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JUAN PABLO II

ÁNGELUS

Domingo 16 de enero de 2000

 

Amadísimos hermanos y hermanas:

1. Pasado mañana, día 18 de enero, comenzará la Semana de oración por la unidad de los cristianos, que, con ocasión del Año jubilar, cobra una importancia aún mayor. En efecto, el gran jubileo del año 2000 tiene un fuerte carácter ecuménico, como "signo concreto del camino que (...) están realizando los fieles de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales" (Incarnationis mysterium, 4). Para subrayar este aspecto fundamental del Año santo, junto con las delegaciones de numerosas Iglesias y comunidades eclesiales, iremos a la basílica de San Pablo extramuros, para abrir la Puerta santa con una solemne celebración ecuménica.

Sólo con la ayuda de Dios es posible avanzar por el camino de la unidad, superando las divisiones que se crearon en el mundo cristiano durante el segundo milenio. Doy gracias al Señor porque en la basílica de San Pablo tendremos la alegría de encontrarnos y orar con los representantes de las principales Iglesias y comunidades eclesiales, a las que ya desde ahora doy mi más cordial bienvenida. Pediremos perdón a Dios, y los unos a los otros, por los pecados cometidos contra la unidad de la Iglesia y, al mismo tiempo, le daremos gracias por el camino de reconciliación recorrido, especialmente durante el último siglo. Invito a todos los creyentes a unirse a nuestra oración, para que en el inicio del tercer milenio se produzca un desarrollo prometedor en las relaciones ecuménicas.

2. El tema de la Semana de oración de este año 2000 se inspira en una célebre expresión de san Pablo, puesta al principio de la carta a los Efesios: "Bendito sea Dios (...) que nos ha bendecido (...) en Cristo" (Ef 1, 3). El Apóstol eleva un himno de alabanza a Dios uno y trino por su maravilloso plan de salvación, que abraza la historia y el cosmos y tiene su centro en Cristo.
Este tema, que meditamos en el bimilenario de la Encarnación, ha sido elaborado por un grupo de trabajo de Oriente Medio, con representantes de las diversas confesiones cristianas de la tierra de Jesús. Esto me hace recordar que, en Italia, se celebra precisamente mañana la Jornada para el diálogo religioso entre judíos y cristianos: se trata de una iniciativa que, aunque es diferente de la Semana ecuménica, en cierto modo la prepara, invitando a ir a las raíces, es decir, a la alianza de Dios con Israel.

3. De esas raíces nació Jesús, por medio de la santísima Virgen María. A ella le pedimos que proteja el camino ecuménico. Encomendamos especialmente a su intercesión materna la oración común por la unidad, que durante los próximos días se elevará de todas las comunidades eclesiales, para que suscite por doquier actitudes y gestos de verdadera reconciliación y de amor fraterno.


Después del Ángelus


Dirijo un cordial saludo a cuantos han participado en el Congreso internacional sobre la enfermedad de Hansen, que se celebró ayer en el Vaticano, organizado por el Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios y la Asociación italiana "Amigos de Raúl Follereau". Expreso mi aprecio por su labor en favor de los enfermos de lepra, que en el mundo son aún cerca de quince millones.

Espero que el año 2000 marque un decisivo paso adelante con vistas a la curación y el rescate de esos hermanos nuestros. En efecto, la enfermedad de Hansen se puede curar con medicinas relativamente poco costosas, pero que a menudo no están al alcance de los enfermos por la gran pobreza en que se encuentran. En el fondo, la "lepra" más peligrosa es la miseria, que es preciso combatir en el plano económico y, antes aún, con una profunda conversión de la lógica del egoísmo a la de la solidaridad. Ojalá que el Año santo suscite en el corazón de los cristianos una generosa disponibilidad para con todos sus hermanos necesitados.

 

 

© Copyright 2000 - Libreria Editrice Vaticana

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