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HOMILÍA DEL SANTO
PADRE JUAN PABLO II
DURANTE LA MISA PARA LA PEREGRINACIÓN NACIONAL CROATA
Basílica de San Pedro
Lunes 30 de abril de 1979
Queridos hermanos en el Episcopado,
queridos sacerdotes, religiosos y
religiosas,
queridos hijos e hijas de la "siempre fiel" Croacia:
"La gracia y la paz sean con vosotros de parte de Dios Padre y de nuestro
Señor
Jesucristo" (cf. Gál 1, 3). "Con los brazos abiertos os estrecho junto a mí y os
acojo con amor paterno" (Carta del Papa Juan VIII al pueblo y clero croata: Mansi,
Sacrorum Conciliorum collectio, 17, 126), aquí sobre la tumba de San
Pedro, con ocasión del significativo aniversario de la profesión de fidelidad
de los croatas a la Santa Sede, que es, al mismo tiempo, el recuerdo de la benevolencia paterna de los Sucesores de San Pedro
hacia vosotros.
Muchos son los motivos que justifican esta alegría común, como ha dicho bien en
su discurso mi hermano en el Episcopado, el arzobispo Franjo Kuharic.
Verdaderamente, en este encuentro sobre la tumba de San Pedro, parece haberse
concentrado toda vuestra historia de más de 13 siglos, y de modo especial los
grandes acontecimientos de la vida de vuestra Iglesia, desde que, en el tiempo
del bautismo de vuestro pueblo, entró en el seno de la Iglesia Romana, que es
"cabeza y maestra de todas las Iglesias" (Carta del Papa Juan VIII al obispo
de Nin, Teodosio: Mansi, o.c., 17, 124). ¿Os acordáis de la "Croacia Blanca",
vuestra tierra de origen, que se encuentra precisamente allí donde se encuentra
mi patria? Siento presente vuestra hermosa y querida nación, todo vuestro
pueblo, dentro y fuera de los confines de vuestra patria, vuestra antigua y
nueva fidelidad, vuestros afanes. Aquí está presente el recuerdo de vuestros
antepasados, de vuestros príncipes y reyes cristianos, de vuestros obispos y
sacerdotes, de vuestra lengua litúrgica paleocroata, de vuestras maravillosas
iglesias y, de modo especial, de vuestros santuarios marianos.
Mientras tanto, recordamos hoy especialmente las relaciones de Croacia con la
Santa Sede, tan claramente expresadas en las cartas del Papa Juan VIII al
Principe Branimiro, al clero y al pueblo croata, y al obispo Teodosio. Esto
sucedía precisamente hace 11 siglos. Los acontecimientos de entonces alegraban
el corazón del Sucesor de Pedro, y eran decisivos para la historia futura del
pueblo croata y de la Iglesia, para vuestra fe, cultura e independencia
política.
Teniendo ante los ojos el rico y plurisecular pasado de vuestro pueblo, me
parece poder subrayar estos tres momentos suyos extraordinarios:
Primero: la fidelidad a Jesucristo y al Evangelio, fidelidad que vuestros
antepasados supieron testimoniar con el fervor y el espíritu de los mártires
en la lucha secular “por la noble cruz y la libertad de oro”.
Segundo: el amor y la adhesi6n de los croatas a la Iglesia Romana, a la Cátedra
de San Pedro. Esta Iglesia ha sido verdaderamente vuestra Madre, en cuya
doctrina santa han bebido vuestros antepasados como en una fuente limpidísima"
(Carta del Papa Juan VIII al Príncipe croata Branimiro: Mansi, o.c., 17, 125).
Tercero: el amor, la fidelidad y la devoción de los croatas a María, Madre de
Dios y Madre de la Iglesia, a quien vosotros invocáis de corazón "Reina de los
Croatas" y honráis filialmente en vuestros santuarios.
Esta triple fidelidad vuestra, la confirmáis también hoy como "Gran voto" de
fidelidad a Jesús, a la Iglesia y a la Madre de Dios, particularmente después
de las solemnidades jubilares en Marija Bistrica, Solín y Biskupija. ¡Sed
fieles, sed constantes, estad orgullosos de vuestro nombre cristiano!
Mientras levanto hoy mis manos para bendeciros a los presentes, a todo el pueblo y a
toda vuestra tierra (ib.) ruego al Señor que custodie vuestra fe, e imploro a la Madre de Dios para que
siempre y en todas partes sea "vuestra validísima abogada". Extiendo mi
bendición a vuestros obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, a fin de
que, fieles a la propia vocación, sirvan de ejemplo a todos, no se desvíen (Carta
del Papa Juan VIII al obispo de Nin, Teodosio: Mansi, o.c., 17, 124),
sino que anuncien el Evangelio de Cristo como mensaje gozoso de salvación, de
verdad, de amor y de concordia. Os bendigo a todos los presentes. a vuestras
familias, a los jóvenes y ancianos, a los trabajadores e intelectuales, y os
pido: permaneced fieles a Dios y a Pedro, cultivad el buen espíritu de familia,
respetad la vida, educad una juventud cada vez más numerosa y conservad la
hermosa tradición de la oración en familia. Me dirijo, sobre todo, a vosotros,
jóvenes fieles: conoced y amad a Jesucristo, único Redentor del hombre, y estad
orgullosos de vuestro nombre cristiano.
Bendigo paternalmente también a los numerosos obreros, venidos de otras tierras.
Conozco las preocupaciones y las dificultades de los trabajadores, por esto os
exhorto a no olvidar jamás vuestra fe y a amar vuestro hogar familiar, vuestra
Iglesia y vuestra patria.
¡Mis queridos croatas! Os quedo agradecido por este encuentro, por esta
expresión de fidelidad renovada. Como un tiempo el Papa Juan VIII, así hoy me
alegro yo también por vuestra fe, por vuestro afecto, por vuestra fidelidad a
Jesucristo y a su Iglesia.
El Papa os ama.
El Papa os abraza y os acoge.
El Papa os bendice. Amén.
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