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VISITA PASTORAL A LA PARROQUIA ROMANA DE JESÚS OBRERO DIVINO

HOMILÍA DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II

Domingo 25 de octubre de 1981

 

"Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza, Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador".

1. Pronuncio con vosotros estas fervorosas palabras del Salmo responsorial, hoy que puedo realizar la visita pastoral a vuestra parroquia, visita que ya estaba programada para el día 24 de mayo. Es sabido qué circunstancias hicieron imposible entonces nuestro encuentro. Pero precisamente las mismas circunstancias me impulsan hoy a repetir de modo más personal las palabras del Salmista: "Señor, mi fortaleza, mi libertador, te amo" Y con las mismas palabras os saludo, a la vez, a todos vosotros, que estáis aquí reunidos, a toda la parroquia dedicada a Jesús Obrero Divino, dándoos las gracias por el recuerdo y la oración con que me habéis acompañado de modo particular en el curso de las semanas y de los meses pasados.

2. La visita a la parroquia que lleva el nombre de Jesús Obrero Divino estaba prevista para mayo de este año, era entonces el momento adecuado, puesto que toda la Iglesia recordaba la primera gran Encíclica de León XIII dedicada a la "cuestión social" y sobre todo a la "causa de los trabajadores" Efectivamente, la Encíclica salió el 15 de mayo de 1891. Para manifestar la continuidad de la enseñanza y de la acción de la Iglesia en el ámbito de estos problemas importantes, he publicado una nueva Encíclica social, "Laborem exercens"; dedicada directa y totalmente al trabajo humano en el contexto de nuestra realidad contemporánea, tan diferenciada en este Campo.

Precisamente con este "patrimonio" vengo hoy a vuestra comunidad, a la parroquia de Jesús Obrero Divino, para ofrecerle en homenaje no sólo el recuerdo de ese documento histórico de hace 90 años, sino también la expresión del pensamiento y de la solicitud de la Iglesia de hoy.

Al encontrarme por primera vez con vosotros, deseo ante todo presentar mi saludo agradecido a mi cardenal Vicario, a mons. Remigio Ragonesi, obispo responsable de ésta zona, y al párroco, mons. Francesco Rauti, quien de sus 40 años de sacerdocio ha dedicado nada menos que 26 de ellos a esta parroquia, acompañándola incansablemente desde su erección: a él en particular deseo de corazón buena salud, a fin de que pueda continuar todavía largo tiempo su generoso trabajo pastoral. Saludo también a los tres celosos vicepárrocos, a los sacerdotes y religiosos que prestan .aquí "'su trabajo espiritual, a las religiosas y a los laicos comprometidos en las varias actividades catequéticas, formativas, caritativas y deportivas; Pero sobre todo quiero saludaros con gran afecto a vosotros, queridos feligreses de Jesús Obrero Divino, niños y jóvenes, adultos y ancianos, y por medio de vosotros deseo llegar con mi corazón de padre y amigo a todos los millares de familias que forman esta gigantesca comunidad romana: llevad mi saludo y mi afecto a todos, especialmente a los enfermos, a los que sufren y a quienes por diversos motivos se sienten solos y lejanos.

3. Hoy, en la primera lectura del libro del Éxodo escuchamos las llamadas que el autor del texto dirige, de parte de Dios, a los hombres de la Antigua Alianza, y que no pierden su actualidad en ninguna época:

"No vejarás...", "no oprimirás...", "no explotarás a viudas ni a huérfanos", "no serás... usurero", "si tomas en prenda... lo devolverás".

El autor del libro del Éxodo, con estas órdenes tan fuertes y perentorias, quiere hacernos reflexionar sobre la realidad fundamental de la existencia de una "ley moral natural", ingénita en la misma estructura del hombre, ser inteligente y volitivo. Dios no ha creado al hombre por casualidad, sino según un proyecto de amor y de salvación. Por el hecho mismo de que una persona es viviente y consciente, no puede dejarse llevar y dominar por el arbitrio, por la autonomía, por el impulso de los instintos y de las pasiones. Desgraciadamente hoy se enseña y se propala por los medios de comunicación, especialmente por los audiovisuales, un "humanismo del instinto", que exalta el valor arbitrario de la espontaneidad instintiva, del hedonismo, de la agresividad. Pero no es así: hay una ley moral inscrita en la conciencia misma del hombre que impone respetar los derechos del Creador y del prójimo y la dignidad de la propia persona; ley que se expresa prácticamente con los "Diez Mandamientos".

Transgredir la ley moral natural es fuente de consecuencias terribles y ya lo hacía ver San Pablo en la Carta a los Romanos: "Tribulación y angustia sobre todo el que hace el mal...; pero gloria, honor y paz para todo el que hace el bien" (Rom 2, 9-10). Lo que San Pablo decía a los pueblos paganos, que no habían actuado en conformidad con el conocimiento racional de Dios, único Creador y Señor, y habían despreciado la ley moral natural, se constata de forma impresionante en todos los tiempos, y por lo tanto también en nuestra época: "Y como no procuraron conocer a Dios, Dios los entregó a su réprobo sentir, que los lleva a cometer torpezas y a llenarse de toda injusticia, malicia, avaricia, maldad..." (Rom 1, 28-29). El descenso de la moral, tanto en el campo social como en el ámbito personal, causado por la desobediencia a la ley de Dios inscrita en el corazón del hombre, es la amenaza más terrible a cada persona y a toda la humanidad.

