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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 8 de marzo de 1998

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Se celebra hoy en muchas naciones del mundo el «Día de la mujer ». Es una cita significativa, que invita a reflexionar en el papel de la mujer en la sociedad y, más aún, en el plan de Dios. Es un papel cuyo reconocimiento ha encontrado muchos obstáculos en la historia. Y no puede decirse que actualmente se hayan superado todas las resistencias.

Aprovecho con gusto esta ocasión para expresar el deseo de que se llegue finalmente al pleno reconocimiento de la igual dignidad de la mujer y a la adecuada valoración de sus dotes peculiares. La mujer y el hombre se complementan entre sí: no sólo se integran en sentido físico y psíquico, en el orden del obrar, sino también más profundamente en el del ser. De todos es conocida la doctrina católica al respecto, que he recordado a menudo, en particular en la carta apostólica Mulieris dignitatem y en la Carta a las mujeres.

2. Desgraciadamente, somos herederos de una historia de enormes condicionamientos, que han entorpecido el camino de las mujeres, cuya dignidad a veces no se ha reconocido, cuyas prerrogativas no han sido tenidas en cuenta, y que con frecuencia han sido marginadas. Esto les ha impedido ser plenamente lo que deben ser, y ha privado a toda la humanidad de auténticas riquezas espirituales.

¡Cuántas mujeres han sido y son valoradas aún hoy más por su aspecto físico que por sus cualidades personales, su competencia profesional, las obras de su inteligencia, la riqueza de su sensibilidad y, en definitiva, por la dignidad misma de su ser!

¿Y qué decir de los obstáculos que, en tantas partes del mundo, impiden aún a las mujeres su plena inserción en la vida social, política y económica? A este propósito, recordando que este año se celebra el quincuagésimo aniversario de la Declaración universal de derechos del hombre, deseo hacer un llamamiento en favor de las mujeres a las que aún hoy los regímenes políticos de sus países les niegan derechos fundamentales: mujeres segregadas, a las que se les prohíbe estudiar, ejercer una profesión e incluso manifestar en público sus opiniones. ¡Ojalá que la solidaridad internacional acelere el debido reconocimiento de sus derechos!

3. Que María, modelo de mujer realizada, ayude a todos, y en primer lugar a cada mujer, a comprender el «genio femenino», no sólo para realizar un designio preciso de Dios, sino también para dar más cabida a la mujer en los diversos ámbitos de la vida social.

Que María presente al Señor las expectativas y las oraciones, el compromiso y los sufrimientos de todas las mujeres del mundo, y a todos, hombres y mujeres, les muestre su cercanía materna en el camino de la vida.

* * *

Llamamiento por la paz en Kosovo

En estos días estamos profundamente preocupados por la dramática situación que se ha creado en el Kosovo, donde las explosiones de violencia amenazan, una vez más, los esfuerzos orientados al diálogo y a la pacificación.

Mientras expreso mi viva solidaridad con quienes sufren, lloran la muerte de sus seres queridos y temen el futuro, deseo apelar a la buena voluntad de todos, para que no se escatime ningún esfuerzo a fin de buscar rápidamente soluciones que respeten la libertad y los derechos de esas queridas poblaciones. Que la Virgen santísima vele por todos.

 

© Copyright 1998 - Libreria Editrice Vaticana

 

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