Amadísimos hermanos y hermanas:
1. Pasado mañana, día 18 de enero, comenzará la Semana de oración por la
unidad de los cristianos, que, con ocasión del Año jubilar, cobra una
importancia aún mayor. En efecto, el gran jubileo del año 2000 tiene un fuerte
carácter ecuménico, como "signo concreto del camino que (...) están realizando
los fieles de las diversas Iglesias y comunidades eclesiales" (Incarnationis
mysterium, 4). Para subrayar este aspecto fundamental del Año santo, junto
con las delegaciones de numerosas Iglesias y comunidades eclesiales, iremos a la
basílica de San Pablo extramuros, para abrir la Puerta santa con
una solemne celebración ecuménica.
Sólo con la ayuda de Dios es posible avanzar por el camino de la unidad,
superando las divisiones que se crearon en el mundo cristiano durante el segundo
milenio. Doy gracias al Señor porque en la basílica de San Pablo tendremos la
alegría de encontrarnos y orar con los representantes de las principales
Iglesias y comunidades eclesiales, a las que ya desde ahora doy mi más cordial
bienvenida. Pediremos perdón a Dios, y los unos a los otros, por los pecados
cometidos contra la unidad de la Iglesia y, al mismo tiempo, le daremos gracias
por el camino de reconciliación recorrido, especialmente durante el último
siglo. Invito a todos los creyentes a unirse a nuestra oración, para que en el
inicio del tercer milenio se produzca un desarrollo prometedor en las relaciones
ecuménicas.
2. El tema de la Semana de oración de este año 2000 se inspira en una
célebre expresión de san Pablo, puesta al principio de la carta a los Efesios: "Bendito
sea Dios (...) que nos ha bendecido (...) en Cristo" (Ef 1, 3). El
Apóstol eleva un himno de alabanza a Dios uno y trino por su maravilloso plan de
salvación, que abraza la historia y el cosmos y tiene su centro en Cristo.
Este tema, que meditamos en el bimilenario de la Encarnación, ha sido elaborado
por un grupo de trabajo de Oriente Medio, con representantes de las diversas
confesiones cristianas de la tierra de Jesús. Esto me hace recordar que, en
Italia, se celebra precisamente mañana la Jornada para el diálogo religioso
entre judíos y cristianos: se trata de una iniciativa que, aunque es
diferente de la Semana ecuménica, en cierto modo la prepara, invitando a ir a
las raíces, es decir, a la alianza de Dios con Israel.
3. De esas raíces nació Jesús, por medio de la santísima Virgen María. A ella le
pedimos que proteja el camino ecuménico. Encomendamos especialmente a su
intercesión materna la oración común por la unidad, que durante los próximos
días se elevará de todas las comunidades eclesiales, para que suscite por
doquier actitudes y gestos de verdadera reconciliación y de amor fraterno.
Después del Ángelus
Dirijo un cordial saludo a cuantos han participado en el Congreso
internacional sobre la enfermedad de Hansen, que se celebró ayer en el Vaticano,
organizado por el Consejo pontificio para la pastoral de los agentes sanitarios
y la Asociación italiana "Amigos de Raúl Follereau". Expreso mi aprecio por su
labor en favor de los enfermos de lepra, que en el mundo son aún cerca de quince
millones.
Espero que el año 2000 marque un decisivo paso adelante con vistas a la curación
y el rescate de esos hermanos nuestros. En efecto, la enfermedad de Hansen se
puede curar con medicinas relativamente poco costosas, pero que a menudo no
están al alcance de los enfermos por la gran pobreza en que se encuentran. En el
fondo, la "lepra" más peligrosa es la miseria, que es preciso combatir en el
plano económico y, antes aún, con una profunda conversión de la lógica del
egoísmo a la de la solidaridad. Ojalá que el Año santo suscite en el corazón de
los cristianos una generosa disponibilidad para con todos sus hermanos
necesitados.
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