Esta dramática situación ya existía en los tiempos de la Encíclica "Rerum novarum"; y, por desgracia, después de 90 años, aún somos testigos de ella con la caída de la moral y la consiguiente gran amenaza para el hombre.

4. En el Evangelio de hoy un doctor de la ley pregunta a Jesús: "Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?" (Mt 22, 36). Cristo responde: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser. Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. Estos dos mandamientos sostienen la ley entera y los Profetas" (Mt 22, 37-40).

Con estas palabras Cristo define cuál es el fundamento último de toda la moral humana, esto es, aquello sobre lo que se apoya toda la construcción de esta moral. Cristo afirma que se apoya en definitiva sobre estos dos mandamientos. Si amas a Dios sobre todas las cosas y a tu prójimo como a ti mismo, si amas verdadera y realmente, entonces sin duda "no vejarás", ni "oprimirás", "no explotarás a ninguno, en particular a la viuda y al huérfano", "no serás / tampoco / usurero" y si "tomas en prenda... lo devolverás" (Ex 22, 20-25).

La liturgia de la Palabra de hoy nos enseña de qué modo se construye el edificio de la moral humana desde sus mismos fundamentos y, al mismo tiempo, nos invita a construir este edificio precisamente así. Del mismo modo en cada uno como en todos: en el hombre que es sujeto consciente de sus actos, en la familia y en toda la sociedad.

Puesto que debemos aprovecharnos honestamente de la participación en la liturgia de hoy, debemos pensar si y cómo construimos el edificio de nuestra moral. Y si la conciencia comienza a reprobar nuestras obras, reflexionemos si a esta moral no le falta el fundamento del amor.

Echando una mirada particular a vuestra parroquia, a este propósito, ante todo debo felicitaros a todos vosotros por el intenso trabajo organizativo y formativo realizado en estos 26 años, y especialmente en el período actual. Vuestra parroquia ha sido considerada siempre como un centro de acogida y de propulsión: un lugar de testimonio y de servicio, una comunidad de fraternidad y de amistad. Efectivamente, en la parroquia, Jesús Redentor y Maestro está presente en la liturgia, en la Eucaristía, en la administración de los sacramentos de la vida cristiana, en la palabra del Magisterio que enseña, ilumina y salva. Jesús, que quiso insertarse en la familia de un trabajador y, podemos pensar, que durante su vida privada trabajó durante muchos años con José y María, está presente aquí en la parroquia para dar significado a todo trabajo, para transformarlo en acto de amor que dura eternamente. Por tanto, continuad siendo "feligreses" fervorosos y asiduos, y haced que el mayor número posible de fieles frecuenten la Santa Misa festiva, a fin de que el porcentaje sea consolador y estimulante.

Estoy realmente contento al saber que vuestra parroquia ha dado a la Iglesia tres sacerdotes, mientras que algunos jóvenes se preparan para el sacerdocio y algunas jóvenes se encuentran en el noviciado. Las vocaciones son ciertamente una gran gracia del Señor para una parroquia, y son también índice de vida cristiana convencida y profunda. Es necesario que el Seminario romano acoja muchas y santas vocaciones: ¡La inmensa ciudad de Roma tiene extrema necesidad de ellas! Por tanto, continuad cuidando con diligencia a los pequeños y jóvenes "monaguillos", a los grupos de adolescentes y la pastoral familiar, los encuentros de formación especializada, de acuerdo con la Obra diocesana de las Vocaciones eclesiásticas.

Me satisface también saber que cada año, en el período cuaresmal y pascual, los sacerdotes visitan cada una de las familias para el rito de la bendición. Se trata de una visita breve y fugaz, pero es siempre un encuentro humano y espiritual, un acto de amistad y de responsabilidad pastoral, una relación recíproca de estima y de afecto.

Mi exhortación es que continuéis con valentía construyendo el edificio de vuestra parroquia sobre el amor a Dios y a los hermanos, sobre el respeto a la ley moral y sobre la vida de gracia. Y esto sólo es posible mediante una cuidadosa y capilar formación de las conciencias, mediante el catecismo, las lecciones de religión para todas las edades, el estudio del Evangelio en varios grupos, la dirección espiritual, la confesión frecuente y bien hecha, el cuidado especial de las familias jóvenes. La sociedad moderna, tan culturizada y problemática, tiene mucha necesidad de cristianos iluminados, que sepan vivir y testimoniar concretamente y siempre su amor a Cristo y a los hermanos.

5. "Dios mío, peña mía, refugio mío, escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte" (Sal 17 [18], 3).

El hombre, en diversas situaciones de la vida, se dirige a Dios para encontrar en El la ayuda, por ejemplo con las palabras del Salmo responsorial de hoy. Se dirige a El en las dificultades y en los peligros.

Los peligros más amenazadores son los de naturaleza moral, tanto por lo que respecta a los individuos, como también a las familias y a toda la sociedad.

Y entonces es necesario un esfuerzo más grande y una cooperación más ferviente con Dios para construir sobre roca sólida, sobre el fundamento de sus mandamientos y sobre la potencia de su gracia. Este fundamento perdura incesantemente. Y Dios no niega la gracia a los que sinceramente aspiran a ella.

A todos vosotros, queridos feligreses de la parroquia de Jesús Obrero Divino, os deseo de todo corazón que construyáis sobre este fundamento, que aspiréis a la gracia de Cristo.

Que se cumplan en vosotros estas palabras, con las que he saludado al comienzo a vuestra comunidad:

"Yo te amo, Señor, Tú eres mi fortaleza, Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador" (Sal 17 [18] 2).

 

© Copyright 1981 - Libreria Editrice Vaticana

 

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