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X JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD

JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo de Ramos  27 de marzo de 1994

 

1. Amadísimos jóvenes realizamos hoy un gesto que con el paso de los años, va cobrando cada vez mayor valor simbólico: la cruz peregrina pasa de mano en mano, de hombro en hombro. Los jóvenes americanos de Denver, donde se celebró el memorable encuentro del pasado agosto, entregan hoy la cruz a sus hermanos asiáticos procedentes de Manila, capital de Filipinas, donde en enero de 1995 tendrá lugar el próximo encuentro mundial.

Queridos amigos, sabéis reconocer en la cruz el signo de la esperanza que no defrauda. Habéis comprendido que no hay que avergonzarse; sino que, al contrario, es preciso gloriarse de la cruz, que es un testimonio de la pasión de Dios por el hombre, y la prueba irrefutable de su amor. Decid a todos que, precisamente por esto, la cruz infunde en quien la acepta una alegría nueva y auténtica: la alegría de la victoria sobre el mal y sobre la muerte.

(En inglés)
2. Se encuentran hoy aquí jóvenes provenientes de Denver y de otras partes de Estados Unidos, que acaban de entregar la cruz peregrina de la Jornada mundial de la juventud a sus coetáneos de Filipinas. Al aproximarse el tercer milenio, la cruz de Cristo, llevada a hombros por los jóvenes, parte hacia el gran continente asiático. Debemos prepararnos para Manila; ante todo, espiritualmente, mediante un compromiso cada vez más generoso para hacer que el Evangelio de Cristo se haga presente en la sociedad: en la familia, en el mundo de la escuela del trabajo y del ocio en todas nuestras relaciones con los demás. Estamos invitados a Manila para meditar en las palabras de Cristo a sus discípulos: «Como el Padre me envió también yo os envío» (Jn 20, 21). Ser enviado quiere decir ir en el nombre de quien nos envía: ir con nuestra confianza puesta totalmente en Él.

(En español)
3. Saludo cordialmente a los jóvenes y a las jóvenes de lengua española aquí presentes. Invito a todos vosotros y a vuestros coetáneos al encuentro del próximo año en Manila Filipinas, a donde la luz del Evangelio llegó gracias a la fe heroica de intrépidos misioneros, que hicieron posible la presencia pujante del cristianismo en el Extremo Oriente.

(En francés)
4. La próxima Jornada mundial de la juventud pretende recordar a todos los cristianos, y en particular a los jóvenes, la necesidad de un compromiso misionero audaz. Queridos jóvenes, Cristo tiene necesidad de vosotros para anunciar el Evangelio al mundo. Vuestros hermanos esperan conocer, por medio de vosotros, al Señor que da la vida.

(En alemán)
5. Os invito muy cordialmente, queridos jóvenes, a Manila. Existe una persona que puede enseñarnos a llevar la cruz de Cristo con amor y ésta es su Madre, María. María fue una mujer joven, llena de amor a la vida. A diferencia de los Apóstoles, no se avergonzó nunca del sufrimiento de su Hijo, porque reconoció el amor del Padre, del que Jesús vino y al que Jesús volvió.

(En polaco)
Saludo a los grupos de jóvenes que han venido de Polonia. Todos recordamos Jasna Góra en 1991 año decisivo para Europa. Precisamente allí se dieron cita los jóvenes del Este y del Oeste de todo el mundo. Allí cantamos este inolvidable canto del Padre. No olvidemos este canto, esta verdad, esta gran tradición juvenil en la patria y en todo el este de Europa.

(En italiano)
6. En este Año de la familia, encomendemos a la Virgen santísima, de modo especial, a los matrimonios jóvenes, sobre cuyos hombros a menudo recaen cargas muy pesadas a causa de las dificultades económicas, de la falta de casa y del desempleo. A ejemplo de Cristo, esforcémonos por no dejar solas a las personas que están atravesando dificultades. Hagamos de esta Jornada sobre todo, una fiesta de solidaridad, de ayuda recíproca y de esperanza.

 

© Copyright 1994 - Libreria Editrice Vaticana 

 

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