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JUAN PABLO II 

JUBILEO DE LOS MILITARES Y POLICÍAS

ÁNGELUS

Domingo 19 de noviembre de 2000

 

1. Al término de esta celebración jubilar, queridos militares y miembros de las fuerzas de policía, mi pensamiento se dirige de modo particular a vuestros familiares.

En el libro de los Hechos de los Apóstoles se narra la visita de san Pedro al centurión Cornelio, "hombre piadoso y temeroso de Dios, con toda su familia" (Hch 10, 2). Acogió el anuncio del Evangelio de Cristo predicado por san Pedro, al que alojó durante algunos días, y recibió el bautismo junto con sus familiares. Así pues, los primeros paganos bautizados por san Pedro fueron los miembros de la familia de un militar. Es significativo recordarlo hoy, en el marco de vuestro jubileo.

No es fácil ser familia de un militar, porque también se deben compartir las incomodidades que implica su misión. Y, sin embargo, la familia es el apoyo principal de cada uno de vosotros, comprometidos en la defensa de la paz y de la vida. Se defiende lo que se ama, y ¿dónde se aprende a amar la paz y la vida sino en la familia? Por eso, queridas familias, sentíos plenamente asociadas a esta misión y colaborad en la defensa de la justicia y la paz.

Queridos hermanos, también yo soy hijo de un militar, y por eso me siento cercano a todos vosotros. Os agradezco vuestra presencia, bajo esta lluvia. Estoy seguro de que os traerá abundantes bendiciones.

2. En este día en que habéis venido a realizar con vuestras familias un itinerario jubilar, saludo cordialmente a todos los miembros del ejército y de la policía de Bélgica, Benin, Burkina Faso, Camerún, Croacia, Francia, Luxemburgo, Rumanía, Eslovenia, Canadá, Países Bajos y Eslovaquia. Que este tiempo fuerte os brinde la ocasión de consolidar vuestra misión, a fin de proseguir el importante servicio que prestáis, estando atentos a las necesidades de todos vuestros compatriotas, para construir una sociedad cada vez más pacífica y fraterna. Os felicito por vuestro sentido de responsabilidad, vuestros esfuerzos y vuestros compromisos, y oro con vosotros por todos los que han muerto o han sido heridos en el cumplimiento de su deber. Con la bendición apostólica.

Saludo a las personas de lengua inglesa que participan en esta celebración jubilar para los miembros de las fuerzas armadas y de la policía, especialmente a los que vienen de Australia, Canadá, Gran Bretaña, Irlanda, Corea, Malawi, Filipinas y Estados Unidos de América. En particular, saludo a los representantes de la fuerza de paz que actúa en los Balcanes, compuesta por personal militar de treinta y ocho países.

El trabajo y el sacrificio de todos vosotros contribuye a garantizar la paz y la seguridad de las personas y las sociedades. Ruego a Dios que os proteja siempre en el cumplimiento de vuestros deberes profesionales, y que los dones divinos de sabiduría y fortaleza os acompañen continuamente en el servicio a vuestros países y a vuestros compatriotas. Invoco sobre vosotros y sobre vuestras familias la gracia y la paz de nuestro Señor Jesucristo.

Saludo cordialmente a los soldados y policías de lengua alemana. Bienvenidos a la ciudad eterna, soldados y policías de Alemania, Austria, Suiza, República Checa, Eslovenia y Hungría. Vuestra actividad es ante todo un servicio a la seguridad y a la paz. Realizad esta tarea con responsabilidad y sensibilidad. Que la bendición de Dios acompañe vuestros pasos por el camino de la paz.

Dirijo ahora un saludo a los militares y fuerzas de policía de Argentina, Chile, Colombia, Ecuador, El Salvador, Paraguay, Perú, España, Bolivia, Guatemala, República Dominicana, Venezuela, Costa Rica, México y Panamá. Os animo a que con vuestro testimonio personal colaboréis generosamente en la honrosa tarea de establecer la paz, la colaboración y la convivencia entre todos los pueblos. Que Dios os bendiga en vuestra vida familiar y profesional y así deis prueba de adhesión a Cristo y a su Iglesia. Muchas gracias.

Saludo a los militares y a los miembros de las fuerzas de seguridad que han venido de Brasil, Mozambique y Portugal, implorando la sabiduría y la protección divina sobre sus nobles misiones para que, a pesar del peligro, transmitan paz y confianza a sus familiares y compatriotas.

Saludo cordialmente a los representantes del ejército y de la policía de Polonia aquí presentes. Este encuentro jubilar con los soldados de todo el mundo es un acontecimiento que, de modo particular, muestra que el ejército no debe ser necesariamente protagonista de actos bélicos dramáticos, sino que puede y debe ser protector y portador de paz. Oro para que el arduo servicio que prestan el ejército y la policía para proteger la seguridad de los hombres y de las naciones se caracterice siempre por una profunda sensibilidad ante los sufrimientos y las necesidades de los más débiles, y sea premiado con la gratitud de las sociedades y con la bendición de Dios.

3. En este momento de profunda comunión, enriquecido por la gracia jubilar, deseo elevar mi oración al Señor por vuestros numerosos colegas caídos durante estos años en diversas misiones de paz y en defensa del orden y la legalidad. ¡Que su sacrificio no haya sido vano! Que su testimonio oculto y silencioso impulse a todos a no resignarse a la injusticia, sino a vencer el mal con el bien. Dios los acoja en su reino de paz, y conceda serenidad y consuelo a sus familias y a todos sus seres queridos.

Encomendemos a la intercesión materna de María santísima nuestra intensa y orante invocación por los vivos y los difuntos.


© Copyright 2000 - Libreria Editrice Vaticana

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