 |
JUAN-PABLO II
ÁNGELUS
Lunes 1 de
enero de 2001
1. En este día particular, no podemos por menos de pensar en Tierra Santa,
donde hace dos mil años los ángeles proclamaron: "Gloria a Dios en el
cielo y en la tierra paz a los hombres, que Dios ama" (Lc
2, 14).
Este año, con el deseo de estar más cercano aún a esas poblaciones, he enviado
al señor cardenal Roger Etchegaray como mi representante para presidir en
los santos lugares la celebración de la Jornada mundial de la paz. Al
mismo tiempo, entregará a las autoridades israelíes y palestinas mi Mensaje,
con la invitación a proseguir por el camino del diálogo a fin de alcanzar la
paz tan deseada, base esencial para una convivencia provechosa entre todos
los pueblos de la tierra. El tema del Mensaje -"Diálogo entre las culturas
para una civilización del amor y la paz"- se armoniza muy bien con la
decisión de las Naciones Unidas de proclamar el 2001 como "Año internacional
del diálogo entre las civilizaciones".
2. Amadísimos hermanos y hermanas, nuestro compromiso en favor del diálogo y
de la paz está sostenido por la intercesión de María, a quien hoy la
liturgia celebra como "Madre de Dios". En su vida terrena, del encuentro con
su Señor supo aprender a dialogar con sus hermanos y a ponerse con prontitud
a su servicio.
Al inicio del año 2001 nos dirigimos a ella e invocamos su protección materna,
a fin de que los hombres de todas las lenguas, de todos los pueblos y de
todas las naciones aprendan a estimarse y a compartir sus riquezas
culturales para construir juntos una nueva humanidad.
3. Desde esta perspectiva, expreso al pueblo italiano y a su presidente, el
honorable Carlo Azeglio Ciampi, mis mejores deseos de un feliz Año nuevo.
Que el 2001 sea para todos un año de auténtico progreso en la concordia y en
la libertad. Ojalá que durante los próximos meses sigan manifestándose los
frutos del gran jubileo, proporcionando a las personas, a las familias y a
toda la sociedad alegría interior, paz y bienestar. Dios conceda a todos la
abundancia de sus bendiciones.
En este primer día del año dirijo un saludo afectuoso a los peregrinos de
lengua francesa. Os encomiendo a vosotros y a vuestras familias a la
intercesión de la Virgen María, Madre de Dios. Que ella guíe vuestros pasos
día a día y os ayude a descubrir el rostro de su Hijo divino, nuestro
Salvador, que da el sentido verdadero de la historia.
Al comienzo del nuevo año, dirijo mi saludo cordial a los peregrinos y
visitantes de lengua inglesa. Quiera Dios que en este tiempo los frutos
espirituales del jubileo sigan proporcionando alegría y paz a muchos
corazones. Dios os bendiga a todos.
Saludo de corazón a todos los peregrinos y visitantes de los países de lengua
alemana. En este primer día del año nuevo invoco sobre vosotros la bendición
y la protección de Dios para vuestro camino de vida en el tercer milenio. Os
imparto de buen grado la bendición apostólica a vosotros y a vuestros seres
queridos en vuestras respectivas naciones.
Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. En la nueva época que
comienza, os invito a mantener viva la llama de la fe en vuestros corazones,
en vuestras familias y en vuestros pueblos, para que Cristo sea fuente de
paz y esperanza de la humanidad. A todos os deseo un nuevo año lleno de las
bendiciones del Señor.
A todos los pueblos y naciones de lengua portuguesa, a sus hogares y
comunidades, a sus gobernantes e instituciones, deseo la paz del Cielo que
hoy vemos recostada en los brazos de la Virgen María. ¡Feliz año nuevo!
Saludo cordialmente a los peregrinos de Polonia y a todos mis compatriotas que
viven en el país y en el extranjero. Deseo a todos que el año que empieza
abunde en gracias de Dios y esté lleno de felicidad y paz. Dios os bendiga.
© Copyright 2001 - Libreria Editrice Vaticana
|