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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 27 de octubre de 1996

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Esta mañana he tenido la alegría de participar en la divina liturgia de san Juan Crisóstomo celebrada por los obispos y presbíteros de rito bizantino-ruteno. Juntos hemos dado gracias al Señor por el restablecimiento, en Užhorod el año 1646, de la plena comunión de la Iglesia rutena con la Sede apostólica romana. Este aniversario me lleva a pensar en los hermanos del Oriente cristiano, y particularmente en las venerables Iglesias ortodoxas, a las cuales nos une una profunda comunión de fe que todos deseamos llegue a la plenitud, en obediencia a la voluntad de Cristo. Durante mi reciente hospitalización, tuve el gran consuelo de recibir expresiones de solidaridad de varios hermanos de esas Iglesias. Les doy sinceramente las gracias, a la vez que les aseguro un recuerdo especial en mi oración.

2. La diócesis de Roma celebra hoy la Jornada de la escuela católica. Inspirándose en un proyecto «arraigado en el Evangelio», las escuelas católicas, a la vanguardia en el campo de la educación y abiertas también a los alumnos de otras etnias, culturas y religiones, prestan un importante servicio a la Iglesia y a la sociedad. Mientras apoyo los esfuerzos de cuantos tratan de lograr que la elección de este modelo pedagógico no perjudique injustamente el presupuesto de las familias, invito a toda la comunidad diocesana a sostener la misión de la escuela católica con su oración y su habitual solidaridad.

3. La alusión a la escuela nos invita a dirigir nuestra mirada a la Virgen María y a su esposo san José, en cuya escuela el niño Jesús creció y se formó en la serenidad de una existencia regulada por la ley de Dios y alegrada por el amor. Que su ejemplo sublime inspire a todas las comunidades educativas, guiando su esfuerzo pedagógico, moral y espiritual al servicio del crecimiento sano y armonioso de las generaciones jóvenes.

 

© Copyright 1996 - Libreria Editrice Vaticana

 

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