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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Plaza de San Pedro Domingo 4 de octubre de 1992
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. En estos días la Iglesia ortodoxa rusa festeja el sexto
centenario de la muerte de san Sergio de Radoneż, considerado gran maestro de la
vida monástica rusa y protector de Rusia. Además de trabajar por la difusión del
monaquismo y de la santidad en la vida monástica, se convirtió en heraldo de los
valores cristianos en ese país, amenazado entonces por discordias internas y
peligros externos.
Compartimos el gozo de esa amada Iglesia, que recuerda a un gran
santo, que ha revestido tanta importancia en su historia. Nacido en torno al año
1314, san Sergio, a la edad de veinte años, siguiendo el ejemplo de los santos
padres del desierto, sintió el deseo de llevar una vida solitaria y se refugió
en un bosque cerca de Radoneż, el pueblo donde nació. Sus largas horas dedicadas
a la oración, sus victorias en los combates espirituales, así como su austeridad
de vida, le hicieron adquirir una madurez espiritual, de la que tuvo noticia la
población de aquellos lugares, que acudía en gran número y desde diversas partes
para vivir con él la vida monástica, en la total renuncio a los bienes
materiales, siguiendo al Señor que, de rico que era, se hizo pobre para
enriquecer a todos con su pobreza (cf. 2 Co 8, 9).
Como san Francisco de Asís, santo al que muchos hagiógrafos lo han
comparado y cuya fiesta celebramos hoy, san Sergio trabajaba con empeño no sólo
al servicio de la Iglesia, sino también al de la sociedad, oponiéndose al
egoísmo y a los intereses privados y difundiendo la paz y el amor de Cristo.
Sus restos mortales se veneran en la iglesia de la Santísima
Trinidad, lugar en que comenzó su itinerario de fe. A lo largo de los siglos ese
lugar ha sido y sigue siendo un importante centro de la espiritualidad rusa. En
los últimos decenios su importancia ha aumentado gracias a la presencia de un
seminario y una facultad teológica de la Iglesia ortodoxa rusa.
Oremos para que todos los cristianos de Rusia, hermanos en Cristo,
también por intercesión de san Sergio, contribuyan al progreso espiritual de la
sociedad en que están llamados a testimoniar el evangelio de la salvación.
2. El mes de octubre, amadísimos hermanos y hermanas, está
dedicado a la Virgen del Santo Rosario. Este mes, por tanto, nos ofrece la
oportunidad de intensificar esa piadosa práctica sencilla y profunda, que nos
lleva a una contemplación diaria de los misterios centrales de nuestra
salvación.
Exhorto a todos los fieles a rezar el rosario con fervor y
confianza, de modo especial por las queridas poblaciones de Bosnia-Herzegovina,
por desgracia heridas aún por la violencia y la guerra. Oremos para que la
celestial Madre de Dios Madre de la paz, obtenga el don de la concordia y la paz
para esos hermanos y hermanas nuestros tan larga y duramente probados.
© Copyright 1992 - Libreria
Editrice Vaticana |