendición del Señor sobre vosotros y vuestras
actividades.
Quisiera subrayar aquí la honradez y la laboriosidad que
distinguen a vuestras poblaciones así como el apego a los valores espirituales,
que han hecho fecundo vuestro compromiso social y religioso.
No permitáis nunca que el viento de la indiferencia y del consumismo
apague en vosotros el entusiasmo de la fe. Mantened vivos los valores de la
hospitalidad, siguiendo la inspiración mas auténtica de vuestra tradición,
cultivad la solidaridad y la colaboración fraterna. Sabed, por tanto, acoger con
ánimo abierto a cuantos llegan aquí por motivo de trabajo o por turismo. Ojalá
que vuestras casas sigan siendo hogares auténticos de fe y de acogida, como lo
fueron siempre en el pasado.
Que la sonrisa de los niños alegre las casas de las familias
jóvenes. La vida naciente, acogida con amor, lleva siempre en sí una
razón de esperanza valerosa y de confianza renovada en el futuro.
3. Amad y acoged a Cristo, «Pan partido y entregado a
los hermanos».
Este es el tema de vuestro próximo Congreso eucarístico
diocesano. Bien sabéis que sólo de la relación personal con Cristo,
encontrado en el sacramento eucarístico y recibido bajo las especies del «pan
partido», brota la disponibilidad plena a la solidaridad para con los hermanos.
De la palabra de Dios, que se vuelve alimento de los creyentes en la
mesa eucarística, provienen la luz y el vigor necesarios para caminar por los
senderos del anuncio evangélico y del testimonio operante al servicio del
prójimo.
Comunidad eclesial de Belluno-Feltre quieres proseguir en el
nuevo año pastoral la misión ardua de la evangelización y de la caridad,
quieres vivir con ardor las orientaciones pastorales elaboradas por el
Episcopado italiano para el decenio 1990, que se abre hacia el tercer milenio
cristiano.
El Papa te alienta en estos propósitos y te asegura el apoyo de su
oración.
Ponte en viaje con María; camina con ella.
4. Dentro de poco bendeciré la estatua de la Virgen de
Lourdes, que será colocada en el Nevegal, colina que domina la ciudad de Belluno,
donde se está construyendo una iglesia dedicada a ella.
Los residentes, y los numerosos veraneantes y turistas, podrán
encontrar en María una Madre que los acoge los orienta hacia Dios los consuela
en la aflicción y les ayuda a recuperar el sentido verdadero de la existencia.
Podrán encontrar en María una Madre que camina con ellos.
Madre inmaculada de Dios y de los hombres, a quien mi
venerado predecesor Juan Pablo I invocó como «fúlgida estrella de su
pontificado» (Radiomensaje al mundo del 27 de agosto de 1978), conduce a
tus hijos a Jesús. Mira con benignidad al pueblo que te invoca con fe, reaviva
en él el amor y la participación en la eucaristía; asiste a los jóvenes, suscita
numerosas y santas vocaciones sacerdotales y religiosas, concede paz y unidad a
las familias, da trabajo a los obreros y haz que lo realicen en un clima de
colaboración justa y fraterna.
Consuela a los enfermos, a los ancianos que se encuentran solos y
sufren. Protege a los emigrantes: muchos de ellos, aunque en este momento se
hallan lejos de esta amada tierra de Belluno, están unidos espiritualmente a
nosotros.
Oh gloriosa Reina del cielo, oh clemente, oh piadosa, oh dulce
Virgen María, extiende sobre todos el manto de tu protección materna.
* * *
Después del Ángelus
Dirijo ahora un saludo particular al grupo de las Pequeñas
religiosas de la Sagrada Familia, aquí presente, que ha venido a Italia
procedente de Brasil y de Argentina para celebrar el centenario de la fundación
de su instituto realizada por mons. Giuseppe Nascimbeni, a quien tuve la alegría
de proclamar beato en 1988, y en Verona. Queridas religiosas, en estos cien años
vuestra congregación se ha desarrollado de forma notable, tanto en Italia como
en el extranjero. Por ello, dad gracias al Señor e imploradle una entrega
renovada a fin de encarnar los valores originarios del instituto en el mundo
actual. Que la Sagrada Familia de Nazaret os inspire siempre.
Saludo luego, a los jóvenes que aquí representan a sus coetáneos de
la diócesis de Belluno-Feltre. Albergo la esperanza, queridos jóvenes, de que
caminéis siempre, como María y con su ayuda, por los senderos arduos pero
fascinantes de la subida hacia la santidad.
Dirijo un cordial saludo también a los responsables parroquiales de
la Acción Católica de la diócesis de Vittorio Veneto que participan en un
campamento de verano en Auronzo.
Y ahora, trasladándome idealmente al pie de la gran cruz puesta por
las comunidades de Kartitech y Comelico Superiore en la cima del monte Cavallino,
me uno a las representaciones tirolés y cadorina que hoy se han encontrado, como
todos los años, para reavivar su compromiso de solidaridad recíproca, y renuevo
los deseos de mi venerado predecesor Pablo VI: «¡Nunca más la guerra!».
Dirijo también un pensamiento a los obreros los maestros y los
empresarios del sector de instrumentos ópticos. Queridos hermanos y hermanas,
que vuestro trabajo, además de ser una fuente de ganancia digna, sea, sobre
todo, una ocasión diaria de crecimiento en la solidaridad y en el compromiso
cristiano.
Saludo, por último, a los cantantes que, con gran entusiasmo y
competencia, han acompañado con sus cantos esta celebración.
Os acompañe a todos mi bendición.
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