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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 28 de noviembre de 1999

 

Amadísimos hermanos y hermanas: 

1. Con este primer domingo de Adviento se abre el nuevo año litúrgico y, más específicamente, inicia el período de preparación para la Navidad. Toda la Iglesia, peregrina en el mundo, se pone en camino hacia el Mesías esperado.

Dios es "aquel que viene": vino a nosotros en la persona de Jesucristo; sigue viniendo en los sacramentos de la Iglesia y en todo ser humano que implora nuestra ayuda; y vendrá en la gloria al final de los siglos. Por eso, el Adviento se caracteriza por la espera vigilante y activa, alimentada por el amor y la esperanza, que se expresa en la alabanza y la súplica y se traduce en obras concretas de caridad fraterna.

2. El Adviento que comienza hoy es extraordinario: es el Adviento del gran jubileo, durante el cual celebraremos el bimilenario de la venida del Salvador en la humildad de nuestra naturaleza humana. "Con la mirada puesta en el misterio de la encarnación del Hijo de Dios, la Iglesia se prepara para cruzar el umbral del tercer milenio" (Incarnationis mysterium, 1). Se trata de una mirada de fe, exenta de toda tentación milenarista. Ha orientado los pasos del pueblo de Dios durante estos últimos decenios, en el clima espiritual de un único gran "adviento", como afirmé ya desde el comienzo de mi pontificado (cf. Redemptor hominis, 1).

Prepararse para la Navidad significa este año disponerse a entrar por la Puerta santa, símbolo del paso a la vida nueva y eterna, que Jesucristo vino a abrir ante todo hombre. Esto acentúa la dimensión penitencial, ya presente en el tiempo de Adviento, y que recuerda con fuerza la figura de Juan el Bautista, el cual enseña precisamente que el camino del Señor se prepara con el cambio de mentalidad y de vida (cf. Mt 3, 1-3).

3. El Adviento es tiempo mariano por excelencia, porque María esperó y acogió de manera ejemplar al Hijo de Dios hecho hombre. Que la Virgen santísima nos ayude a abrir las puertas de nuestro corazón a Cristo, Redentor del hombre y de la historia; nos enseñe a ser humildes, porque en el humilde pone Dios su mirada; nos haga comprender cada vez más el valor de la oración, del silencio interior y de la escucha de la palabra de Dios; nos impulse a una íntima y sincera búsqueda de la voluntad de Dios, incluso cuando altera nuestros proyectos; y nos anime a esperar al Señor, compartiendo nuestro tiempo y nuestras energías con los necesitados.

Madre de Dios, Virgen de la espera, haz que el Dios que viene nos encuentre dispuestos a acoger la abundancia de su misericordia.


Después del Ángelus ;

Os invito ahora a rezar por nuestros hermanos católicos de Sri Lanka, donde el santuario de Nuestra Señora de Madhu ha sido bombardeado violentamente, con la consiguiente muerte de numerosos civiles que habían buscado refugio en él.
Estoy cercano espiritualmente a los obispos, a los sacerdotes y a los fieles que lloran a los fallecidos, socorren a los heridos y deploran que un santuario, venerado no sólo por los católicos, haya sido profanado y transformado en lugar de muerte.
Encomiendo a la Virgen santísima a todo el querido pueblo de Sri Lanka, y ruego a Dios que conceda a las partes en conflicto la gracia de tener la valentía de emprender con decisión el camino de la paz, que ciertamente no se encuentra empuñando las armas.


Saludos en castellano
 
Saludo cordialmente a los peregrinos de lengua española, en especial a los grupos de Yecla, Murcia. Al comienzo del Adviento os invito a preparar la venida del Señor renovando vuestra fe ante la tumba de san Pedro. Muchas gracias.

© Copyright 1999 - Libreria Editrice Vaticana

 

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