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JUAN PABLO II
REGINA CAELI
Lunes del Ángel, 31 de marzo de 1997
Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Hoy es el lunes de Pascua, tradicionalmente llamado lunes
del Ángel porque, en el acontecimiento extraordinario de la Resurrección,
los ángeles, junto con las mujeres y los Apóstoles, son protagonistas
significativos. Es precisamente un ángel quien dirige, desde el sepulcro vacío,
el primer mensaje a las mujeres que acuden para completar la preparación del
cuerpo de Jesús. Él les dice: «¡No tengáis miedo!». Y añade: «Buscáis a Jesús de Nazaret, el Crucificado; ha resucitado, no está aquí» (Mc 16, 6).
Los
ángeles no sólo están presentes en la Resurrección, sino también, con
discreción, en todos los momentos más importantes de la vida de Jesús.
Anuncian su nacimiento (cf. Mt 1, 20; Lc 1, 26; 2, 9); guían su
huida a Egipto y su regreso a la patria (cf. Mt 2, 13. 19); lo consuelan
al final de las tentaciones en el desierto (cf. Mt 4, 11) y en la hora de
la pasión (cf. Lc 22, 43); al final de los tiempos, estarán al lado del
Redentor en el momento del juicio sobre la historia y sobre el mundo (cf. Mt
13, 41).
2. Los ángeles, por consiguiente, están al servicio de los
designios de Dios en los momentos fundamentales de la historia de la salvación.
Como enviados de Dios, actúan como mensajeros de su voluntad redentora.
La sagrada Escritura y la ininterrumpida fe eclesial ven su presencia como signo
de una intervención especial de la Providencia y como anuncio de realidades
nuevas, que conllevan redención y salvación.
Así pues, esta fiesta prolonga la
alegría intensa de la Pascua. La liturgia repite: «Éste es el día en que actuó
el Señor; sea nuestra alegría y nuestro gozo». Nuestro ángel custodio nos repite
a cada uno el anuncio pascual que el mensajero divino dirigió a las mujeres:
«¡No temáis! Abrid el corazón a Cristo resucitado ».
3. Al poner a nuestro lado
a su ángel, el Señor quiere acompañar todo momento de nuestra existencia
con su amor y con su protección, para que podamos librar la buena batalla de la
fe (cf. 1 Tm 6, 12) y testimoniar sin temor y sin vacilaciones nuestra
adhesión a él, que murió y resucitó por nuestra redención.
Invoquemos a la Reina
de los ángeles y de los santos, para que nos obtenga que, con la ayuda de
nuestro ángel custodio, sepamos ser cada día auténticos testigos de la Pascua
del Señor.
4. La alegría pascual se ha visto turbada por las noticias sobre la
tragedia que aconteció en el canal de Otranto con el hundimiento de una
embarcación llena de prófugos albaneses.
Os invito a orar por los que
encontraron la muerte en el mar Adriático y os exhorto a participar
solidariamente en el profundo dolor de los que sufren por la pérdida de sus
seres queridos.
Apoyo cordialmente la obra de ayuda que en Pulla realizan la Cáritas y varias instituciones y personas en favor de los prófugos. Y espero que
se multipliquen los esfuerzos para llevar a Albania auxilios de primera
necesidad, pero también orden social y paz, así como colaboración para relanzar
las actividades de producción, de forma que la querida nación albanesa pueda
recuperarse y construir su futuro dentro de la concordia y con serenidad.
© Copyright 1997 - Libreria
Editrice Vaticana
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