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JUAN PABLO II

REGINA COELI

 Domingo 28 de mayo de 1995

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Hoy se celebra, en muchas naciones, la solemnidad de la Ascensión, que en otras, según la tradición antigua, ya se ha celebrado el pasado jueves. Esta fiesta nos hace revivir el momento en que Cristo resucitado se despidió de los suyos para entrar definitivamente en la gloria divina.

Aparentemente, se trata de una separación. En realidad, es el inicio de una nueva presencia. Sentado a la diestra del Padre, Cristo se hace, de modo aún más profundo e intimo compañero de viaje del hombre, de todo hombre. Si con la Encarnación el cielo descendió a la tierra con la Ascensión la tierra, en cierto modo, fue elevada al cielo.

Por eso, el misterio de la Ascensión es un gran anuncio de esperanza. Frente a la oscuridad de la muerte y a las incógnitas del futuro, se nos invita a alzar la mirada hacia Cristo, no para olvidar las cosas de acá abajo, sino para contemplar la meta definitiva de la vida humana, y encontrar así la fuerza necesaria para caminar y comprometernos en la construcción de un mundo mejor.

2. Los medios de comunicación social, que superan las distancias de espacio y tiempo, pueden contribuir seguramente a la construcción de una humanidad más fraterna y solidaria. Hoy se celebra precisamente la Jornada mundial dedicada a ellos.

La Iglesia es consciente de la gran importancia de esos medios, llamados a favorecer la comunicación, el encuentro y el diálogo entre las personas y entre los pueblos. Y, sin embargo, a todos nos consta, también, la ambivalencia de esos medios. Según como se usen, pueden convertirse en vehículos de verdad, de solidaridad y de auténtico amor, o en instrumentos de manipulación, e incluso de violencia o de vulgar explotación de los instintos más bajos del hombre.

Así pues, es necesario que crezca el sentido de responsabilidad en los promotores de la comunicación social, igualmente, hacen falta formación y capacidad crítica en las personas que hacen uso de esos medios. Deseo subrayar todo ello sobre todo con respecto al cine, que celebra este año su primer centenario. Espero que, fiel a sus mejores tradiciones, se transforme cada vez más en vehículo de cultura y en propuesta de valores auténticos.

3. Dirijamos, por último, nuestro pensamiento filial a la Virgen santísima, al final de este mes de mayo, consagrado a ella. Que María nos ayude a mirar hacia las alturas hacia Cristo resucitado y elevado al cielo, para encontrar en él la esperanza que nos salva. Mientras nos preparamos para celebrar la fiesta de Pentecostés, la Virgen nos haga dóciles a la acción del Espíritu Santo, que es Espíritu de comunión, de verdad y de paz.


© Copyright 1995 - Libreria Editrice Vaticana

 

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