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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 1 de febrero de 1998

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Se celebra hoy en Italia, por iniciativa de la Conferencia episcopal italiana, la Jornada en favor de la vida, que este año tiene por tema: Comunicar vida. Me uno a mis hermanos en el episcopado para invitar a los creyentes y a todas las personas de buena voluntad a reflexionar en el respeto que se debe a la vida humana, desde su comienzo en la concepción hasta su fin natural. Ya han pasado veinte años desde la institución de la Jornada en favor de la vida. Aunque durante estos años ha aumentado, en algunos aspectos, la sensibilidad ante los valores de la vida, hay que constatar que aún no han desaparecido ciertas amenazas muy graves, entre las cuales figura en primer lugar el recurso al aborto. Es necesario continuar orando y comprometiéndose para que la cultura de la vida triunfe sobre la cultura de la muerte. Por eso, es preciso «comunicar vida».

Los primeros «comunicadores» de la vida son los padres, con la procreación y la educación; pero toda persona está llamada a difundir el amor a la vida. De modo particular, quisiera exhortar a cuantos trabajan en los medios de comunicación social, para que transmitan testimonios positivos e informen con objetividad sobre los problemas cruciales relativos a la vida humana y al respeto de su dignidad.

2. En el plano espiritual, importantes «comunicadores de vida» son, por su vocación específica, las personas consagradas: los religiosos, las religiosas y los laicos consagrados. Me complace subrayarlo, porque mañana, fiesta de la Presentación de Jesús en el templo, celebraremos la segunda Jornada de la vida consagrada, que instituí el año pasado a fin de llamar la atención de los fieles sobre esta vocación esencial para la vida de la Iglesia y para el bien de la sociedad.

La vida consagrada brota de la acción del Espíritu Santo y se extiende en la Iglesia como un río que riega a la humanidad de fe, esperanza y amor, prolongando en el mundo el testimonio de Cristo pobre, casto y obediente. Es un testimonio avalado a menudo con el derramamiento de la sangre. Precisamente esta mañana ha llegado la noticia de que ayer por la tarde, en Kigali, Ruanda, delante de la iglesia de la Sagrada Familia, ha sido asesinado un misionero de la orden de los Frailes Menores, el padre Vjeco Ćurić, de nacionalidad croata: otra víctima que se añade a la larga serie de misioneros que, con el sacrificio de su vida, han confirmado su amor a Cristo y al pueblo africano.

3. Amadísimos hermanos y hermanas, pidamos a María, Madre de Cristo y de la Iglesia, que presente a su Hijo este generoso testigo del Evangelio en tierra africana. Ella, que acogió y engendró en la carne al Verbo de la vida, sostenga el compromiso de cuantos trabajan por defender al hombre, especialmente al indefenso, al marginado y al rechazado. A la Virgen santísima, modelo de vida consagrada a Dios y a los hermanos, pidámosle que acompañe el camino de las personas y de los institutos de vida consagrada, para que sepan responder cada vez con mayor disponibilidad a la llamada del Señor, fieles al carisma originario y atentos a las exigencias más profundas de los hombres.

 

 

© Copyright 1998 - Libreria Editrice Vaticana

 

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