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JUAN PABLO II
ÁNGELUS
Policlínico « Agostino Gemelli »
Domingo 13 de octubre de
1996
Doy gracias profundamente al Señor, que también hoy me brinda la posibilidad de
encontrarme con vosotros, amadísimos hermanos y hermanas, para el rezo del
Ángelus. Me encuentro aún en el hospital, en este lugar de sufrimiento y
esperanza, lugar de gran solicitud hacia los enfermos y lugar de vida. Ante
todo, quisiera dirigir desde aquí un saludo a cuantos sufren en el cuerpo y en
el espíritu, y a quienes están al servicio de los enfermos: médicos y
enfermeros, personal sanitario y auxiliar. Que el Señor bendiga y conforte a
todos.
Doy las gracias cordialmente a cuantos me prodigan sus cuidados sabios y
diligentes, así como a todos los que han estado y están cercanos a mí con su
afecto y su oración: sacerdotes, religiosos y religiosas, familias, niños,
jóvenes, ancianos y personalidades del mundo político, cultural y social de
todos los pueblos y continentes. A todos renuevo mi sincero agradecimiento,
asegurándoles, a mi vez, un afectuoso recuerdo en la oración.
Mi pensamiento se dirige ahora a María santísima, a quien el pueblo cristiano
invoca durante el mes de octubre como Reina del santo rosario. A ella le
encomiendo la Iglesia, y también me encomiendo yo mismo. Lo hago mientras se
aproxima el aniversario del comienzo de mi ministerio petrino, hace dieciocho
años, y de mi ordenación sacerdotal, hace cincuenta años. Durante estos días de
enfermedad he podido comprender mejor aún el valor del servicio que el Señor me
ha llamado a prestar a la Iglesia como sacerdote, como obispo y como Sucesor de
Pedro: ese servicio se realiza también mediante el don del sufrimiento, que
permite completar en la propia carne «lo que falta a las tribulaciones de
Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24).
Que la Virgen santísima acoja la renovada entrega de mí mismo —Totus tuus ego sum—, y vele solícita por mi ministerio y por la Iglesia, confortándola en su
camino hacia el gran jubileo del nacimiento, en el tiempo, del Hijo eterno de
Dios.
Después del Ángelus
Os saludo cordialmente a todos los que habéis venido a este hospital, que podría
llamar «Vaticano número 3», porque el «Vaticano número 1» es la plaza de San
Pedro, el número 2 es Castelgandolfo, y el número 3 es el Policlínico Gemelli.
Así, desde el año 1981, vemos que también en 1996, después de quince años, se
puede hablar del «Vaticano número 3». Os saludo.
Doy las gracias a este «Vaticano número 3», a este Policlínico Gemelli, por
todo el bien que he encontrado aquí, en los profesores, los médicos, las
religiosas y todo el personal. También os doy las gracias a vosotros,
peregrinos, que habéis encontrado esta vez el camino hacia este «Vaticano
número 3», para estar juntos, para rezar y para cantar. Os saludo a todos: a
los italianos y a los de diversas nacionalidades.
Saludo a los polacos. Doy la bienvenida a «Solidaridad», que también tiene más
o menos 15 años, o un poco más. ¡Resistid y no os desalentéis! Saludo a todos
los polacos. Dios os bendiga.
Quiero, una vez más, impartiros a todos la bendición en el nombre del Padre y
del Hijo y del Espíritu Santo.
Y ahora debo volver directamente a mi habitación.
Esperamos que el domingo próximo podamos rezar el Ángelus desde el «Vaticano
número 1», desde la plaza de San Pedro.
Saludo también a todos los que están internados conmigo en este gran
Policlínico.
¡Hasta la vista!
* * *
El mismo domingo 13 de octubre, Su Santidad presidió la concelebración en la
capilla colindante con su habitación del Policlínico Gemelli. Al comienzo,
pronunció las siguientes palabras:
La santa misa, memorial del sacrificio de Cristo, es el centro y el culmen de la
vida cristiana y de la liturgia de la Iglesia.
La misa es acción de gracias, además de adoración, impetración y reparación.
En la celebración eucarística de este día, especialmente dedicado al Señor,
deseo dar gracias a Dios porque ha estado muy cerca de mí también durante este
nuevo período de hospitalización.
Quisiera manifestar mi agradecimiento a todos los que, aquí en el Policlínico
Gemelli, me han atendido con solicitud y competencia: quisiera confirmar mi gratitud mediante un recuerdo especial
en esta celebración eucarística, a la que todos nos preparamos encomendándonos a la misericordia divina.
© Copyright 1996 - Libreria
Editrice Vaticana
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