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SANTA MISA EN LA NUEVA CAPILLA HÚNGARA
DE LA CRIPTA DE LA BASÍLICA DE SAN PEDRO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Grutas Vaticanas
Miércoles 8 de octubre de 1980

 

¡Alabado sea Jesucristo!

Señor cardenal,
venerados hermanos en el Episcopado,
ilustres representantes de la nación húngara,
queridos fieles:

Reunidos en torno al altar del Señor para celebrar el Sacrificio eucarístico, no es fácil expresar la emoción de este momento, intensamente evocativo y denso de recuerdos, que sella, en cierto modo, la conclusión solemne de manifestaciones pluricentenarias ligadas a los albores de la Iglesia en Hungría y a los orígenes de la nación húngara.

1. Tras la conmemoración del milenio de la Iglesia en Hungría y del nacimiento y bautismo del Rey San Esteban, a quien mi predecesor Pablo VI exaltó en la Carta Apostólica Sancti Stephani ortum, del 6 de agosto de 1970, ha sido solemnemente recordada, precisamente en estos días, la fecha diez veces centenaria del nacimiento de San Gerardo, obispo y mártir.

Al concluir este decenio, marcado por efemérides tan significativas, la inauguración de esta capilla adquiere el patente significado de un sello y un testimonio perenne que, transfigurados por la sugestiva potencia del arte, Indican a las generaciones presentes y futuras el permanente recuerdo de momentos históricos, siempre vivos en la conciencia nacional y enlazados con la idealidad profunda de un pueblo, cuya conversión a Cristo coincidió con el comienzo de la propia civilización.

2. Deseando profundizar con vosotros en el valor de esta monumental iniciativa, el primer motivo que se presenta a nuestra atención es el de un homenaje de devoción a Nuestra Señora de Hungría, la cual ha sido constantemente implorada por el pueblo, en las horas más cruciales de la vida nacional.

Desde que San Esteban confió la sacra corona, símbolo venerado de la unidad nacional, y el pueblo entero a los cuidados de la Virgen Santísima, hasta las horas dolorosas y turbulentas del último conflicto mundial, no se ha interrumpido jamás la corriente de confiada oración de los hijos de Hungría hacia Quien, "con su amor materno" se cuida de los hermanos de su Hijo, que todavía peregrinan y se hallan en peligros y ansiedad" (Lumen gentium, 62).

3. Otro significado evidente de esta mística capilla es, ciertamente, el de un testimonio de fidelidad al Sucesor de San Pedro. Su donación, por parte de Pablo VI recuerda el gesto, generoso y pastoral a la vez, del Sumo Pontífice Silvestre II, el cual, en su solicitud por la naciente Iglesia húngara, escuchó el deseo de San Esteban de tener junto a la tumba de San Pedro un Oratorio nacional y una hospedería para los peregrinos de su tierra. La unión de fe y de disciplina con el Romano Pontífice está simbolizada por este lugar sacro, el cual permanecerá como signo de la inserción vital de las Iglesias locales de Hungría en la comunidad universal de la Iglesia de Cristo.

4. Al detener después la mirada en las esculturas que, desde las paredes laterales, sirven de corona a la gran estatua de la Virgen y que representan episodios de la vida de santos y beatos húngaros, nos sentimos estimulados a reflexionar sobre la obra realizada por ellos, en conformidad con el mandato evangélico de servir a los propios hermanos, para elevar la condición humana y social de un pueblo que daba todavía sus primeros pasos hacia las metas de la civilización.

Frente a tantos ejemplos de santidad como han iluminado los primeros siglos de la vida del pueblo húngaro, surge espontánea la consideración de que tal adhesión heroica a Cristo crea hombres profundamente conformes a El (cf. Rom 8, 29), disponibles a la donación total de sí mismos para la afirmación de la justicia, de la libertad y de la paz. En efecto, como afirma el Concilio Vaticano II, "la santidad suscita un nivel de vida más humano, incluso en la sociedad terrena" (Lumen gentium, 40) 7 la fe estimula y alimenta el auténtico progreso civil.

5. Permítaseme una última consideración. De la obra de los santos que hemos conmemorado nació una civilización europea basada sobre el Evangelio de Cristo y brotó el fermento de un auténtico humanismo, empapado de valores perennes, arraigándose además una obra de promoción civil en el signo y en el respeto del primado de lo espiritual.

La perspectiva abierta entonces por la firmeza de tales testimonios de la fe sigue siendo actual ahora, y constituye el camino maestro para continuar edificando una Europa pacífica, solidaria, verdaderamente humana, así como para superar oposiciones y contrastes, que corren el riesgo de perturbar la serenidad de los individuos y de las naciones.

Me agrada pensar que esta preciosa y ya tan amada capilla pueda convertirse en un cenáculo de oración e inspiración para cristianos y hombres de buena voluntad, deseosos de ser eficaces operadores de paz en una Europa unida.

6. Con estos sentimientos, manifestando al cardenal primado mi agradecimiento cordial por las nobles y afectuosas palabras que ha querido dirigirme, deseo expresar a cada uno de los aquí presentes mi saludo de buen auspicio, que quiere llegar, a través del silencioso pero seguro camino del corazón, a cada uno de los hijos de Hungría.

A ellos les deseo que sepan conservar fielmente y aumentar cada vez más las riquezas espirituales del pasado; es decir, el valioso patrimonio religioso y el generoso amor a la patria.

Acompaño mis votos con una ferviente oración a la "Magna Domina hungarorum", en la confiada certeza de que su materna protección no defrauda jamás las ardientes esperanzas de los propios hijos. Por su intercesión y por la de todos vuestros santos, imploro sobre vosotros, sobre vuestras familias y sobre toda Hungría la abundancia de las bendiciones divinas.

 

© Copyright 1980 - Libreria Editrice Vaticana

 

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